¿Qué quiere la Virgen de la Caridad de los cubanos?

¿Qué quiere la Virgen de la Caridad de los cubanos?

Los cubanos devotos de la Caridad no comprenden que amarse a sí mismos no es comprarse ropa o comer bien, sino darse algún día un baño de libertad

Cuba virgen
Misa por la Virgen de la Caridad del Cobre (foto del autor)

LA HABANA, Cuba. – En La Habana no prohibieron la venta de girasoles en la celebración del día de la Virgen de la Caridad del Cobre, pero la semana ha sido de control y vigilancia. Se escucha a las floreras hablar de una “acreditación” para vender donde lo hacen todos los días; los inspectores les critican hasta el largo de la ropa y apostan una mesa en la esquina de San Nicolás donde se ha anotado en una planilla a todo el que ha participado de la feria los días 7 y 8 de septiembre.

Durante la semana parecía que solo se trataba de “control sobre las vendedoras y la gente que viene a vender otras cosas como conguitos vestidos, eleguás de bolsillos, pulseras de cobre, plata o acero quirúrgico; azabaches, ojitos de santa lucía, o flores de tela”, dice una de ellas, pero cuando se observa de cerca hay personas que no venden ni proveen flores, sin embargo, están dando vueltas sobre el mismo lugar.

“Parecen vecinos, pero no lo son”, muy pocos se atreven a hablar y lo dice una florera que asegura mientras habla por teléfono, “nosotras estamos dispuestas aquí a cualquier cosa”, la misma que canta “es la hora de gritar de revolución” a la que el bodeguero le hace un gesto de extrañeza y ella le grita, “yo soy fiel al proceso”, pero que cuando viene un inspector tiene que “pasarle algo”.

En la víspera del 8 de septiembre celebró la eucaristía el Nuncio Apostólico, el arzobispo, Giorgio Lingua, que dejará su puesto para trasladarse como representante del papa a Croacia. Estuvo en Cuba durante cuatro años y unos meses en los que aseguró que hizo “pequeños actos de amor” que quizás pudieran ser las “buenas relaciones” que se cuenta tenía con la oposición en Cuba, pese a que su postura fuera mesurada sin las declaraciones abiertamente críticas que hiciera su antecesor, Bruno Masuró.

La presencia del representante del papa en el santuario de la Caridad pudo haber sido el pretexto para que acordonaran la calle Manrique gente vestida de civil, mientras entre los feligreses se corría el comentario “se espera que vengan las Damas de Blanco”, pero nunca llegaron.

No obstante, Lingua dejó una interrogante en el aire, “¿Qué quiere la Virgen de la Caridad de los cubanos?”, una pregunta que hoy sigue sin respuesta la pregunta.

Con el “rosario a la aurora”, que anunció el párroco que se haría en honor a la Virgen llegaron más desconocidos. La mayoría venía a adorar a la Patrona de Cuba. Otros, menos pero numerosos, llegaron a vigilar. Mínimo cuatro por esquinas.

Al principio apenas se distinguen, pero quien los ha estado observando durante horas se da cuenta de que no se mueven del lugar, miran al resto con desconfianza, reciben café o meriendas según los horarios.

En la esquina de Manrique y Salud llegan a ser once vestidos de “paisanos”, como dice la gente para referirse a los policías vestidos de civil, y sobre todo para que no parezca “represión” lo que hacen, pero los escuchas contando sus hazañas.

“¿Todo tranquilo?” es la pregunta que se hacen unos a otros para identificarse entre ellos que lo mismo pueden ser dos barrenderos con camisas rosadas, simulando una discapacidad intelectual y que solo aparecen por la zona cuando hay acontecimientos de este tipo; un joven que masca chicle como un poseso y que camina con gesto arrogante; una mujer negra, vestida de blanco, sin collares, disfrazada de santera; una rubia con collares puestos, jeans y zapatillas deportivas para resistir la guardia del día; muy pocos uniformado y muy pocos con pullovers a rayas como solían identificarse.

“Son brigadas de respuesta rápida”, dice uno de los que habitualmente ayuda a las floreras y mira con ganas de “acabe el día ya” porque es cierto que la venta es grande y que, por tanto, la ganancia será proporcional, pero a costa de cuánta tensión en el ambiente.

“¿Qué quiere la Virgen de la Caridad de los cubanos?”, preguntó el nuncio y pareciera que la gente ni siquiera se ha hecho la pregunta. Una marea de creyentes entra y sale de la iglesia con girasoles en la mano y parecen solo concentrarse en la selfie, en la foto familiar o en sus necesidades.

No bastan para responder la pregunta una misa cada dos horas, los mariachis para agasajar a la santa, que Haila María Monpie cante el Ave María o que la imagen salga en procesión y la caminen por la calle Zanja, si los cubanos, los devotos de la Caridad no comprenden que amarse a sí mismos no es comprarse ropa elegante o comer bien, sino darse algún día un baño de libertad.

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