“Aquí los minusválidos no valemos nada”

“Aquí los minusválidos no valemos nada”

La pesadilla de ser discapacitado en Cuba

(Foto: Osniel Carmona)

LA HABANA, Cuba.- Las filiales municipales de la Asociación Cubana de Limitados Físico Motores (ACLIFIM) en los dos últimos años recortaron en más del sesenta por ciento la ayuda material que entregan a los afiliados, según indicó Alexei Viera Rodríguez, Coordinador municipal de la asociación en Arroyo Naranjo.

Como organización no gubernamental sin fines de lucro, el desempeño de la ACLIFIM depende de la subvención estatal y de las donaciones que realizan instituciones nacionales y extranjeras, incluyendo las religiosas.

De acuerdo con Viera, en el periodo bienal las contribuciones decayeron, dejando en los bolsillos de los afiliados la responsabilidad de financiar mediante el pago de las cuotas establecidas (tres pesos) de manera mensual, las actividades que realizan.

Según informó, el 21 por ciento de los miembros de la ACLIFIM en Arroyo Naranjo tienen una de las extremidades amputadas. Otro 30 por ciento entra en el grupo de parapléjicos.

Señala que las principales necesidades que presentan los discapacitados, son de vivienda, alimentación, de colchones y artículos como sillas de ruedas, triciclos, bastones y muletas.

Sin embargo, alega, en el transcurso del 2016 las ayudas entregadas en Arroyo Naranjo se simplifican a dos sacos de zapatos con pies diferentes cada uno, para impedidos a los que les falta una de las extremidades. Además, fueron repartidos doce pares de muletas.

Wedell Caso, otro caso de un minusválido abandonado a su suerte (Foto: Osniel Carmona)
Wedell Caso, otro caso de un minusválido abandonado a su suerte (Foto: Osniel Carmona)

“Poco se puede ayudar. En ese contexto nos limitamos a identificar los problemas y comunicarlos en el municipio para que el director, en nuestro caso el compañero Héctor Funes, gestione las soluciones con el Partido y el Poder Popular”, dijo.

En una medida que empeora la accesibilidad a las sillas de ruedas, uno de los artículos más requeridos por los impedidos motores, destaca que en septiembre la distribución pasó al Ministerio de Salud Pública (MINSAP) a un costo de 450 pesos por unidad, muy superior a los 70 pesos estipulados por la ACLIFIM.

Calamidades, escasez y exclusión, son denominadores comunes en las historias que narran varios discapacitados.

Lázaro Martínez Pérez, de 64 años y residente en el Consejo Popular Callejas, municipio Arroyo Naranjo, nació discapacitado por problemas en sus vértebras. No fue hasta los diez años que pudo caminar, y también hablar.

Sin embargo, pudo integrarse a la vida social, trabajando en las zafras de caña, papa y café. A los 56 años, y sin  familia cercana, sufrió una parálisis del lado derecho que hasta el presente le impide valerse por sí solo.

Alba Sotolongo, vecina a cargo de su cuidado, comenta que desde el 2010 el techo de la vivienda de Martínez fue declarado en peligro de derrumbe por el Instituto de la Vivienda.

En su silla de ruedas, Frank Tejera debe vender confituras para sobrevivir (Foto: Osniel Carmona)
En su silla de ruedas, Frank Tejera debe vender confituras para sobrevivir (Foto: Osniel Carmona)

Luego de múltiples gestiones realizadas por los representantes de la ACLIFIM y los vecinos, el presidente del Poder Popular en Arroyo Naranjo y la Dirección Municipal de Vivienda prometieron encontrar una pronta solución. Años después y un rosario de quejas de por medio, la respuesta continúa en el aire.

“Él tiene orden de albergue, pero lo han dejado aquí porque, entre comillas, no hay un albergue disponible. También tiene un subsidio de construcción otorgado y esta es la hora en que no ha llegado un grano de arena. Dicen que Arroyo Naranjo es el municipio más atrasado. Pero fuera de eso, tampoco recibe ni un jabón de lavar”, espetó Sotolongo.

A la edad de 51 años, con los últimos veinte vividos en condición de invalidez motora, Frank Tejera Carrazana relata que sobre una silla de ruedas a menudo tiene que correr para poner a salvo de inspectores y policías, las confituras que vende para sobrevivir en el Consejo Popular La Palma, Arroyo Naranjo.

“No quiero saber de la ACLIFIM, ni de los Trabajadores Sociales o de ninguna de esa gente”, comenta Tejera. “Nunca me quisieron dar una pensión, aunque no puedo trabajar. La silla (de ruedas) tuve que comprarla en 150 fulas (CUC) porque si no sigo en la cama, matándome el hambre. Aquí los minusválidos no valemos nada”.

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