Víctima sin desagravio

Víctima sin desagravio

El Rey Anglada, libro sobre el aclamado pelotero, ha pasado desapercibido para casas editoras y medios cubanos

Rey Vicente Anglada, en la Mesa Redonda (foto tomada de Cubadebate)
Rey Vicente Anglada, en la Mesa Redonda (foto tomada de Cubadebate)

LA HABANA, Cuba.- Hace varios días llegó a mis manos la reseña que, bajo el nombre “El Rey Anglada”: un libro justiciero, dedicó el joven y destacado periodista deportivo Michel Contreras al libro de la investigadora y editora Juliana Venero Bon, en el cual la autora recrea importantes y complejos episodios de la vida de Rey Vicente Anglada, reconocido pelotero cubano que en dos épocas diferentes, como jugador y director técnico, llenó páginas de gloria en el deporte nacional, pero que también vivió una verdadera tragedia que constituye una de los episodios más oscuros y lamentables de la historia del deporte cubano.

Anglada, durante casi una década hizo las delicias de los aficionados de todo el país, jugando la segunda base de los equipos capitalinos y nacionales, derrochando talento y espectacularidad en cada actuación para llenar estadios e incluso encantar a renombrados jugadores profesionales como David Concepción, la estrella venezolana de los Rojos de Cincinnati de las Ligas Mayores del béisbol profesional norteamericano.

Sin embargo, como recuerdan Venero y Contreras, una mañana de primavera de 1982 el sueño acabó abruptamente porque Anglada y otros diez y seis jugadores y técnicos fueron encartados en un nuevo conato —bastante frecuentes en los años setenta y ochenta— de venta de juegos y trasiegos con apostadores profesionales.

Suspendidos de por vida de la actividad deportiva, juzgados y condenados, los acusados fueron a dar con sus huesos a la prisión. Allí purgó Anglada tres duros y largos años sin admitir nunca la culpa imputada, pero el castigo peor para él fue arrancarlo del terreno que era su hogar y del juego que era su religión.

Es pertinente recordar que en aquellos años ciertamente existían tupidas redes de apostadores que tentaban a los jugadores, y también dentro del béisbol una casta de delatores, extremistas y oportunistas, algunos de los cuales han abandonado el país después de perjudicar y dañar a muchas personas y carreras deportivas.

Otro buen día, como acostumbran las autoridades cubanas, sin mayores aclaraciones ni el menor desagravio público, Anglada fue designado director técnico del equipo Industriales representativo de la capital cubana en el torneo élite del béisbol nacional. El otrora ídolo del deporte nacional acumuló varios éxitos al frente del mencionado equipo Industriales, de la selección nacional de Cuba, así como en el béisbol panameño.

Resulta absurdo pensar que si Anglada fuera realmente culpable habría sido ascendido a la posición que ostentó dos décadas después de su calvario. Por cierto, ahora se revela que los encartados fueron realmente condenados por peligrosidad y no por vender los juegos.

En este caso, la ausencia de desagravio y la reivindicación sin reparación pública van de la mano de la censura y el ocultamiento. La reseña de Michel Contreras no fue publicada en Cubadebate, el medio digital vocero ideológico del gobierno cubano donde este labora habitualmente.

Llama poderosamente la atención que el libro de Venero Bon —editora y periodista con vasta experiencia en editoriales y medios de prensa del país, con varias publicaciones y premios— a pesar de haber obtenido mención en la categoría de Testimonio en el concurso UNEAC 2011, no ha recibido en Cuba la gracia de la publicación. El persistente desandar de la autora durante seis años por más de seis editoriales del país con su original procurando la ansiada publicación ha resultado hasta el momento infructuoso. Finalmente, el libro fue publicado por una editorial en la ciudad de Miami sin que la autora se explique todavía como su obra se distribuye en Estados Unidos y sea todavía desconocida en Cuba.

Como Anglada, son muchos los personajes públicos y los ignotos cubanos que han sido víctimas de injusticia a manos de un poder que nunca reconoce culpas y errores propios. Resulta lamentable ver como alguien tan admirado como Rey Vicente, quien ha sido objeto de la solidaridad de los aficionados que tuvimos la suerte de verlo jugar, al igual que varios intelectuales y creadores maltratados por la intolerancia oficial, aceptan las dádivas y agasajos de sus victimarios sin exigir al menos el justo desagravio público.

Como continuidad de esas verdades sesgadas e incompletas, el artículo de Michel Contreras —periodista especializado en béisbol ya reconocido por la objetividad de sus análisis y comentarios— y el libro de Juliana Venero a la fuerza pasan inadvertidos para lectores y aficionados de la Isla.

Es verdaderamente doloroso ver cómo tantos escritores y artistas victimizados injustamente aceptan premios y reconocimientos, cómo el vallista campeón olímpico Dayron Robles regresa, sin más ni más, después de haber sido tratado por las autoridades cubanas como un esclavo fugitivo al intentar competir por un club extranjero. Resulta doloroso ver a los cubanos triunfadores en las Ligas Mayores regresar al país en visita de buena voluntad y ser ignorados por los medios y las autoridades que no han dejado de calificarlos de traidores. El mismo Anglada, cuando era director técnico, hizo un comentario extremista y despectivo hacia un atleta que había decidido abandonar el país.

Ojalá los reivindicados sin desagravio puedan comprender que, convalidando ese insensible y arrogante diseño del poder, están pavimentando el triste camino para nuevas víctimas y deplorables injusticias.

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