¡Llegaron los huevos!

¡Llegaron los huevos!

Hoy en Cuba es lujo lo que antes fue comida de pobres

Cola para los huevos en Puerto Padre (Foto: Alberto Méndez)
Cola para los huevos en Puerto Padre (Foto: Alberto Méndez)

LAS TUNAS, Cuba.- Esta semana la cola de los huevos de nuevo habló. Dijo más que “O Cuba o Washington”, el discurso recién pronunciado en Bayamo por la 22da Fiesta de la Cubanía.

La cola de los huevos había permanecido enmascarada entre el ir y venir de las personas: en Cuba la gente permanece permanentemente en cola, aunque usted no vea a nadie en fila.

Los cubanos hacen colas hasta por el rumor de lo que está por llegar. Pero esta vez no fue una falsa expectativa. Los huevos llegaron, y llegando ellos, el ir y venir de la gente adoptó forma de fila.

“¡Llegaron los huevos!”, pasó la voz de boca en boca, como si de anuncio de fuego se tratara, cuando en realidad, era un mensaje benefactor.

“Salvavidas”, suelen llamar los cubanos a los huevos. Y no es metáfora eso de atribuir a los huevos salvaguarda de vida. En Cuba un huevo, que cuesta poco más de un peso, quizás sea la única fuente de proteína animal que un jubilado cubano o los hijos de un trabajador con bajos ingresos consigan consumir en muchos días, porque un simple paquete de salchichas cuesta 25 pesos.

Demasiadas personas en Cuba viven en condiciones de pobreza. En 2008 ya el Banco Mundial estimó la línea de pobreza extrema cuando sólo se posee 1,25 dólares estadounidenses para pasar el día. Pero ya quisieran muchos cubanos contar con 1.25 dólares para pasar el domingo.

En Cuba son muchos los jubilados que deben pasar el mes con una pensión de unos diez dólares, o sea, unos 33 centavos por día. También son muchos los trabajadores, incluso jóvenes profesionales, con salarios de menos de dos dólares por día.

“Yo nunca he podido conectarme a Internet. Ese es mi sueño. Pero si gasto en Internet en casa no comemos”, me dijo un joven licenciado en informática cuyo salario es de 475 pesos, unos 15 dólares mensuales.

Cuando la pasada semana el “Mercado Ideal” en Puerto Padre fue “abastecido” con huevos, la supuesta “venta liberada” fue limitada a dos cartones (60 huevos) por persona.

Pese a la venta regulada los huevos se agotaron ese mismo día, poco después de que se comenzaran a vender. Y no fueron pocos quienes debieron marcharse con las manos vacías. ¿Por qué tan grande demanda de huevos?, cabe preguntarse.

Según instituciones internacionales, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) debe incluir lácteos, carnes de pollo, res o cerdo, huevos, frijoles, cereales entre los que se incluyen maíz, trigo o arroz, azúcares, grasas de origen vegetal o animal, verduras, frutas, sal y café, entre otros componentes.

Por la cartilla de racionamiento los cubanos adquieren algunos productos de la CBA para alimentarse unos pocos días; si acaso, una semana. Completar la canasta para concluir el mes constituye toda una odisea.

En Cuba para usted hacerse de una CBA según prescripciones de instituciones internacionales de nutrición, y alimentarse debidamente cada uno y todos los días, debe ir a una TRD (Tienda Recaudadora de Divisas).

Por sólo citar un archiconocido ejemplo de mal nutrición, en Cuba desde hace más de 50 años, la leche “es sólo para los niños de hasta siete años”, reconoció el mismo Raúl Castro, allá por el año 2007. Después de esta edad, proporcionar leche a sus hijos constituye un reto para el que no todos los padres cubanos se encuentran preparados.

Igual sucede con los ancianos. Para incluir un vaso de leche en su CBA los viejos deben ir a las TRD. Pero un kilogramo de leche en polvo en las TRD cuesta poco más de cinco dólares, unos 130 pesos, algo así como la mitad de la pensión por jubilación de un trabajador cubano.

Según una encuesta de 1957 de la Agrupación Católica Universitaria (ACU), la clase social más pobre de Cuba, la población rural, satisfacía sus necesidades de proteínas gracias al consumo de frijoles.

“Pero ni mi mujer ni yo podemos darnos el lujo de comer frijoles cada vez que se nos antoje. Aquí mismo, (en el mercado estatal) venden la libra de frijoles negros a diez pesos”, me dijo un jubilado en la cola de los huevos, y tomé sus palabras cual testimonio de reducción del cubano y su cubanía cuando el anciano afirmó: “Hoy en Cuba es lujo lo que antes fue comida de pobres”.

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