Hablar de corruptos sin mirar para arriba

Hablar de corruptos sin mirar para arriba

La pobreza engendrada por el régimen cubano se está tornando en contra de este

La economía cubana se encuentra marcada por la corrupción de forma profunda (desdeminsulacuba.com)

LA HABANA.- Algunos de los jóvenes de hoy quizás nunca hayan tenido en sus manos una revista Bohemia que, en su momento, fue uno de los semanarios de noticias más populares en Cuba y no sería atrevido decir América Latina. Fue fundada en 1908 y su editor y propietario era Miguel Ángel Quevedo, quien en un principio apoyó la “Revolución”, pero después fue al exilio a Miami y en 1969 se suicidó.

Bohemia se ha convertido en una revista bimensual, bastante difícil de conseguir, y sus números se distribuyen con mucha tardanza; como antes era muy puntual los viernes, esta demora recuerda un dicho popular, cuando alguien tenía una noticia atrasada, que rezaba: “Esa es una Bohemia vieja”.

En su número 5 del 2 de marzo de 2018 se puede leer un artículo de la autoría de Lázaro Barredo Medina, titulado: “Corrupción: Peligro que nos afecta a todos”. Este señor fue director del periódico Granma, Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba, desde el año 2005 hasta el 2013.

Un análisis del artículo podría aceptar que en general la economía se comporta de la forma en que en él se plantea; pero cuando se exponen los hechos no se es objetivo —como siempre— para tratar de defender la “Revolución” y sus dirigentes al máximo nivel, algo que es rebatible para cualquier cubano de a pie, porque todos sabemos mirar para arriba.

Explica el autor que “para el país, aunque no es un problema de gobernabilidad, constituye una amenaza a la seguridad nacional”. De hecho, llega a calificar la corrupción como una oposición contrarrevolucionaria que ataca la efectividad deseada en el sostenimiento del orden, la disciplina y la institucionalidad, en fin, que estas acciones lastran la credibilidad de la Revolución ante la opinión pública.

Sin embargo, la gobernabilidad está dañada de manera real, y una prueba de ello son las declaraciones de Marino Murillo en el V Pleno del Comité Central del Partido Comunista sobre la falta de control y mando, cuando se dan orientaciones de las esferas superiores, lo que ha contribuido, según explica el zar de la economía, a que no se haya podido establecer la actualización del Modelo Económico, así como que no se han cumplido los lineamientos.

Después que usted lee los razonamientos que hace Barredo, puede pensar que lo primero que debió preguntarse fue: ¿Por qué las personas tienen necesidad de corromperse? Para acto seguido continuar el cuestionamiento: ¿Y quién tiene la culpa? Pero como si fuera poco se podría averiguar para qué están la Contraloría y la Fiscalía General de la República.

La realidad es que el sistema es el único y verdadero responsable de todo esto que según el autor mismo reconoce, se ha ido agudizando cada vez más por la falta de exigencia administrativa y el incumplimiento intencional o negligente de la función de control por las personas responsabilizada en los diferentes niveles, a lo que habría que agregar que también incluye las altas esferas del Gobierno.

Debido a la ineficiencia productiva, ocasionada por los bajos salarios, entre otros aspectos, las nuevas formas de gestión no estatal han tenido una buena aceptación en la parte de la población que puede tener acceso a ella. La dirección del país conoce —a la perfección— que la carencia de un mercado mayorista para cubrir la demanda de recursos y servicios de este sector, que incluye las materias primas de los productores, implica que de hecho se acepten y permitan los hechos corruptivos.

En varias ocasiones se ha tratado de poner punto final al aumento de los precios, en especial para los productos del mercado agropecuario, ya que son de primera necesidad; sin embargo, no se ha logrado, porque la respuesta de abastecimiento por parte del Estado ha sido muy baja y en algunos casos tendiente a cero.

Barredo se refiere a lo que el pueblo ha dado en llamar “luchar la calle”, porque es indudable que los salarios no alcanzan y el poder adquisitivo que tiene lo que un trabajador recibe por este concepto es cada vez menor, no solo desde el punto de vista de lo que venden los privados, sino también de lo que oferta el propio Estado, en particular en pesos cubanos convertibles (CUC).

El hombre nuevo al que se refirió el “Che” —de forma general— no es una persona acostumbrada a trabajar; prefiere mantener un determinado nivel de vida, utilizando como fuente de ingresos lo que el periodista calificó de “trapicheo”. De ahí que son muchas las personas que viven del “mercado negro”. Pero también la sociedad se beneficia de ello, porque es el único lugar donde puede encontrar las mercancías y servicios que de forma oficial no se venden; además, el Gobierno no está en condiciones de mantener abastecidos los comercios.

¿Qué se harían algunas personas sin el mercado subterráneo de medicamentos? La mayoría tendría que soportar hasta el dolor de cabeza; y las mujeres —en edad reproductiva— que no tienen acceso a este tipo de “negociante” que se dedica a la venta de cualquier producto farmacéutico, bien porque no tienen los contactos o en la mayoría de los casos porque no tienen dinero, han vuelto a la “edad de piedra” utilizando paños viejos como almohadillas sanitarias.

Por suerte para los cubanos —y hasta para la dictadura— existen cadenas delictivas que comienzan en el sector empresarial y terminan con la desviación de recursos hacia el sector no estatal, lo que no quiere decir que no tengan el visto bueno de algún que otro dirigente de altura.

Siempre que se hable de contabilidad, que es sinónimo de decir “control”, hay que reconocer que las normas elementales no funcionan en escala general en todo el país. Se pueden sancionar dirigentes, realizar confiscaciones, inventar nuevos delitos para el Código Penal, pero ninguna de estas herramientas solucionará los graves problemas de corrupción que existen en toda la sociedad, porque “el socialismo” es el que engendra este fenómeno.

Los auditores —por su parte— están pasando por un momento de éxodo, al igual que los choferes de ómnibus, con la diferencia que este trabajo técnico es importante para combatir la corrupción y no se pueden traer de otras provincias con la facilidad que se importan los “guagüeros”, porque son personas que deben tener una alta preparación.

La conclusión que se puede sacar de todo esto es que, el hecho de que el régimen, sin juicio previo, haya condenado al pueblo cubano a la pobreza permanente, se está revirtiendo contra la dictadura, de disímiles formas y lo más importante es que no tiene marcha atrás.

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