¿Por qué se “llevaron” a Leydi Laura?

¿Por qué se “llevaron” a Leydi Laura?

La desaparición y asesinato de Leydi Laura García Lugo, una joven estudiante de Medicina de 21 años, reavivó la discusión sobre el feminicidio en Cuba

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Foto tomada del perfil de Facebook de Leydi Laura García Lugo

El sábado 30 de marzo, abriéndose la mañana, Leydi Laura García Lugo –21 años, estudiante de cuarto año de Medicina en la Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara–, concluyó «su servicio de guardia rotativo, en el hospital ginecobstétrico Mariana Grajales de Santa Clara», según especifica una nota del Ministerio del Interior (Minint) publicada en los medios locales.

Poco después Leydi Laura se habría lanzado a la «botella» para llegar hasta su casa, en el poblado de Esperanza (Ranchuelo, Villa Clara), donde su familia la esperaba. En la comunidad de Los Trompos, Carretera Central, banda a Santo Domingo, Leydi Laura haría señas, intentaría detener algún carro que la adelantara hasta su destino.

Magda, su madre, la llama, conversan, quizás se asegura de que Leydi Laura va a casa y que, siendo la hora que es, va a llegar antes del mediodía. Al contrario, Leydi Laura no llega. Magda intenta comunicarse, otra vez, con su hija. Su hija no responde. No hay nadie al otro lado: la voz de la operadora de Etecsa asegura que el teléfono móvil «está apagado o fuera del área de cobertura».

Leydi Laura desaparece.

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«Desde el pasado sábado 30 de marzo, comenzó un intenso trabajo al radicarse una denuncia por la ausencia a su domicilio», refiere la nota del Minint.

«Estaba cogiendo botella. Después de eso nadie supo más nada de ella», dice Daniela Ruiz Díaz, 20 años, excompañera de estudios de Leydi Laura. Daniela trabaja en un restaurante estatal de Santa Clara y está obligada a viajar todos los días entre Esperanza y Santa Clara.

Leydi Laura no llega a casa el sábado. Está desaparecida el sábado, el domingo, el lunes. Los miembros del grupo de Facebook La Esperanza –el pueblo donde vivía la muchacha– son los primeros que alertan en las redes sociales sobre su desaparición.

Varios carteles con fotos de Leydi Laura y el letrero «Desaparecida» comenzaron a circular en las redes sociales a partir del domingo 31 de marzo. (Foto tomada del grupo de Facebook La Esperanza).

El lunes, 1 de abril, Yandy Niebla Alpízar, camarógrafo y editor de la productora audiovisual Cuatro Caminos, de Santa Clara, escribió en su muro de Facebook: «AYUDA. La hermana de mi mejor amigo hace más de 48 horas que está desaparecida, por favor si alguien sabe algo escríbame o avísenle a la policía cuanto antes. La familia y amistades están desesperados».

Ninguna noticia confirma el peor escenario. Hasta la mañana siguiente.

El martes, cerca de las 11:00 a.m., el cuerpo de Leydi Laura sería hallado en las inmediaciones del batey 10 de Octubre (Ranchuelo), a orillas de la Autopista Nacional, confirmaron a Tremenda Nota varios vecinos de Esperanza.

El cadáver, según reportan varios sitios web basados en el testimonio de testigos o vecinos, mostraba «claras señales de violencia extrema».

«La profesora de medicina legal de la universidad nos dijo que la causa de muerte fue estrangulamiento. El cuerpo tenía varios hematomas en la cara y el abdomen», contó a Tremenda Nota otra estudiante de cuarto año de la Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara, entrevistada bajo condición de anonimato.

El propio martes, poco después del hallazgo, Leydi Laura sería sepultada en el cementerio local de Ranchuelo. La decana de la universidad, sus compañeros de estudio, sus amigos, su familia, los pueblos de Esperanza y Ranchuelo, fueron a despedirla, preguntándose por qué la habían matado, quién, con qué móviles, por qué razones.

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Leydi Laura no fue robada. Cualquiera que la haya asesinado no tomó ninguna pertenencia, ninguna prenda, confirman todas las fuentes consultadas.

«Tampoco nos dijeron si la violaron», asegura la estudiante de Medicina contactada por Tremenda Nota.

La gente –sometida al estupor de las malas noticias– ha valorado dos hipótesis en las redes sociales: primero, Leydi Laura fue víctima de un feminicidio (o asesinato de una mujer por su condición de género). Segundo, Leydi Laura no fue víctima de ningún feminicidio: fue la primera que pagó un ajuste de cuentas contra su familia, según sugirieron varios internautas.

«Aquí lo que se comenta es que su papá estaba endeudado con unos extranjeros. Le dijeron que a él no le iban a hacer nada, que le iban a cobrar a su familia», dice la estudiante de cuarto año de Medicina sobre los rumores que ha escuchado.

Si fue un feminicidio el nombre de Leydi Laura pasaría a engrosar, de inmediato, la lista donde ya aparecen Taimara Gómez, una mujer de 29 años residente en Cárdenas, Matanzas, descuartizada por su pareja a principios de 2017; la cienfueguera de 18 años Leidy Maura Pacheco Mur, secuestrada, violada y asesinada por tres hombres en 2017; la espirituana Yulismeidys María Loyola Fernández, asesinada en el verano de 2018 por un hombre que intentó violarla.

La muerte violenta de estas mujeres a manos de uno o varios sujetos no forma parte de ninguna lista exhaustiva: apenas los medios de comunicación alternativos a la prensa oficial en Cuba suelen dar cuenta de asesinatos determinados, agravados o condicionados por el género de las víctimas. Pero hasta ahora es imposible saber cuántas mujeres han muerto por culpa de actos extremos de violencia de género: las leyes ni las instituciones cubanas tipifican el feminicidio como un crimen.

De hecho, en 2016 Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba (Cenesex) e hija de Raúl Castro Ruz, primer Secretario del Partido Comunista del país, declaró a medios argentinos: «En Cuba no tenemos femicidios y eso es efecto de la Revolución».

Según el Código Penal cubano Taimara, Leidy Maura y Yulismeidys fueron víctimas de homicidio, aunque claramente su género haya determinado el crimen contra ellas. La palabra feminicidio no existe en las normas legales cubanas.

Leydi Laura, cualquiera que haya sido el caso, también será víctima de homicidio.  

No todos los asesinatos de mujeres clasifican como feminicidios. Sin embargo, en este caso la teoría popular de la vendetta tampoco excluye ese tipo de crimen, asegura Ailynn Torres Santana, investigadora y doctora en Ciencias Sociales. Quien haya perpetrado el crimen «podría haber “elegido” a otra persona de la familia».

«Bien hubo abuso sexual y/o violación –en cuyo caso sería sin dudas feminicidio– o bien podría confirmarse esta hipótesis de la vendetta que podría conducir al mismo sitio del feminicidio porque: ¿por qué ella? ¿por qué una mujer sola en la carretera? O, incluso, podría ser una vendetta y, además, haber abuso de por medio», comenta a Tremenda Nota la autora de una columna sobre género y sociedad en la revista OnCuba.

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«Toda mujer que se trasladó en “botella”, en Cuba, sintió alguna vez el pavor de terminar así», opinó en las redes sociales la periodista Lianet Fleites Claro al compartir la noticia sobre el asesinato de la joven villaclareña.

―Sí. Leydi Laura se perdió en la «botella» –recalca en otro momento Daniela Ruiz Díaz, la joven que repite a diario el mismo trayecto donde desapareció su antigua compañera de estudios.

La escueta nota publicada por el Minint, no permite deducir por qué la secuestraron, por qué le quitaron la vida. «Un equipo especializado del Ministerio del Interior trabaja en el esclarecimiento del hecho, cuyo resultado se informará a través de los medios de comunicación», reza la declaración de las autoridades.

Hasta ahora, sin más información oficial, es imposible asegurar si la joven fue abusada sexualmente o violada. Todas las certezas son estas: Leydi Laura era una mujer de 21 años que intentaba llegar a su casa después de una guardia médica. Cansada, desprevenida, incluso a pleno día, quizás le pareció más vulnerable a su victimario porque era una mujer, no un hombre.

«Por eso, por la vulnerabilidad física de una mujer sola en la carretera, es bastante probable que sea un feminicidio», dice Ailynn Torres Santana.

Leydi Laura, la última vez, agita las manos. Va a llegar a casa antes del mediodía, a la hora del almuerzo. Un criminal abre las puertas de un auto que va a ninguna parte. La tradición lo anima: siempre que matan a una mujer, ¿quién la mata?

(Publicado originalmente en Tremenda Nota)

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