¿Quién es el mentiroso ahora?

¿Quién es el mentiroso ahora?

No se puede engañar todo el tiempo a todos

Rosa María Payá y Diego Almagro (juventudlac.org)

SASKATCHEWAN, Canadá.- El periodista Marco Velázquez Cristo acaba de publicar en su blog un artículo titulado: “Rosa María Payá vs. Cuba: Pruebas, no palabras”, del que Cubadebate se hace eco. Antes publicó otros dos artículos sobre la líder de Cuba Decide, incluyendo una supuesta carta personal al Secretario General de la OEA Luis Almagro a la cual obviamente ningún periodista residente en Cuba habría tenido acceso si no le hubiese sido facilitada (real o falsificada) por los órganos de inteligencia del Estado cubano. Suficiente para saber a quién sirve el señor Velázquez.

Para sustentar su afirmación de que Rosa María es una mentirosa, Marco acusa (con palabras, no con pruebas) a su fallecido padre, Oswaldo Payá, de mentir, cita un psiquiatra peruano, para concluir además que la manía de mentir es una enfermedad hereditaria. Las supuestas “mentiras” de Rosa son decir que el accidente que causó la muerte de su padre fue provocado por el régimen cubano, afirmar que es una refugiada política y teme por su seguridad, y mencionar que vive modestamente (pese a que —según el articulista— “tiene una casa de más de 300 mil dólares en Miami”).

Para la hija de un “conocido cabecilla contrarrevolucionario” (palabras de Velázquez) es natural suponer que su padre podría haber sido asesinado por el Estado cubano —con su largo historial de ejecuciones, fusilamientos, prisiones y golpizas a opositores— o temer por su seguridad. El Código Penal cubano condena más severamente los delitos contra la “seguridad del Estado” que el asesinato o la violación, y las “Brigadas de Respuesta Rápida” organizadas por el gobierno pueden golpear impunemente a quienes se manifiesten contra la Revolución. El acusado en el accidente que segó la vida de Payá, acusó al Estado cubano del mismo y publicó un libro con evidencias. A la familia se le negó asistir al juicio o ver el informe de autopsia. Simplemente han pedido una investigación independiente y les ha sido negada. Estos son hechos, señor Velázquez.

El “vivir modestamente” es subjetivo. Tener una casa de 300 mil dólares en Miami —especialmente si se está pagando la hipoteca— no implica una vida lujosa, a menos que se compare con la vida de los cubanos en Cuba, que con su salario de 25 dólares al mes no pueden ni soñarlo. Velázquez haría mejor en cuestionarse esto, pero eso requeriría un verdadero periodista (y algo más que a él le falta y a Rosa María le sobra).

La declaración de Payá en la reunión de Lima —que las huestes castristas impidieron leer con su gritona chusmería— mencionaba problemas como la corrupción en Latinoamérica, el empobrecimiento y marginación por bajísimos salarios que provoca migraciones masivas en Cuba y Venezuela, las restricciones de derechos como libertad de expresión, acoso a disidentes, y el no reconocimiento de personalidad jurídica a emprendedores cubanos. ¿Son estos hechos, o palabras? ¿Por qué el “periodista” no los menciona en Cubadebate? Omitir verdades también es mentir.

El seudoperiodista ofende la memoria de Oswaldo Payá llamándolo mentiroso por afirmar haber reunido firmas en 2002 y 2004 para su llamado “Proyecto Varela”, afirmando que “carecieron de carácter legal”. Como jurista cubano es mi deber aclarar su ignorancia.

El artículo 88 de la Constitución declara entre aquellos a quienes compete la iniciativa legislativa: “a los ciudadanos. En este caso será requisito indispensable que ejerciten la iniciativa diez mil ciudadanos, por lo menos, que tengan la condición de electores”. Payá intentó que su proyecto fuera discutido en el Parlamento según la ley. Lo legal y decente habría sido divulgarlo para que cada ciudadano decidiera firmarlo o no. La prensa oficial nunca lo mencionó. Durante la “primavera negra” del 2003, 75 opositores fueron condenados a penas de entre 6 y 28 años de cárcel. El delito de la mayoría fue visitar casas y universidades recolectando firmas para el Proyecto Varela. Pedirle a Oswaldo una declaración jurada de la condición de electores de esas 11 200 firmas era una inmoralidad. Primero, porque la Constitución no establece este requisito, segundo porque él no podía conocer a todos los firmantes, tercero porque con su actuar judicial el propio gobierno privó de derechos electorales a muchos firmantes. La honestidad de Payá le impedía hacer ese juramento.

¿Quién decidió que las demandas carecían de carácter legal? En el libro “Cien Horas con Fidel” de Ignacio Ramonet, luego de esquivar la respuesta, Castro nos dice: “IR: ¿Pero en definitiva qué hicieron ustedes con el proyecto Varela? FC: Dejando a un lado toda consideración acerca de las firmas, la legitimidad de equis número de firmas, dejándolo a un lado y asumiendo que se tratara de 11 mil personas con derechos legales y constitucionales a suscribir una solicitud, se le dio tratamiento, se recibió la solicitud, fue analizada por la comisión correspondiente de la Asamblea Nacional y se le dio respuesta. IR: ¿Y cuál fue la respuesta? FC: Yo no tengo aquí el documento. IR: Pero en síntesis. FC: Sencillamente se rechazó la iniciativa.” ¿Legal o anticonstitucional?

No se puede engañar todo el tiempo a todos, como demuestran algunos comentaristas que pasaron el filtro censor. Nikita denuncia la censura en Cubadebate, Enrique le pide pruebas al autor, Samuel cuestiona quien es Payá (desconocida en la prensa oficial), y Manuel recomienda llevar a Rosa María a la Mesa Redonda “para que responda a esas acusaciones”. ¡Bravo, lo prendieron!¿Quién es el mentiroso ahora?

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