Asesinato estremece el centro de Cuba: un hombre ahogó a su hijo de 10 años

Asesinato estremece el centro de Cuba: un hombre ahogó a su hijo de 10 años

El cuerpo sin vida del menor Carlos Duviel Sánchez Estévez fue encontrado en las inmediaciones de Cayo Conuco durante la tarde del lunes

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Sepelio de Carlos Duviel, menor asesinado (foto del autor)

VILLA CLARA, Cuba. – Caibarién amaneció conmocionada con la noticia del cadáver hallado en las cercanías durante la tarde del lunes.

El cuerpo sin vida del menor Carlos Duviel Sánchez Estévez (de 10 años de edad) fue encontrado ahogado en las inmediaciones de Cayo Conuco, islote conectado mediante un pedraplén con esta municipalidad costera.

El niño, cuentan vecinos, había sido recogido por su padre Carlos Sánchez en la Escuela Especial Carlos Coello Coello del municipio, donde era atendido por maestros diferenciados como consecuencia del trauma psicológico causado por el mismo agresor a su madre, quien resultó lesionada con armas blancas hace varios años.

La maestra Dayami habría entregado al progenitor el muchacho cuando terminaron las clases, “pues llegó a buscarlo portando una mochila en la cual dijo llevaba su ropita para pasar un rato juntos”. Y agregó a testigos que “la madre lo sabía”.

Kirenia Estévez recibió esta vez un mensaje de texto en su celular donde el exmarido le informaba que “no vería otra vez con vida” al hijo de ambos.

Luego de acudir a la PNR, muy alarmada, la madre se dio a la tarea de intentar hallar como fuera al infante.

Mientras, Carlos el padre, acudía al policlínico para curarse una herida leve en el antebrazo producida presuntamente durante el forcejeo con el ya ahogado.

A media mañana de este martes, una funeraria atestada recibía el pequeño ataúd de la víctima entregado por Medicina Legal, una dependencia del MININT.

Con anterioridad, la abuela materna maldijo en el lugar y lanzó improperios contra las autoridades “por ni hacerle caso” a la denuncia formulada —oportunamente y con razón, agregó— por su hija.

Carlos Sánchez, exconvicto que se encontraba bajo libertad condicional, cumplió parte de una condena por agresión física, intento de asesinato y múltiples daños colaterales a su expareja a quien propinó varias puñaladas.

Entre conocidos se comenta que Carlos también estuvo involucrado en la extraña muerte de un policía años atrás.

Aparentemente, la condena a la que fue sometido el agresor habría sido reducida por buen comportamiento, pues se encontraba ya empleado como obrero en el Almacén de Carburos de la Fábrica Reconstructora de Coches Carahatas en esta ciudad, la que ostenta el título de Vanguardia Nacional del Ministerio de Trasportes.

Consecuencia de desavenencias extramaritales, y según cuentan compañeros de trabajo que no quisieron brindar sus nombres, el niño era a menudo agredido por el progenitor de forma verbal.

Hasta la mañana de este martes el agresor —quien intentó matarse insertándose un cuchillo en el bajo vientre— se mantuvo escondido de la justicia con ayuda de parientes y vecinos de su madre, cuando resultó atrapado en pleno barrio La Picadora , cercano a la residencia, y permanece hospitalizado sin que se sepa la gravedad de las probables lesiones autoinfligidas.

Sepelio de Carlos Duviel, menor asesinado (foto del autor)

Caibarién, como parte de la acallada provincia de Villa Clara que sufre gradual índice de hechos de sangre en la central región de la isla durante los últimos años, continúa sin ser informada debidamente por los medios gubernamentales de lo que aún considera “crónica roja” e impublicable el departamento ideológico del Partido Comunista, con el fin de mantener “la tranquilidad ciudadana”.

Tal ciudadanía merecería en cambio recibir actualizaciones sobre los índices de peligrosidad, población penal, nivel de efectividad de sus fuerzas represivas, estado y reclamo de los procesos pendientes en tribunales revolucionarios, homicidios insolutos y demás indicadores adscritos a la criminalística, en razón del derecho a la información que garantizaría la recién aprobada constitución cubana.

Se insiste en recalcar —sin grandes resultados— la martiana aspiración de que “una sociedad aprenderá a sanarse solo cuando conozca del mal y sus heridas”.

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