Cuba: Las etapas del hambre

Cuba: Las etapas del hambre

Por la experiencia de la Reconcentración de Weyler sabemos que el hambre extermina pueblos. ¿Qué pasará ahora con la Tarea Ordenamiento de Castro-Díaz-Canel?

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Foto archivo

MIAMI, Estados Unidos.- Relatan los historiadores que en los casi dos años que duró la infame Reconcentración de Valeriano Weyler, entre 1896 y 1898, murieron de hambre y enfermedades cientos de miles de cubanos, mayormente mujeres, ancianos y menores de edad. Unos dicen que la tercera parte de la población cubana de entonces, unos 300 000 seres humanos; otros que solo fue el 10%, unos 170 000. El cálculo indica que, de los 1.6 millones de habitantes de Cuba en 1896, entre 60 000 y 500 000 fueron las bajas de la guerra de hambre que España desató contra Cuba.

Aquel genocidio fue planificado y fríamente calculado por Arsenio Martínez Campos, gobernador general de la isla, y Antonio Cánovas del Castillo, primer ministro de España. A pesar de todos sus esfuerzos y crueldades, no pudieron ganarle a los mambises, apoyados por un exilio martiano y el gobierno norteamericano. Cuba fue libre. España perdió hasta la última peseta, sus últimas colonias y su orgullo nacional.

Relatan los testigos, además de muchos economistas e historiadores, que en los 62 años que ha durado la infame seudo-Revolución cubana, el nivel de vida, el consumo y la alimentación de los cubanos ha bajado considerablemente. Luego de varias décadas de “libreta de abastecimiento” y de productos alimenticios ausentes o racionados —al punto que la asignación mensual de comida apenas ha alcanzado para dos semanas del mes— la depauperación que trajo el primer Período Especial aumentó la pobreza, la desnutrición, las enfermedades y los fallecimientos de cubanos y cubanas entre 1991 y 2000, o sea, la década que duró. Esa depauperación se le debe al propio Fidel Castro.

Ahora, todo parece indicar que el segundo Período Especial ha comenzado. Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel, la alta plana de GAESA, el primer ministro, y los ministros y principales directivos de los ministerios de Comercio Interior, Comercio Exterior, Economía y Planificación, Industrias, Fuerzas Armadas, Trabajo y Seguridad Social, Finanzas y Precios, Banco Central, Industria Alimentaria, Agricultura, y Relaciones Exteriores comparten la responsabilidad de la actual debacle, causada en parte por la Tarea Ordenamiento; aunque la crisis comenzó hace unos años, como han señalado varios especialistas.

“Cuba sufre de una crisis crónica de divisas (…). Si bien (…) tiene elementos coyunturales provenientes de la pandemia, los problemas graves son estructurales”, ha dicho el economista Luis R. Luis.

Sin embargo, el régimen, que presenta el tema de los ingresos y los precios como reto principal de la Tarea Ordenamiento, trata de explicarle a los cubanos que los precios han subido, pero también los sueldos, razón por la que no deben preocuparse tanto. Raúl Castro alertó recientemente a los cubanos que, aunque ahora el país tenía una economía más diversificada que cuando cayó el bloque soviético, debían prepararse “siempre para la peor variante”.

El cubano y la cubana de a pie no son tontos. “La peor variante” es otro Período Especial. Saben perfectamente que, si tienen que comprar con pesos nacionales y se desapareció el CUC, también sin acceso a dólares o euros, la cosa pinta muy mal. Además, el pueblo es el testigo principal de la crisis, pues es quien se enfrenta a los establecimientos desabastecidos, a las eternas colas, y a la falta de los productos más esenciales, empezando por la comida.

Los constantes reportes de los periodistas independientes revelan la grave realidad. Luego de dos días haciendo cola en el mercado esperando que llegara “algo”, una ama de casa de 72 años, residente en Holguín, persistía un día más negándose a darse por vencida. Otra señora, de 67 años, pasó dos horas esperando turno para comprar yuca, el único producto a la venta en el establecimiento. Un cubano de 75 años explicó que a pesar de haber pasado dos horas en la cola, no pudo comprar los plátanos que procuraba. “En mi casa no hay comida y si no compro vianda no como hoy”.

Cabe preguntarse: ¿Es que solo de yuca o de plátano puede vivir el hombre?

Informes del Fondo Monetario Internacional indican una reducción drástica de las importaciones que ha hecho Cuba. Para comprar comida (salvo arroz, que se obtiene mayormente de Vietnam), el país necesita dólares o euros con los que pagar a proveedores brasileños, estadounidenses y argentinos. Moneda dura que no tiene. Las importaciones cayeron un 34% en los primeros ocho meses de 2020, con respecto al mismo período en 2019. Hasta agosto de 2020 Cuba estaba importando, cada mes, unos 210 millones de dólares menos que el año anterior.

Gran parte de esas importaciones constituyen alimentos: pollo, aceite, arroz, maíz, frijoles. Cuba importó un 23% menos en 2019 de Brasil; un 36% menos de España; y un 45% menos de Estados Unidos. De 64 productos de uso diario, más de la mitad experimentó una caída en su disponibilidad en las tiendas entre 2015 y 2018. Según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONEI), el aceite de cocina disminuyó un 36%, el jabón y la pasta de dientes un 30%; la leche, las pastas y la carne de puerco, 25%; la leche en polvo y el pollo 20%. En agosto de 2020 se importó apenas una cuarta parte de pollo congelado de EE.UU. que lo importado en 2019.

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU reportó recientemente que Cuba ha tenido que recurrir a donaciones del PMA para garantizar la disponibilidad de frijoles, arroz y aceite en varias provincias del país. Añádase la caída en los últimos años de la producción agropecuaria. Según informes de un economista cubano, 12 grupos de productos de consumo diario han caído: la carne de res un 23%; el arroz un 18%. El régimen reconoció incluso que en 2020 se produjo un 10% menos del arroz que se necesita.

El pueblo no tendrá conocimiento de las estadísticas, pero sí conoce de primera mano que los productos esenciales brillan por su ausencia en las tiendas y que el hambre se vuelve crónico. ¿Hay, o no hay, razón para temblar ante la probabilidad de un segundo Período Especial?

Marino Murillo, el cínico jefe de la Comisión de Implementación y Desarrollo de los Lineamientos (Tarea Ordenamiento), declaró el pasado 11 de enero en la Mesa Redonda de la televisión cubana que, si bien Cuba cuenta con “más de un 21% de personas con más de 60 años (2.3 millones de cubanos), no es posible que toda la responsabilidad (de subvencionar sus vidas) caiga en el Estado”. ¿No me diga? Luego de 62 años de Estado totalitario y absoluto, controlador de todas las cosas, dueño de vidas y haciendas, ¿quién si no el Estado habría de proveer?

“Hay algunas de estas personas que con la subida de ingresos y la de los precios se sienten que se han quedado desamparadas y nosotros lo que decimos es ‘mucha calma’, que nadie se va a quedar desamparado”, añadió Murillo. Por su parte, la ministra de Trabajo y Seguridad Social, María Elena Feitó, declaró en el mismo programa: “Hay pensionados de la Seguridad Social que son solventes económicamente…”. ¿En qué Cuba viven estos burgueses burócratas, bien vestidos y bien alimentados? ¿Quién en Cuba, excepto los de la casta explotadora gobernante, es solvente económicamente?

Siguiendo el hilo del pensamiento de Murillo, imagino que la solución del problema podría ser matemática: se reduce la comida, pues habrá que procurar la reducción del número de ciudadanos. Si se reducen las personas de acuerdo a las estadísticas de importación y de producción nacional, entonces tendrán que reducir en un 18% —como el arroz— la población que consume arroz; en un 36% como el aceite de cocina; en un 25% como la leche y la carne de puerco; y en un 23% como la carne de res.

Prepárense los ancianos, y no los vejestorios que integran la cúpula de poder, sino los ciudadanos de a pie. El promedio poblacional que tendría que perecer —para que el resto sobreviva— es aproximadamente el 25% de 2.3 millones de habitantes de la tercera edad, o sea, 575 000 cubanos y cubanas de más de 60 años, que son los que ya no producen, los que estorban y pesan sobre el Estado. Por la experiencia de la Reconcentración de Weyler sabemos que el hambre extermina pueblos. ¿Qué pasará ahora con la Tarea Ordenamiento de Castro-Díaz-Canel? ¡Qué Dios nos coja confesados!

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Ileana Fuentes

Escritora y feminista. Autora de “Cuba sin caudillos: Un enfoque feminista para el siglo 21”.

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