Los “médicos internacionalistas” cubanos y el virus chino

Los “médicos internacionalistas” cubanos y el virus chino

Los silencios de la información oficial que brinda el régimen de La Habana sobre el coronavirus despiertan justificadas prevenciones

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Médicos cubanos (Foto: Internet)

LA HABANA, Cuba. – Este miércoles, en la “Conferencia de Prensa sobre el Enfrentamiento a la COVID-19” que transmite cada día el canal Cubavisión, se informó sobre 35 ciudadanos cubanos positivos al nuevo coronavirus.

Como de costumbre, la información fue brindada por el doctor Francisco Durán García, director nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública (MINSAP). Se trata de un “cuadro medio” que, por obra y gracia de la pandemia, pasó del anonimato y una discreta medianía a convertirse en figura pública de proyección nacional.

En general, el facultativo Durán se ha ganado las simpatías de los cubanos. En ese logro positivo lo han ayudado su condición de profesional de la Medicina y cierto aire de bonhomía que irradia de su persona. Como se diría en lenguaje más coloquial: Tiene aspecto de “buena gente”, de persona decente.

También lo auxilia (y en medida no despreciable) que, a diferencia de otros personajes que aparecen con frecuencia en las pantallas televisivas (como los jerarcas del régimen o los cotorrones de la prensa oficialista), el doctor Durán se centra en asuntos de su noble profesión, como los derivados de la presencia entre nosotros de la calamidad mencionada.

Por supuesto que este “Epidemiólogo en Jefe” no hace manifestación alguna que sea hostil al castrismo (algo que sería impensable). Sí desliza alusiones al “bloqueo yanqui” y alguna velada crítica al enfrentamiento a la COVID-19 en Estados Unidos. Pero eso lo hace “de pasada”, “como quien no quiere la cosa”, “si viene al caso”.

Este galeno dispone cada día de media hora (lapso que debe resultar más que suficiente, pero que pudiera prorrogarse de resultar ello indispensable) para informar al pueblo todas las incidencias relacionadas con la COVID-19. Se supone que, en esos treinta minutos, él pueda agotar el tema y no omitir ningún aspecto de alguna relevancia.

Pero desde hace meses he observado en el doctor Durán conductas que no son las que cabría esperar. Me refiero a omisiones imperdonables en alguien que tiene sus responsabilidades. Un ejemplo de ello es la forma en que abordó, en las semanas iniciales de sus transmisiones televisivas, el importante “evento local” del Cotorro.

Al comunicar el hecho alarmante de 58 nuevos casos de la enfermedad surgidos en ese municipio del Sudeste habanero el pasado mayo, el buen doctor no reveló detalles (tales como los de lugar, modo de contagio, etc.) que les permitieran a los ciudadanos hacerse una idea más clara de lo sucedido. Se limitó a repetir una y otra vez que se trató de un “evento local”.

Después se supo que este último se produjo en el Centro Provincial de Protección Social, que acoge a las personas que son conocidas por un eufemismo oficialista: “deambulantes”. Pero ese importantísimo detalle —insisto— se conoció después, y no por boca del “Epidemiólogo en Jefe”, sino del presidente designado Miguel Díaz-Canel.

Presumo que esa relevante omisión (al igual que otras similares) no haya sido ideada por el mismo doctor Durán, sino en la alta burocracia del régimen (es probable que en el Departamento Ideológico del Comité Central). Quienquiera que haya tomado la decisión, mostró una infinita torpeza al prohibirle brindar más detalles… ¡precisamente a quien, de cara al pueblo, está encargado de esa tarea!

Pero ahora se produce otra omisión de mayor envergadura: se reconoce, por ejemplo, que todos los numerosos afectados del pasado sábado son cubanos, y casi el 70% de ellos proviene del extranjero. ¡Pero es que los vuelos internacionales a nuestro país son prácticamente inexistentes! Los que sí continúan llegando de tiempo en tiempo (y, además, reciben una amplísima publicidad) son los de los llamados “médicos internacionalistas”.

Entonces surge una pregunta inevitable: entre esos 41 casos del pasado sábado que provinieron del extranjero, ¿hay un número significativo entre los miembros del Contingente “Henry Reeve”? Desde el régimen castrista, han callado sobre este importante particular.

Han obrado así tanto el doctor Durán como el ministro de Salud Pública, José Ángel Portal Miranda, quien intervino de modo especial este sábado en la conferencia de prensa; también los participantes en la Mesa Redonda del mismo día (que estuvo consagrada por entero al tema) y los cotorrones del Noticiero Nacional de Televisión.

Pero es necesario que hablen al respecto. Entre otras cosas, porque el mismo Epidemiólogo en Jefe, en días recientes, ha endilgado a una parte del pueblo cubano la responsabilidad por el significativo repunte en el número de casos. ¿Y ahora qué harán él y sus jefes y compañeros? ¿Seguirán culpando a nuestros compatriotas de a pie? ¿Admitirán la incidencia de los “médicos internacionalistas” en este rebrote? Y en ese caso, ¿reconocerán el mal trabajo de las autoridades cubanas en ese frente?

Porque si en verdad hubo esa elevada incidencia entre los médicos de la “Henry Reeve”, entonces resulta ineludible extraer las conclusiones. En primer lugar, en el seno del mismo personal de la salud. Claro que ellos realizan una labor harto peligrosa, pero justamente por eso deben poseer medios de protección especiales y existen protocolos rigurosos que deben gozar de una estricta observancia.

Y, en segundo lugar, entre el enjambre de jefes, “segurosos”, “responsables” y el cuantiosísimo “personal de apoyo” que rodea a médicos y enfermeros, y se nutre del esfuerzo que todos estos realizan. Estos personajes abundan de modo especial en Venezuela, país del “Socialismo del Siglo XXI” con una situación caótica, agravada por la elevada incidencia del coronavirus.

Si los mencionados chupópteros muestran tanta diligencia para despojar de sus pasaportes al personal de la salud tan pronto llegan al país de destino (convirtiéndolos en verdaderos indocumentados), para supervisar con quiénes se relacionan y cómo lo hacen, o para enterarse de qué modo se manifiestan, entonces se supone que presten una atención no menor a velar porque esos a los que ellos llaman “héroes de batas blancas” no sufran el contagio con el terrible virus chino.

Lo mismo es válido para el viaje de retorno a La Habana. ¿Se adoptan medidas adecuadas para evitar que, en caso de que alguno de los viajeros sea portador de la COVID-19, contagie a sus compañeros de vuelo? Se trata de interrogantes que surgen de modo natural ante el silencio de las autoridades cubanas.

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Acerca del Autor

René Gómez Manzano

René Gómez Manzano

(La Habana, 1943). Graduado en Derecho (Moscú y La Habana). Abogado de bufetes colectivos y del Tribunal Supremo. Presidente de la Corriente Agramontista. Coordinador de Concilio Cubano. Miembro del Grupo de los Cuatro. Preso de conciencia (1997-2000 y 2005-2007). Dirigente de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil. Ha recibido premios de la SIP, Concilio Cubano, la Fundación HispanoCubana y la Asociación de Abogados Norteamericanos (ABA), así como el Premio Ludovic Trarieux. Actualmente es miembro de la Mesa de Coordinación del Encuentro Nacional Cubano

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