Su arma es la palabra, pacífica es su lucha

Su arma es la palabra, pacífica es su lucha

Nuestros “mercenarios” no ponen bombas, ni organizan atentados ni sabotajes como hicieron quienes hoy están en el poder

Los opositores, tildados de "mercenarios", solo buscan pacíficamente la democracia para Cuba (foto de archivo)
Los opositores, tildados de “mercenarios”, solo buscan pacíficamente la democracia para Cuba (foto de archivo)

LA HABANA, Cuba. -Un joven comunista que lamentaba el papelazo hecho en Panamá por la delegación gubernamental que pretendiera representar a la sociedad civil cubana, me decía: “Pero, de todos modos, ustedes son mercenarios.”

“En, principio sáqueme de ahí”, le he contestado. “Yo no pertenezco a ningún partido, yo soy una voz independiente, y en segundo lugar, eso de ‘mercenario’ no se lo cree ni el gobierno. Siempre ha sido así. Para el autócrata no existe ‘el opositor’, ‘el adversario’: existe el enemigo.”

Me retrotraje a los tiempos de José Miguel Gómez, cuando, aprovechando la recién impuesta Enmienda Platt que tanto ofendiera a la nación, empezó a utilizarse el lapidario titulito de “anexionista” para exterminar al opositor, al enemigo. Pues de exterminio se trata. El de “mercenario” empezó teniendo el efecto demoledor de diez toneladas de concreto fundido cayendo sobre el destinatario.

Es el equivalente del “germanófilo” acuñado por el mayor general del Ejército Libertador Mario García Menocal en los días de la Primera Guerra Mundial y en momentos en que Cuba, siguiendo a los Estados Unidos, le ha declarado la guerra a Alemania y hasta ha comprado aviones y entrenado a treinta aviadores para mandarlos a los campos de batalla del lado de allá del Atlántico. Imaginativo como en todos los tiempos ha sido el autócrata con sus enemigos, no hay huelga en esos días, sobre todo en el sector azucarero, donde además del “germanófilo” del patio no participen alemanes de verdad, alemanes llegados de Alemania a adiestrar a los trabajadores cubanos. Incluso no faltan reportes de emboscadas y fuego cruzado entre la guardia rural y alemanes que ayudados por elementos de la zona logran romper el cerco y, cierta vez, huir en un submarino que debió de recogerlos a las alturas de Nuevitas.

Pero los alemanes pierden la guerra y los rusos están aumentando el territorio arrebatado al Zar y, en lo ideológico, extendiéndose por el mundo. Machado, poniéndose al día, llama al enemigo político “bolchevique” y predica el odio al “experimento ruso”. Para salvar a la patria de tan odioso destino posible tira al enemigo al mar; pues hombre expedito no pierde tiempo fusilándolo ni exasperando al común inconforme hasta verlo agarrar cuatro tablas y dos neumáticos de camión y hacerse a la mar. No, el general Gerardo Machado se lo echa a los tiburones ahí en la boca del Morro, de modo que si de dicho enemigo volviera a saberse fuera por la mala costumbre que tienen los pescadores de hablar del reloj-pulsera todavía con su brazo o del calzoncillo con la marca del chino de la lavandería que suelen a veces encontrar al abrir el buche de un tiburón –razón por la que no pudiendo el presidente Machado taparle la boca a los pescadores termina prohibiendo la pesca del tiburón.

Batista en su segundo mandato, tal vez exagerando, pero sin mentir, le da al enemigo veintiseísta (Movimiento 26 de Julio) un nombre que en buena parte confirmaría el porvenir. “Fidelocomunista”. En buena parte, porque mucho veintiseísta de valía no aceptó el sorprendente cambio de ruta hacia el Leninismo con que al final de la Sierra le salieran. Es el “traidor”, el “proimperialista” creado de urgencia por Fidel Castro, e inspirado, para quienes no bajaron de La Sierra y dejaron de aplaudir, crea el “gusano”, el “escoria”, el “apátrida”, y desde Girón, el “mercenario”.

O sea, el disidente, quien, por no tener cabida en el estado totalitario donde es el gobernante quien imparte la ley y reparte los empleos, necesita de la ayuda de los países e instituciones interesados en la democracia así como con fines opuestos a la democracia el gobierno cubano ha ayudado a numerosos movimientos políticos extranjeros y ha sido a su vez ayudado por Rusia y por China y por Checoslovaquia y demás países socialistas, y después, y hasta hoy, por la Venezuela chavista.

Pero ¿saben qué?, también los nombrecitos elaborados para disminuir al contrario se gastan pierden filo de tanto usarlos y el de “mercenario”, aquella estruendosa voz que tanto miedo daba, ya empieza a ser disputada entre los niños al organizar sus juegos, y a llevarse con orgullo por el implicado, con el orgullo con que medio exilio cubano lleva hoy el ayer deshonroso título de “gusano”.

No sé si lo convencí, pero el joven (estudiante de derecho, por cierto) no me replicó. En el camino le había hecho notar que nuestros “mercenarios” se han confiado a la palabra y a la imagen como arma de reglamento, tal cual puede verse en el único espacio donde con mucho trabajo logran asomar la cabeza: Internet. Nada de bombas, ni atentados ni sabotajes como hicieron quienes hoy están en el poder. Tan pacíficos y pacientes son que, por no lastimar, ni “opositores” han querido aún proclamarse.

Rafael Alcides

Rafael Alcides nació en Barrancas, termino municipal de Bayamo (Cuba),
en 1933. Poeta y narrador, era maestro panadero al comienzo de su
adolescencia. Ha sido peón agrícola, cortador de caña, leñador,
cocinero de cuadrillas en desmontes, dependiente y encargado de una
tienda mixta en una colonia cañera. En La Habana de los ´50 fue
albañil, pintor de brocha gorda, fumigador, agente de Seguros y
vendedor a domicilio. En 1959 era jefe de la oficina de divulgación
del Departamento de Asuntos Latinoamericanos en el Ministerio de
Relaciones Exteriores y vocero de dicho departamento en un programa
diario de televisión en el cual presentaba y entrevistaba a
personalidades políticas del extranjero. Fue jefe de Prensa y Asuntos
Culturales en la Delegación Revolucionaria del Capitolio Nacional. Ha
publicado, entre sus títulos más recientes, los poemarios GMT
(2009), Por una mata de pascua (2011), Libreta de viaje (2011),
Antologías, en sociedad con Jaime Londoño (2013), Conversaciones con
Dios (2014); el periodístico Memorias del Porvenir (2011), la
multinovela El anillo de Ciro Capote (2011), y la colección de
relatos Un cuento de hadas que termina mal (2014). Cuando en 1993 se
aparta de toda colaboración editorial y pública en Cuba, era
empleado del Instituto Cubano de Radio y Televisión donde fuera por
más de treinta años libretista, locutor, director y comentarista
literario. Participante en numerosos eventos literarios
internacionales, Rafael Alcides ha ofrecido conferencias y lecturas en
países de Centro y Sur América, Europa y Medio Oriente. Textos suyos
han sido reproducidos en numerosos idiomas. Fue galardonado con dos
Premios de la Crítica y un tercero compartido por una novela escrita
a cuatro manos. En 2011 obtuvo el Premio Café Bretón & Bodegas Olarra
de Prosa Española.

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