Burocracia para recoger la basura en Cuba

Burocracia para recoger la basura en Cuba

El Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos dirige a la dirección provincial de acueductos y alcantarillados, y estas oficinas a las del municipio, y así sucesivamente

LA HABANA, Cuba.- “Aquí, aunque se recoja todos los días, la basura sigue siendo un problema”, dice una vecina de la calle Amistad, mientras observa cómo uno de los 24 camiones colectores de basura importados de Japón vierte los tanques de la esquina de su casa. “Es que son muchos años viviendo en la mierda, y, además, esto quién lo controla ahora”, se pregunta y señala el hueco en la acera donde el agua es verde y no hay ni acera.

Pero no es la única preocupación en torno a la basura en la ciudad. Álvaro, otro vecino, asegura que “ni la peste ni las moscas salen en un video”, y se pregunta cuándo vendrán a lavar las calles, “porque si ya tenemos la suerte de que nos recojan la basura tres veces al día, ahora tienen que limpiar un poco, ¿no?”.

Para Álvaro las causas de tanto mal olor en las calles cubanas se deben, según él, a tres factores: “los hombres orinan con tremenda tranquilidad detrás de los latones de basura; la basura, que no se recogía durante días o semanas, terminaba pudriéndose, y eso destilaba un líquido nauseabundo que se ha ido acumulando debajo de los tanques y en las esquinas durante años; y por último las aguas de lluvia o de fosa, que se acumulan en los desniveles.

En la calle Aguacate, en la Habana Vieja, hay vecinos molestos con la posición de los “latones de basura”. “El mismo delegado se opuso a que los moviéramos de lugar”, dice una de las trabajadoras del círculo infantil de la vuelta, quien denunció que las moscas llegan incluso a los salones de los niños. Así mismo, contó a CubaNet que otros vecinos también se quejaron, y aunque en Planificación Física les dijeron que el cesto de basura debía ser removido de ahí, el delegado de la circunscripción terminó llevándolos a la Policía.

Aunque con la nueva inversión la basura se recoge con más frecuencia, muchos cubanos creen que es solo “en los lugares visibles” o “donde la gente protesta más”, pues otras esquinas habaneras siguen en las mismas condiciones, “llenas de escombros o de jabas de nailon con cosas podridas dentro”.

Con respecto a la insalubridad de la ciudad y los análisis que se han hecho sobre el tema, las principales responsabilidades recaen en la indisciplina social y las ofrendas religiosas.

Sobre la segunda cuestión, el Olúo Saavedra comenta que “en un registro a nadie le dicen que bote las ofrendas o los ebbós en cualquier esquina ni en un parque donde juegan niños, pero lo que pasa es que la gente tiene muy mala educación, y no tienen en cuenta que ensuciando la ciudad ensucian su religión también. En cualquier lugar te encuentras a alguien hablando horrores de nosotros, como si fuéramos los responsables de toda la suciedad que hay”.

Sin embargo, Saavedra cree que en realidad el máximo responsable es el gobierno y su mala administración, que termina afectando a todos.

Entonces, ¿quiénes se debieran encargar de la higiene en las calles cubanas? Entender el organigrama de instituciones responsables lleva un análisis profundo de la legislación ambiental de la Isla. No es simplemente la empresa de comunales como suponen muchos, pues la cantidad de organismos responsables es directamente proporcional con la basura que hay en la calle.

El control y la burocracia empiezan en la Asamblea Nacional, el Consejo de Estado y el Consejo de Ministros, que controlan al resto de los organismos: al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), al Ministerio de Salud Pública, al Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos y al Ministerio de Economía y Planificación.

La Asamblea y los consejos de Estado y de Ministros fiscalizan también a los consejos de administraciones del Poder Popular provincial y municipal, y al consejo popular, que es el único que no controla a nadie y al parecer no tiene ninguna autoridad sobre los responsables directos de recoger la basura en los barrios.

Pero las complejidades de la estructura de poder y la gestión no terminan ahí: el CITMA controla a la Agencia de Medio Ambiente, y esta al Centro de gestión e Inspección Ambiental, y este a las Direcciones Territoriales de la Institución primera, que no tiene ninguna visibilidad en el barrio.

El Ministerio de Salud Pública controla al Centro Provincial de Higiene y epidemiología, y este a los centros y unidades municipales del mismo nombre que son los encargados de inspeccionar a las áreas de salud que se traducen en los médicos de la familia y los despliegues de estudiantes de medicina que estudian en los policlínicos, y que, mientras debieran estar en clases, tocan a las puertas de los vecinos a ver si alguien tuvo fiebre o cualquier otro malestar.

El Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, que tiene carácter de ministerio, dirige a la dirección provincial de acueductos y alcantarillados, y estas oficinas a las del municipio, y al final terminan trabajando las Zonas o Sistemas de Acueductos y Alcantarillados, encargados de reparar las fosas y los salideros de agua en los barrios, aunque estos no se autofinancian ni tienen el poder de decidir dónde reparan.

Finalmente, el Ministerio de Economía y Planificación Física dirige la dirección provincial de servicios comunales, y esta, a la dirección municipal, que se subdivide en Zonas comunales, quienes se supone sean los encargados de recoger la basura.

Este entramado burocrático lo único que hace es poner en abstracto lo que requiere de soluciones concretas, como dar más autonomía ciudadana. Por el momento, y con la nueva constitución, no ha habido una intensión de desestructurar este sistema que requiere más de una administración pública que beneficie a todas las calles y a todos los barrios por igual.

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