Por qué “la revolución” seguirá siendo homofóbica

Por qué “la revolución” seguirá siendo homofóbica

Aunque quiera aparentar lo contrario

(Archivo)

CAIBARIÉN.- Una discusión “de principios” desatada en una página de Facebook, liderada por el exactivista del CENESEX Yadiel Cepero, quien la titula “Construyendo una Agenda de la Diversidad Sexual en Cuba”, me ha puesto a cavilar sobre la historia del desprecio hacia la diferencia toda que el actual régimen ha vertido desde el inicio del terror que por lo visto morirá con él, sin obstar políticas recientes de amansedumbramiento para con los homosexuales reticentes, hasta hacerlos desistir de hurgarle en el pasado.

La historia que les han contado sobre los Castro carece de raigambre inculpatoria. Manuel Vázquez Seijido, el leguleyo de Mariela, y una sarta de “defensores” del centro que derivó de las investigaciones netas de Mónica Krauss, una real sexóloga alemana quien desbrozó algunos caminos para la aceptación ¿definitiva? en la isla, han desvariado en la web celebrando “más de una década de triunfos” y edulcorando la labor de su empleadora —que no es sexóloga sino pedagoga y… ¿makarenka?— además de sus plumíferos puestos, salvaguardándose a su vez de nuevos yerros.

Entonces, se nos impone un repaso.

Tan pronto como los encantadores 60s, los barbudos-conquistadores se unieron para esterilizar a “su” nación del desparpajo anterior: destruyendo al viejo hombre burgués nadie mejor que el predestinado Fidelísimo para reducirlo con proverbialidad “desordenada”, esa que tanto atrajo a la muy sata Carilda Oliver y preñó a muchas otras, y dejó claro:

“Por ahí anda un espécimen, otro subproducto que nosotros debemos de combatir. Es ese joven que tiene 15, 16 años, y ni estudia, ni trabaja; entonces, andan de lumpen, en esquinas, en bares, van a algunos teatros, y se toman algunas libertades y realizan algunos libertinajes. Ese subproducto del capitalismo tampoco lo toleramos. Claro que no chocan contra la Revolución como sistema, pero chocan contra la ley, y de carambola se vuelven contrarrevolucionarios. Porque en la Revolución ven la ley, y ven el orden, son contrarrevolucionarios, y lo que son unos… Bueno, lo que son todos los contrarrevolucionarios. Porque son unos descarados, tan descarados como todos los contrarrevolucionarios. Muchos de esos pepillos vagos, hijos de burgueses, andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos; algunos de ellos con una guitarrita en actitudes elvispreslianas, y que han llevado su libertinaje a extremos de querer ir a algunos sitios de concurrencia pública a organizar sus shows feminoides por la libre”.

Su hermano Raúl, que hubo de itinerar en calidad de cuerpo armable del estalinista bloque a la maoísta China, preguntó allí cómo “habían resuelto el problema” de la pajarería, incluidos los gorriones. La efectividad demostrada en dar palos y prisiones fue lo que nos introdujo por el ano a su regreso.

El Che Guevara, que saltó de bancos a zafras y ministerios sin soltar la mocha y lideró pelotones de fusilamiento en La Cabaña en plan purificador, tuvo también que irse afuera para salvar el pellejo: su socio de alzamiento anticipó el proyecto soviet de hacer “muchos Vietnam” y lo condenó a invadir al Congo primero y luego Suramérica, también con su homofobia a cuestas además del rencor por la irreflexión.

En África, de paso cual gato con botas y frustrado por una revuelta demencial sin resortes populares, cuestionó al embajador cubano por tener en su biblioteca un ejemplar de obra de Virgilio Piñera: “ese maricón ¡¿qué hace aquí?!” dándole un puntapié al librito que se posó felizmente sobre un árbol, porque su título era “Aire Frío”.

Hasta la finura —el amaneramiento— le resultaba urticante al importado comandante argentino: regresado de Punta del Este, impidió que el mejor locutor iberoamericano (Germán Pinelli) lo presentase a la teleaudiencia para rendir cuentas a un pueblo más que macho: “Quítenme a esa loca de enfrente”.

En los dosmiles, en esa misma Cabaña suya de “ajusticiamientos revolucionarios” convertida en florido recinto ferial, doña Mariela presentó la antología poética “Bandera Hueca” del pintarrajeado Ché de los gais chileno: Víctor Hugo Robles, víctima de análoga tiranía.

En esa entrega que le habría costado la vida a ella y al escritorzuelo, abundó confiada en la imposibilidad de la resurrección: “…si Guevara estuviera vivo, nos habría ayudado en esta hermosa cruzada por el respeto y la inclusión sexual”. [¡¿?!] Aplausos.

En el ocaso antiglobalizante del “eterno mandante” Ignacio Ramonet le preguntó sobre el particular –aunque ya otros lo habían intentado, incluso Oliver Stone con previsible frustración–, para inmortalizar expiación en la saga reeditada hasta el des-tinta-miento de “Cien Horas con Aquel”. Por cierto, irredimibles/prescindibles.

Con una respuesta que conmovió hasta al tipógrafo después, desenlutado soltó: “cuando supe que las UMAP existían, mandé a cerrarlas” y tacha de “pobre gente” a los homosexuales cubanos que bajo su reinado sufrieron persecuciones, encarcelamientos, expedientaciones policiales, acosos laborales y sociales, juicios ejemplarizantes, y finalmente, destierros, como si nadie lo hubiese ordenado.

Lo que prohibieron al entrevistador hispano-francés —o él se lo autocensuró— fue preguntarle al “ocambo” acerca de quién abrió aquellas rejas luego de tres años de encierro masivo, cubrió de ignominia a la república que decía defender e implementó minuciosamente el odio entre naturales, consecuencia de reyertas en pos de un premio miserable que devino quid para la supervivencia o el bienestar inmediato.

La misma familia que derramó toneladas de oprobio sobre la historia que hoy pretenden desprender, seguirá mandando en Cuba hasta el final de los tiempos “socialistas”: el generalísimo al frente de su deslustrado partido y los vástagos dispuestos en instituciones creadas a placer: desde un centro desmemoriado donde “velar” a la diversidad —adjunta su salud albañal—, hasta una oficina para preservar(se) (de) la “seguridad nacional”.

Nunca sabremos si Camilo Cienfuegos, el auténtico “héroe del pueblo” se sumaría a esta molienda, porque no le dieron tiempo.

Como el café de la cuota: todo grano triturable sería mezclado.

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