Coronas gais en Pinar y Matanzas

Coronas gais en Pinar y Matanzas

Dos consagrados escritores –abiertamente gais– fueron elegidos hace poco como presidentes provinciales de la UNEAC en Pinar del Río y Matanzas

A la izquierda; José Manuel Espino Ortega, Presidente de la UNEAC matancera (Foto del autor)

VILLA CLARA. – Con la promulgación de dos nuevos presidentes provinciales de la Unión Nacional de Escritores y Artistas (UNEAC) en Pinar del Río y Matanzas concluyó la convocatoria a las elecciones de ese cargo a lo largo del país. Durante los próximos cinco años, Nelson Simón y José Manuel Espino, los dos escritores elegidos, intentarán “reparar” –según sus declaraciones– las maltrechas direcciones de la UNEAC en sus respectivas provincias.

De esta manera, parece que lo diverso se encumbró en la oficialidad artística en medio de una Jornada Cubana contra la Homofobia y la Transfobia signada por desmentidos y arrestos.

José Manuel Espino Ortega (Colón, 1966) y Nelson Simón González (Pinar del Río, 1965) asumirán las carteras que debieron de abandonar sus predecesores tras resultar relegados en votaciones.

A la derecha; Nelson Simón González, Presidente de la UNEAC pinareña (Foto del autor)

A ambos creadores les une currículo común y extraordinario de varios libros publicados, premios de la crítica y un ritmo de creación que ahora podría verse mermado por la responsabilidad asumida en calidad de funcionarios.

En su perfil de Facebook, Nelson Simón agradeció las muestras de apoyo después de su elección:

“La UNEAC es de todos, y tiene que existir esa transversalidad que lleva a otros sectores. Mi voluntad es la de apoyar, la de hacer que la institución se fortalezca y que la cultura de Pinar del Río sea visible”.

Por su parte, José Manuel Espino, comentó en su perfil: “Soñemos una UNEAC a la altura de la ciudad que recobra cada día más esplendor”.

En Villa Clara, donde no estaba previsto que coincidiera la elección con la intempestiva visita de Díaz-Canel al territorio, se quedaron las cosas como estaban –sin “la renovación de filas” a que urgió Luis Morlotte (el vicepresidente primero de la UNEAC) en una visita efectuada a la provincia en 2018–. La dirección que lidera desde hace muchos años y sin relevantes sobresaltos Antonio Pérez Santos parece no tener diversidad competente a su vera.

(Foto del autor)

Hasta hoy no existe aparente conexión entre las victorias de Nelson Simón y José Manuel Espino con la contienda que emprendió el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) años atrás en plan de desplegar “políticas inclusivistas” de falso arraigo “revolucionario” en un pueblo amaestrado para odiar lo diverso.

El semanario Guerrillero, órgano proselitista de la más occidental provincia cubana, publicó este 20 de mayo una pregunta formidable dirigida –cabe imaginarse– a los miembros del aparato gubernamental presentes (siempre inexplicadamente “allí”, aun tratándose de una “ONG”):

“¿Cómo aplicar políticas culturales dentro de las instituciones y fomentar [al mismo tiempo] la visión cultural de los cuadros?”.

Sin embargo, a la periodista que suscribe la pregunta le faltó abundar por cuáles torcidas razones los ocho congresos precedentes no consiguieron infiltrar mesura plausible entre esos mismos “cuadros” más  pendientes del techo que de los reclamos de afiliados.

Lo concomitante es que tenemos dos presidentes “progres” que podrían haber iniciado una trinidad (para nada santa) si se hubiera tenido en cuenta, por ejemplo, al poeta remediano Luis Manuel Pérez-Boitel. (A este le dieron una distinción de paso, y ya).

Otra “estrella” posible de insertarse en el grupo (si no fuera por su manifiesta aversión a gobernar al prójimo), habría sido el promotor/actor Ramón Silverio Gómez, fundador del centro cultural El Mejunje. Silverio, desde su altura de “pájaro” y comunista, desafió al poder local vistiendo la bandera gay sobre un pulóver que celebraba los 60 años de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, aun cuando había sido advertido por Mariela Castro acerca de la impertinencia de sacar a la calle su tradicional conga villaclareña, muy anterior al remedo habanero.

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