La familia Brugal cubana

La familia Brugal cubana

El famoso ron dominicano Brugal se vende en un mercado cada vez más amplio. Actualmente es la tercera marca más vendida dentro del mercado internacional

Brugal
De izquierda a derecha Lázaro Brugal Elizástigui, nieto de Eddy Brugal, el niño Alejandro González Bongo, biznieto, y Oscar Maceo Brugal y Lisandra Bongo Brugal, biznietos. Foto del autor

GUANTÁNAMO, Cuba.- Hace aproximadamente un año un amigo dominicano me regaló un hermoso estuche con sendas botellas de ron Brugal, uno de los más distinguidos rones de República Dominicana.

Según consta en Internet, el fundador de la industria fue Don Andrés Brugal Montaner, español emigrado procedente de Sitges, Barcelona, quien se estableció en Santiago de Cuba. Allí adquirió experiencia en la fabricación de ron. Imagino que por profundos que fueran los conocimientos que adquirió en el oficio pensó muy atinadamente que no le resultaría fácil establecerse definitivamente en Cuba como fabricante del ron  ̶ mucho menos ante la competencia de Bacardí ̶  y por eso viajó a República Dominicana, donde fundó en 1888, en Puerto Plata, la compañía Brugal & Co.

Para el año 1920 la industria construyó los primeros almacenes para el envejecimiento del ron en barricas de roble, originando la existencia de los rones dorados.

A partir de entonces la ascensión en cuanto a calidad, prestigio y presencia en el mercado internacional del ron Brugal ha sido muy sólida.

Según datos que aparecen en las redes, el 6 de febrero del 2008 el Grupo Edrington, una gran empresa destiladora de Escocia, adquirió el 60% de las acciones de la ronera y se hizo de su control, pagando más de 200 millones de euros.

Desde hace varios años el famoso ron dominicano  ̶ que se sigue haciendo en el cercano país ̶  se vende en un mercado cada vez más amplio. Actualmente es la tercera marca más vendida dentro del mercado internacional, y también ocupa ese lugar en las ventas realizadas en Europa.

Cuba y República Dominicana en los inicios de la ronera Brugal

En el siglo XIX existían un comercio marítimo y un trasiego de pasajeros muy activo entre ambos países, al extremo de que no pocos dominicanos venían en barco hasta Santiago de Cuba para ser atendidos por el médico y efectuar compras.

Esa comunicación creó vínculos muy estrechos entre Cuba y la República Dominicana. Aquí dejaron su impronta varios miembros de la familia Henríquez Ureña. Sócrates Nolasco  ̶ otro dominicano ̶  tuvo un importantísimo papel en la vida literaria de Santiago de Cuba en las primeras décadas del siglo XX, al frente de “El Cenáculo”, reunión literaria que logró la confluencia de importantes intelectuales, entre los que estuvo Regino E. Boti. En la calle Emilio Giro, entre Martí y Pedro A. Pérez vivió Pedro Mir, el poeta nacional dominicano.

Entonces no resulta nada extraño que Don Andrés Brugal Montaner decidiera partir hacia República Dominicana luego de haber aprendido los secretos de la fabricación del ron en Santiago de Cuba.

La familia Brugal cubana

Decidí compartir una de las botellas de Brugal con un amigo que estaba de cumpleaños, y conversando con uno de los invitados conocí que en Guantánamo vivía otra parte de la familia Brugal, así que de inmediato me puse a investigar hasta que di con una parte de los Brugales cubanos.

La familia Brugal guantanamera vive en un humilde hogar situado en la calle Prado, número 104, entre Serafín Sánchez y José Antonio Saco, cerca del famoso barrio La loma del chivo, cuna de grandes tradiciones folklóricas guantanameras. Otras ramas de la familia Brugal viven en Santiago de Cuba, La Habana y Miami.

El mayor de la familia Brugal guantanamera es el señor Eddy Roger Brugal Deroncelé, nieto de Juan Brugal Montaner, quien fue hermano de Don Andrés y vino junto con él a Cuba.

Eddy tiene ya 82 años pero aunque su mente está bastante clara desconoce cuáles fueron los motivos por los cuales Don Andrés  ̶ su tío abuelo ̶  partió desde Santiago de Cuba hacia Puerto Plata sin su hermano Juan.

De la familia Brugal dominicana Eddy no pudo decirnos absolutamente nada pues no tiene vínculos con ellos. “Dudo mucho que quieran contactar con nosotros a pesar de los lazos de sangre que nos unen pues la riqueza siempre levanta muchos muros”, nos dijo con voz pausada.

Luego uno de sus descendientes me relató esta anécdota: “Un pariente  ̶ del cual no voy a decirte el nombre porque estuvo, o todavía está muy vinculado al gobierno ̶  visitó hace más de veinte años República Dominicana. Una vez en Santo Domingo hizo todo lo posible por conocer a la familia que tenemos allá, y cuando al fin contactó con uno de ellos este se puso muy contento y hasta lo invitó a almorzar en uno de los mejores restaurantes de la ciudad. En medio de la conversación mi pariente cubano preguntó por la parte de la herencia que nos podría corresponder y ocurrió que el dominicano dijo al camarero que sirviera otra botella de un excelente vino, pidió permiso para ir al baño y dejó plantado a mi pariente cubano, quien tuvo que llamar a la embajada para que lo sacara del aprieto. Cada vez que le pedimos que contacte a la familia dominicana reacciona como si tuviera un carbón encendido en las asentaderas. Yo no aspiro a nada porque lo de ellos no me pertenece, si quieren ayudarnos que sea porque les sale del corazón, jamás porque se lo pidamos”.

Sin embargo, esta digna posición de algunos miembros de la familia Brugal guantanamera no parece ser compartida por otros de sus parientes.

Lázaro Brugal Elizástigui, nieto de Eddy, tiene marcado interés en recibir una visa de República Dominicana para visitar ese país y conocer a esa parte de la familia que al parecer jamás ha sabido de la pobreza en la que él ha vivido toda su vida. Bueno de alma como es, cree que todos los demás comparten también sus mismos sentimientos hacia el prójimo.

Porque si algo me impactó de la familia Brugal guantanamera fue su sencillez, su trato cercano y solícito, su alegría a pesar de las difíciles circunstancias en que viven. No quise decírselo por respeto y por no parecerles adulón, pero quizás ellos no advierten la extraordinaria riqueza de alma que poseen.

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