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Duelo y oportunismo oficiales

Cuba régimen oportunismo

LA HABANA, Cuba.- Aunque la vigilia por las víctimas mortales de la explosión del hotel Saratoga fue una iniciativa popular espontánea, que estaba siendo organizada por algunas personas y  grupos desde las redes sociales, el régimen no perdió la oportunidad de apropiársela para sus fines políticos, incluso la divulgación en los medios de prensa oficialistas hacía énfasis en que se trataba de un acto “convocado por la Unión de Jóvenes Comunistas” (UJC), con lo cual no solo se desvirtuaba el duelo, convirtiéndose en una “actividad de masas”, sino que condicionaba la participación de las personas, en tanto muchísimos cubanos y cubanas rechazarían asistir precisamente por el escamoteo, la manipulación, por no verse involucrados en algo convocado por una dictadura que no los representa.

No solo vieron la oportunidad para politizar lo que, por una cuestión ética, no debió serlo sino que les sirvió, primero, para aparentar ante la opinión pública un poder de convocatoria y una aprobación mayoritaria que no tienen —al no ser que apelen a los tradicionales métodos de chantaje, como los que usan para llenar las plazas cuando se les antoja un desfile— , y segundo para controlar y disipar cualquier iniciativa popular que, producto del creciente descontento, podría haber derivado en otros “actos” que se les fueran de las manos y terminaran pareciendo como “secuelas” del 11j.

También de algún modo estaban obligados a “ceder un poquito” e intentar calmar los ánimos por la tardanza en decretar el Duelo Oficial cuando el reclamo era casi general, incluso creciente dentro sus propias filas.

Porque se tardaron no por las razones que luego esgrimieron sino por aquello que vergonzosamente se ha revelado en relación con la visita a Cuba del presidente mexicano, la cual concluyó en banquete, copas y baile, aún cuando faltaban varios cadáveres por extraer de las ruinas del Saratoga.

Pero ya con el San Remo Music Awards tuvimos un adelanto de que, hasta con las pruebas en las narices de que el festival era una estafa, podían comportarse tan tercos como ridículos, tan porfiados como insensibles. Así que por ninguna razón aplazarían la visita de AMLO, que venía a alquilar una considerable dotación de médicos, además de a otros negocios de los que posiblemente jamás nos enteraremos.

Así, además, aunque no se les ocurrió lo de la vigilia, bien que supieron echarle mano a la idea ajena y hasta se apresuraron en repartir entre los “incondicionales” cientos de camisetas negras en las que no imprimieron palabras o imágenes de consuelo o de acompañamiento en el dolor pero sí frases como “Vamos con todo”, de las cuales ya sabemos sus connotaciones políticas y que, dicho sea de paso, refuerza las sospechas entre algunas personas en la calle sobre la posibilidad de que el desastre haya sido producto de algo más tenebroso que un fatal accidente.

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Vigilia a las víctimas del hotel Saratoga. Foto Granma

Aunque desde los primeros minutos del siniestro, sin las suficientes evidencias, se apresuraron a reiterar que no lo fue, la idea de un posible atentado ha sido reforzada de manera subliminal por el propio régimen con varios elementos que hacen sospechar hasta al más ingenuo: incongruencias en la información divulgada, testigos como aquel cocinero que detectó el escape de gas y al cuál hasta el momento que escribo estas líneas no se le ha visto la cara en televisión ni se ha hablado de su actual condición, arrestos de personas que transmitieron el suceso desde sus teléfonos, videos editados donde se suprime el momento de la explosión más toda la persistente politización del asunto.

Pero más allá de acogernos a una hipótesis u otra, lo interesante es que en la Isla cada día es mayor el número de personas que reaccionan con desconfianza a las versiones oficiales de cualquier suceso, probablemente derivado del secretismo, la falta de trasparencia, las dobles intenciones y el oportunismo practicados con regularidad por un gobierno que no se ruboriza al afirmar que la población cubana fue “la pieza faltante en el diseño” de la Tarea Ordenamiento, según definiera el Ministro de Economía Alejandro Gil Fernández en su más reciente intervención ante el Parlamento.

Y tal como somos la “pieza” no tenida en cuenta en un experimento económico tan perverso —que reduce el valor del peso cubano casi a cero y, en consecuencia, de los salarios, obligando al ciudadano a emigrar o a delinquir para acceder a una moneda fuerte que le garantice una subsistencia decorosa—, igual no han contado con nosotros, los de abajo, para otras cuestiones menos trascendentales que la política monetaria, como serían despilfarrar recursos en un festival de poca monta en medio de la peor crisis económica en muchos años o intentar la reconstrucción de las ruinas del Saratoga cuando hay obreros y profesionales esperando durante años por una casa y otros que duermen la madrugada en las colas, durante días, para intentar hacerse con un poco de cemento con que reparar los techos de la casa familiar a punto de colapsar.

Sin dudas que somos “la pieza faltante en el diseño” pero precisamente porque nos hemos resignado, durante décadas, a ser tratados como tal. Y si hemos sido parte de algo en algún momento es de las prácticas engañosas del régimen que aceptamos como “normales” solo porque nos hemos acostumbrado al abuso, a la manipulación, a posar frente a las cámaras de los extranjeros como “buenos salvajes”, perdón, quise decir “buenos cubanos”.

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Intervención de Alejandro Gil, ministro de Economía. Foto/ Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Las propias colas son el mejor ejemplo de cuánto saben manipular la miseria y hacerla pasar como “abundancia”. En más de una ocasión me he topado con comentarios de extranjeros defensores de la dictadura que, cegados por el fanatismo o la imbecilidad, aseguran que si la gente hace cola frente a los comercios es porque tiene dinero para hacerlo, lo cual es una reverenda estupidez, en tanto desconocen —a veces con total mala intención— que los cubanos fuimos segregados en al menos dos clases fundamentales: los que tienen moneda libremente convertible (MLC) y los que no la tienen y dependen de su salario en pesos cubanos.

Estos últimos son los que el “yuma” tonto confunde con los primeros, como si fuesen una única clase, apenas porque, estratégica y perversamente el régimen los ha puesto a hacer colas en un mismo lugar con la intención de aparentar que todos tenemos acceso al MLC, que la medida de diferenciar unas tiendas de otras, unos cubanos de otros, es popular y apenas tiene detractores.

De modo que centros comerciales emblemáticos como el de Carlos III, Galerías de Paseo y muchos otros cercanos a los principales circuitos de turismo, aunque fueron habilitados para la venta exclusiva en MLC, se han mantenido con locales para el llamado “comercio regulado en pesos cubanos”, una decisión en apariencias absurda, en tanto confunde a los que no saben demasiado de la caótica “política monetaria” en la Isla, pero que, precisamente por la confusión que genera, les funciona mediáticamente como el “menor de los males”. Sería algo así como: “sí, en Cuba hay crisis, hay inflación, hay dos monedas pero, a juzgar por las aglomeraciones, a la gente no les falta el dinero y está de acuerdo con las tiendas en MLC”. Nada que ver con la realidad.

Como este ejemplo de las colas hay otro centenar en casi todo cuanto hacen aparentando   “mejorar”, “avanzar”, cuando de hecho cada día que pasa empeoramos y retrocedemos a los tiempos más oscuros de nuestro sexagenario medioevo comunista y tropical. En la mayoría existe una voluntad de fingimiento, de quedar bien con quienes observan desde fuera para que juzguen como “bueno”, “normal” y “consensuado” el infierno que vivimos aquí adentro.

Para el régimen todo se trata de posar para la foto y hacer de Cuba una gran vitrina de cristal reluciente (de ahí que, en apariencias sin dinero, se apresuren a rehabilitar el Saratoga) aunque en los estantes de la trastienda, es decir, en nuestra Cuba profunda, aniden ratas y cucarachas, por millones.

Lo acabamos de ver en el escamoteo de la vigilia, en la manipulación de las colas, en la negación del servicio militar obligatorio, por ejemplo, y lo seguiremos viendo en la tormenta de códigos, leyes, decretos aprobados o en fase de aprobación “por unanimidad” —esa que ha propiciado tantos atropellos a la diferencia y el disentimiento, tantos crímenes contra las libertades individuales y derechos humanos— y que por sus nombres (amparo de los derechos constitucionales, seguridad alimentaria y nutricional, bienestar animal, protección de datos personales, etcétera) parecieran ponernos al nivel de las grandes democracias pero que, en la realidad, lo sabemos, serán un instrumento ya para silenciar y amordazar a los “molestos”, ya para quedar bien con los organismos internacionales a los que deben rendir cuentas y los que, nadie sabe por qué razones, siempre les terminan creyendo lo que les dicen, dándoles palmadas en los hombros, e ignorando a quienes denuncian con pruebas irrebatibles. Cosas de la “política mundial”.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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