septiembre 8, 2026

“Es una tarea de Raulito”: así consiguió 30 hectáreas de tierras estatales un amigo del Cangrejo

Documentos y testimonios obtenidos por 'CubaNet' revelan cómo Roberto Carlos Chamizo González, amigo de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el Cangrejo, acumuló 30 hectáreas de tierra en Habana del Este y levantó un negocio de lujo que Gaviota vende hoy a los turistas.
Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como Raulito o el Cangrejo (Ilustración: CubaNet)

—El coronel Ibáñez y yo queremos ir a verte por una tarea de Raulito. ¿Podemos pasar ahora? —preguntó por teléfono el primer coronel Carlos, uno de los altos cargos de la Dirección Técnica de Investigaciones (DTI) de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR).

—Aquí los espero —respondió el ingeniero Esmeregildo Martínez Gámez, entonces delegado del Ministerio de la Agricultura en La Habana.

Ninguno de los dos oficiales ofreció su nombre completo. Martínez los conoció como el primer coronel Carlos y el coronel Ibáñez, y así los identifica hoy. Presentarse ante los civiles solo con el grado y un nombre —o un apellido— es práctica habitual entre los oficiales del MININT.

Martínez no necesitó preguntar quién era Raulito. Entre aquellos oficiales, el diminutivo estaba reservado para Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto, escolta y hombre de confianza de Raúl Castro Ruz, también conocido como el Cangrejo. Si una solicitud llega en su nombre a cualquier institución cubana no se interpreta como un favor que puede concederse o rechazarse. 

Unos 40 minutos después, los dos militares entraron en la sede de la Delegación Provincial de la Agricultura de La Habana acompañados por un joven al que presentaron como Roberto Carlos Chamizo González.

Ese día, Chamizo ―delgado, cabello oscuro, barba cuidadosamente recortada― vestía pantalones cortos, camisa blanca y tenis de diseñador. Todo en él ―la ropa impecable, el aspecto pulcro, la seguridad con que se movía entre los oficiales― contrastaba con la imagen de los productores que acudían habitualmente a aquellas oficinas. Al estrecharle la mano, Martínez pensó que aquel hombre parecía más un modelo que alguien acostumbrado a trabajar la tierra.

La encomienda fue concisa: el delegado debía legalizar con urgencia 6,27 hectáreas de tierra, en teoría, para uso agrícola, que Chamizo ya ocupaba en el municipio de Habana del Este. Los oficiales insistieron en que el trámite debía resolverse cuanto antes porque el joven saldría del país a “cumplir misiones”. Era importante que nada fallara: se trataba de una petición personal de Raulito.

—Esta tarea debe manejarse con la máxima discreción, pues constituye un asunto de seguridad nacional —le advirtió el primer coronel Carlos, recuerda Martínez.

El delegado sabía que no podía negarse y no hizo preguntas, aunque desde el principio detectó varias irregularidades. En Cuba no puede donarse la tierra ni cederse discrecionalmente el derecho de usufructo, como Chamizo explicaba que había obtenido aquella superficie. Al ser terrenos agrícolas, tampoco pueden destinarse a algo que no sea la producción de alimentos, una actividad en la que el joven no parecía estar interesado. Además, todo el proceso debía comenzar a nivel municipal, donde los terrenos eran declarados oficialmente ociosos.

La petición no cumplía ninguno de esos requisitos básicos. Pero Martínez, que hasta ese momento no conocía de la existencia de Chamizo y recién se enteraba de que esos terrenos habían cambiado de dueño, entendió que tampoco sería tramitada como la solicitud de un campesino común. Dos altos oficiales de la PNR habían llegado hasta su oficina para comunicarle que aquello era una cuestión de seguridad nacional y que detrás de aquella solicitud estaba el nieto de Raúl Castro.

El 15 de agosto de 2021, Martínez firmó la Resolución 347, mediante la cual las 6,27 hectáreas quedaron legalizadas a favor de Chamizo en condición de usufructo por 20 años. Y después de ese período podían renovarse.

Así nació en el camino San Gabriel, dentro del municipio de Habana del Este, a unos 30 o 35 minutos en auto desde el centro de la capital, un negocio turístico conocido como Hacienda El Patrón, relacionado con el mayor grupo empresarial del país: GAESA.

(Cortesía: Esmeregildo Martínez Gámez)

El ingeniero Martínez entonces creyó que se trataba de una concesión excepcional y que no volvería a saber de Chamizo. Se equivocaba. La llamada recibida a comienzos de julio no había puesto en marcha un trámite aislado, sino una larga cadena de favores, presiones y arbitrariedades que distintos oficiales transmitirían en nombre de el Cangrejo.

El heredero de la Isla

Durante años, Raúl Guillermo Rodríguez Castro fue conocido principalmente como el nieto y jefe de seguridad personal de Raúl Castro. Apodado el Cangrejo por una anomalía con la que nació en una de sus manos, acompañaba a su abuelo en actos oficiales y viajes, casi siempre varios pasos detrás y sin ofrecer declaraciones públicas. 

Sin embargo, en los últimos meses ha emergido como uno de los poderosos a la sombra dentro del opaco régimen cubano. 

Pese a que no ocupa un cargo público conocido, Raulito o el Cangrejo se ha convertido en uno de los interlocutores principales del régimen con Washington.  

Según revelaron medios internacionales en febrero de 2026, el nieto de Raúl sostuvo conversaciones discretas con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, durante una cumbre en San Cristóbal y Nieves.

En abril, el Cangrejo volvió a reunirse, en La Habana, con representantes estadounidenses y el 14 de mayo participó en un encuentro con el director de la CIA, John Ratcliffe, durante una inusual visita de alto nivel a la Isla. 

Finalmente, en julio, Raulito abandonó parcialmente la discreción y declaró al periódico USA Today que estaba dispuesto a negociar con cualquier representante designado por Estados Unidos, incluso con Donald Trump. 

Sin embargo, el poder del Cangrejo no solo es político; también es económico. 

En su vida hay dos conexiones clave. Es hijo de Débora Castro Espín y, por tanto, nieto de Raúl Castro. Pero también es hijo del general de división Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, quien dirigió GAESA hasta su muerte en 2022 y convirtió ese conglomerado militar en el principal poder económico de Cuba. 

Públicamente no se ha anunciado que el Cangrejo esté manejando el emporio empresarial que construyó su padre. 

Sin embargo, una coalición de medios documentó en 2025 la cercanía de Raulito con la actual cúpula de GAESA. Según esta investigación, el nieto de Raúl Castro acompañó, en al menos una ocasión, en un vuelo privado a Panamá, a la general de brigada Ania Guillermina Lastres Morera, sucesora de su padre al frente del conglomerado militar.

Y, como muestra el caso de la Hacienda El Patrón revelado más arriba, el Cangrejo ha utilizado su influencia para favorecer los negocios de GAESA y su entorno, interviniendo en asuntos que formalmente corresponderían a ministerios, gobiernos territoriales o empresas estatales. 

Su nombre basta para abrir puertas, movilizar a funcionarios y obtener privilegios, incluso cuando sus intereses en el sector turístico chocan con prioridades tan cruciales para el país como la producción de alimentos.

El caso de la Hacienda El Patrón no solo evidencia cómo en el país se pasa por encima de la institucionalidad para otorgar privilegios a particulares vinculados con la familia Castro. También expone cómo algunas de las medidas económicas que en la actualidad promueven figuras del régimen, como el propio Cangrejo, podrían servir, entre otras cosas, para facilitar aún más la apropiación de bienes estatales de la que ellos mismos se han beneficiado.

Esta investigación partió del testimonio de Esmeregildo Martínez Gámez, exdelegado de la Agricultura en La Habana y participante directo en varias de las gestiones administrativas descritas.
Durante meses, CubaNet reconstruyó junto a él la secuencia de hechos y presiones que rodearon la expansión de la Hacienda El Patrón. Su relato fue contrastado con el de otras personas que conocieron los hechos. Se revisaron fechas, cargos y procedimientos y se comprobó la correspondencia entre los episodios narrados y los trámites realizados ante distintas instituciones. También se examinaron documentos internos de organismos cubanos que respaldan partes esenciales de los testimonios, un acceso poco habitual en el periodismo independiente de la Isla, donde este tipo de información suele permanecer fuera del alcance público. Con autorización de las fuentes, parte de esa documentación se reproduce en este reportaje.

Una finca más grande para El Patrón

La Hacienda El Patrón comenzó a tomar forma en 2020, cuando Chamizo ―que cursó estudios en una escuela del MININT y luego fue formado por el Departamento de Contrainteligencia― empezó a acumular terrenos agrícolas en Habana del Este que habían sido entregados a campesinos. 

Según la documentación y los testimonios examinados por CubaNet, algunas de aquellas operaciones fueron presentadas como “donaciones” realizadas por los productores a Chamizo, aunque estos no eran propietarios de las tierras, que pertenecían al Estado, sino únicamente titulares de derechos de uso.

Esto provocó que en 2021, Esmeregildo Martínez Gámez, entonces funcionario del sector agrícola en La Habana, recibiera presiones para legalizar la situación. Utilizando el nombre del Cangrejo, funcionarios le exigieron que autorizara la entrega a Chamizo de 6,27 hectáreas de terreno, el equivalente a unos nueve campos de fútbol.

La operación estuvo rodeada desde el inicio de irregularidades. Se le exigió a Martínez que aceptara la cesión de terrenos estatales como si se tratara de propiedades particulares y que entregara suelos destinados a la producción agropecuaria a un particular que carecía de experiencia en el sector y que en realidad iba a utilizarlos para actividades turísticas y recreativas.

Este fue el comienzo de una sucesión de decisiones arbitrarias que acompañaría el crecimiento de El Patrón. 

Con el tiempo, las autoridades también toleraron que Chamizo cercara una presa que no formaba parte de las tierras concedidas y que era utilizada para abrevar los búfalos de una empresa estatal. 

Además, los caballos que hoy forman parte de los paseos turísticos que ofrece la hacienda, también le fueron cedidos al joven por una entidad estatal, según las fuentes consultadas.

Para 2022, Chamizo ya había levantado en los terrenos varias instalaciones gastronómicas y recreativas. Sin embargo, aquellas inversiones no se traducían en producción de alimentos, principal finalidad por la cual el Estado cubano entrega tierras en usufructo. 

Las 6,27 hectáreas tampoco parecían suficientes: el empresario pretendía incorporar nuevas áreas —vaquerías, instalaciones y recursos pertenecientes a la estatal Empresa Agropecuaria Bacuranao—.

Martínez, que precisamente acababa de asumir la dirección de esta empresa en ese tiempo, volvió a encontrarse con las exigencias de Chamizo. Vía telefónica, el empresario le comunicó que quería todas las tierras y vaquerías situadas alrededor de la hacienda para desarrollar un proyecto de ecoturismo y atención a visitantes extranjeros.

Antes de responder, Martínez, que ya sabía con quién hablaba, consultó a Yuliet Caballero Reina, responsable de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Genética Bufalina Victoria de Girón y representante legal de las vaquerías y terrenos destinados al desarrollo científico del búfalo en esa zona. 

Caballero le explicó que ella ya había tenido problemas con el propietario de El Patrón. 

Al cercar sin autorización una presa a la que antes podían acceder los búfalos de la empresa estatal, Chamizo había impedido que los animales tomaran agua. Pero los búfalos, movidos por la sed, rompían la cerca para acceder al embalse, lo que había provocado las quejas del empresario.

Además, el dueño de El Patrón ya le había exigido a ella que le entregara instalaciones de la empresa. Caballero se había negado, alegando que la solicitud no estaba amparada por la ley y que significaría la pérdida de algunas de las mejores vaquerías productoras de la UEB, lo que afectaría los resultados económicos de la empresa y los ingresos de sus trabajadores.

El Decreto 350/2018, reglamento del Decreto-Ley 358/2018, establece una protección específica para las instalaciones y la infraestructura de los programas estatales de ganadería genética. Las tierras ociosas pueden entregarse en usufructo para incorporarlas a la producción agropecuaria, pero Chamizo no reclamaba terrenos abandonados: pretendía ocupar áreas que ya producían, mientras las que había recibido eran utilizadas principalmente para actividades recreativas.

Martínez, como había hecho Caballero, intentó frenar la ampliación de la finca de Chamizo. Le explicó al empresario que, antes de recibir más tierras, debía explotar las que ya tenía, cumplir sus contratos y corregir las violaciones detectadas, incluido el cierre del acceso a la presa.

“Me respondió que era independiente, que podía hacer lo que quisiera en sus tierras y que la presa se la habían dado ‘los jefes’. Con los jefes se refería al Cangrejo y a [Manuel] Marrero [Cruz, primer ministro del régimen]”, relató Martínez a CubaNet.

Frenético, Chamizo le advirtió que pediría personalmente al primer ministro que llamara al titular de la Agricultura, Ydael Jesús Pérez Brito, para que este, a su vez, ordenara autorizar la entrega. Esto efectivamente ocurrió. Poco después, el ministro llamó al delegado provincial para presionarlo.

Mientras reclamaba más tierras estatales, Chamizo era presentado públicamente como un productor agroecológico. En junio de 2022, varios medios internacionales reprodujeron una pieza idéntica de marcado tono promocional en la que el joven empresario se presentó bajo una identidad falsa. Bajo el nombre Carlos Milán, le dijo a los medios que cultivaba boniato y habichuelas, compartía las cosechas con vecinos y familiares y llevaba alimentos a hospitales. 

La imagen difundida contrastaba con lo que ocurría sobre el terreno: Hacienda El Patrón era en realidad un negocio turístico. Chamizo intentaba incorporar áreas productivas, vaquerías y recursos de una empresa estatal, pero no para producir alimentos sino para atraer turistas.

A comienzos de 2023, la expansión de la finca dejó de ser una aspiración expresada únicamente por Chamizo. La solicitud comenzó a movilizar a algunos de los funcionarios más importantes del Gobierno cubano. Jorge Luis Tapia Fonseca, entonces viceprimer ministro, e Ydael Jesús Pérez Brito, ministro de la Agricultura, visitaron personalmente El Patrón para apoyar el negocio de Chamizo.

Martínez, que seguía al frente de la Agropecuaria Bacuranao, fue convocado al recorrido. Según su testimonio, Tapia explicó delante de los presentes que había acudido por indicación de sus superiores para ayudar a Chamizo a agilizar los trámites pendientes. La finalidad, le dijo, era entregar más tierras a la Hacienda El Patrón para “cuidar a los jefes”.

La nueva solicitud de terrenos superaba ampliamente las concesiones anteriores. Tapia y Pérez Brito pretendían que Bacuranao preparara la entrega de más de 20 hectáreas pertenecientes al programa genético bufalino. 

No eran terrenos abandonados ni improductivos, sino áreas estatales explotadas, con vaquerías, animales, trabajadores e instalaciones vinculadas a uno de los principales programas ganaderos de La Habana.

Bacuranao tampoco era una entidad menor. En 2018, la prensa oficial publicó que la empresa aportaba el 86% de la leche, el 78% de la carne y el 48% de las viandas, vegetales, granos y frutas producidos en la capital.

Martínez se negó a responsabilizarse por la operación. Advirtió que una decisión de ese alcance debía notificársele por escrito y señaló que la transferencia afectaría el patrimonio y los resultados económicos de la empresa. No estaba dispuesto, aseguró, a ejecutarla a partir de una instrucción verbal.

Horas después fue creada una comisión ministerial para atender las solicitudes de Chamizo. Según Martínez, la comisión quedó encabezada por el entonces viceministro de Agricultura Maury Echevarría Bermúdez. Y, de nuevo, por orden del Cangrejo, le entregaron a Chamizo 21,71 hectáreas el 12 de abril de 2023.

(Cortesía: Esmeregildo Martínez Gámez)

Para mediados de 2023, Chamizo era usufructuario legal de 27,98 hectáreas en Habana del Este, a las que, además, se sumó una porción de 2,3 hectáreas consignadas a favor del joven en un expediente que apareció de la nada. A Chamizo le otorgaron 30 hectáreas, casi cinco veces más de lo que se le entrega, como promedio, a un productor que inicia, según Martínez.

Al cierre de este reportaje, en septiembre de 2026, Chamizo está a la espera de que le legalicen otras 70 hectáreas, y ha ido tomando poco a poco posesión de algunas.

(Cortesía: Esmeregildo Martínez Gámez)

El trato hacia el empresario contrasta con el que recibían los productores ordinarios. Mientras el amigo del Cangrejo exigía áreas ya explotadas para ampliar un proyecto turístico, en las oficinas de Bacuranao permanecían pendientes unas 20 solicitudes de campesinos interesados en obtener tierras para producir alimentos. Ellos debían someterse al procedimiento regular y esperar una respuesta de la burocracia estatal; las exigencias de Chamizo, en cambio, movilizaron a ministros, viceministros y a un viceprimer ministro.

“A esa finca no se puede ni entrar. Está vetada para inspecciones de verdad y protegida por los jefes del país”, aseguró a CubaNet un antiguo trabajador de Bacuranao, cuya identidad se reserva para evitar represalias.

La apropiación de aquellas áreas resulta todavía más grave frente a la crisis alimentaria que atraviesa Cuba. En 2025, el propio Gobierno reconoció que la agricultura, la ganadería habían retrocedido 53,4% en cinco años, mientras el Programa Mundial de Alimentos advirtió que la inseguridad alimentaria seguía siendo un problema significativo, agravado por la inflación, la escasez y la prolongada contracción económica. 

En un país donde producir comida se ha convertido en una urgencia nacional, cada hectárea cultivable, cada vaquería y cada fuente de agua son recursos esenciales. Sin embargo, algunas de las mejores áreas de la Empresa Agropecuaria Bacuranao y una presa necesaria para el rebaño bufalino quedaron bajo la ambición de un empresario “privado” que no destacaba por producir alimentos, sino por ostentar públicamente su cercanía al Cangrejo, según múltiples fuentes consultadas.

Además de la entrega de tierras, otro de los privilegios obtenidos por Chamizo fue poder importar semillas sin seguir los protocolos sanitarios. Documentos revisados por CubaNet indican que la gestión ante la empresa rusa CGC la impulsó el propio Marrero Cruz para promover el cultivo de uvas en El Patrón. 

El 27 de septiembre de 2024 llegaron al Aeropuerto Internacional “José Martí” de La Habana posturas de tres variedades de uva para sembrarse en la hacienda. No contaban con el certificado fitosanitario internacional requerido. Pese a ello, las plantas salieron de la terminal, fueron trasladadas y sembradas en El Patrón. Algo que a otros productores no se les habría permitido.

Días después, el Laboratorio Central de Cuarentena Vegetal detectó tres bacterias en las posturas. El Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología ratificó los resultados en febrero de 2025 y, un mes después, se ordenó eliminar todas las variedades.

Glamping promocionado por GAESA

La Hacienda El Patrón se presenta hoy como un oasis de lujo levantado en medio del campo habanero. Senderos cuidados atraviesan jardines de palmas, flores y césped hasta llegar a una piscina rodeada de tumbonas y hamacas. 

La presa en la que solían beber los búfalos del rebaño estatal, y de la que se apropió Chamizo, es mostrada a los visitantes como un apacible lago en el que se ofrecen paseos en kayak y otras actividades acuáticas.

Los caballos blancos recorren las praderas mientras el negocio anuncia masajes al aire libre, sesiones de yoga y traslados exclusivos. 

El restaurante reproduce una versión sofisticada de la vida campesina, con mesas elegantes, cócteles, tabacos y platos de cerdo asado, congrí, plátanos fritos y yuca con mojo, promocionados bajo el concepto “de la granja a la mesa”.

El principal símbolo de opulencia son sus alojamientos de glamping: grandes tiendas de campaña convertidas en habitaciones y villas con piscinas privadas. 

La decoración combina deliberadamente lo rústico y lo exclusivo para ofrecer la apariencia de una naturaleza intacta, sin renunciar al aire acondicionado, el servicio personalizado ni las comodidades de un hotel de lujo.

Según documentó CubaNet, la hacienda es el único “privado” que Gaviota Tours, perteneciente al conglomerado militar GAESA, ha incorporado a su catálogo de excursiones. 

La agencia suele dirigir sus paquetes hacia hoteles e instalaciones controladas por el propio grupo militar.

La excursión a la hacienda cuesta 109 dólares por persona. Dos operadores de Gaviota confirmaron que los comerciales recibieron instrucciones de ofrecerla de manera prioritaria a los turistas que visitan la Isla. 

De ese modo, el mismo Estado que presionó para la entrega de los terrenos y movilizó a altos funcionarios para lograrlo, terminó utilizando su estructura turística para promocionar este negocio.

Chamizo, Raulito y GAESA: un triángulo de poder y negocios

La cercanía entre Chamizo y Raúl Guillermo Rodríguez Castro no se sostiene únicamente en el testimonio de Martínez ni en los relatos de las familias campesinas entrevistadas por CubaNet

Un episodio ocurrido en abril de 2026 expuso públicamente una relación que hasta entonces se movía, sobre todo, entre órdenes verbales, visitas privadas y gestiones administrativas.

Fuentes del Gobierno estadounidense citadas por Martí Noticias aseguraron entonces que Chamizo viajó a Estados Unidos como portador de una carta atribuida al Cangrejo y dirigida al presidente Donald Trump, con la intención de establecer un canal de comunicación fuera de las vías diplomáticas. 

Las autoridades estadounidenses lo devolvieron a Cuba porque no tenía estatus diplomático reconocido. 

Este episodio reveló tanto la cercanía entre Chamizo y el Cangrejo, como los esfuerzos que están haciendo ambos para que el régimen y los negocios que han hecho sobrevivan en un momento de particular debilidad.

De hecho, el Cangrejo no solo está involucrado en esfuerzos diplomáticos. El nieto de Raúl Castro también ha impulsado las 176 medidas económicas, según contó él mismo en una entrevista. Estas transformaciones aprobadas recientemente por el Gobierno buscan ampliar la participación del sector privado en la economía del país. 

Algunas de estas medidas facilitarían o legalizarían precisamente las prácticas de apropiación de bienes estatales que durante años han favorecido a las élites del régimen.

Las nuevas normas, entre otras cosas, permitirán conceder a empresas privadas derechos de usufructo y superficie sobre terrenos estatales, construir inmuebles destinados a servicios, combinar varias actividades bajo una misma empresa y entregar al turismo áreas con instalaciones ya levantadas.

Una finca creada jurídicamente para producir alimentos podría ahora dedicarse a alojamiento, gastronomía, excursiones y ecoturismo sin abandonar formalmente su actividad agropecuaria. O sea, otros empresarios cercanos a la cúpula podrían replicar sin trabas la fórmula que Chamizo y Raulito siguieron en la Hacienda El Patrón. 

Si bien las medidas no borran por sí mismas las infracciones anteriores, crean los instrumentos con los cuales el Estado podría regularizar sin impedimento alguno el patrimonio acumulado por Chamizo y otros cercanos al poder, o que son el poder en sí mismos.

GAESA, la herencia del Cangrejo

En el centro de todo está GAESA, el conglomerado militar que controla buena parte de los sectores más rentables de la economía cubana. 

Aunque el Cangrejo no ocupa públicamente un cargo equivalente al que ocupó su padre en GAESA, su posición familiar, su cercanía a Raúl Castro y a Marrero Cruz (un militar que también procede de GAESA) y su influencia en asuntos económicos y políticos lo colocan como uno de los posibles herederos de la estructura de poder construida alrededor del conglomerado.

Chamizo, por su parte, administra negocios que operan en espacios controlados por GAESA. 

El ejemplo más visible es El Patrón, pero la relación de Chamizo con el entramado empresarial militar no se limita a la hacienda. Como reveló una investigación anterior de CubaNet, Chamizo también administra Mía Culpa Havana, un restaurante ubicado dentro del Hotel Iberostar Grand Packard de La Habana, propiedad también de GAESA. 

El chef del establecimiento, Ramsés González Méndez, diseñó además los menús de El Patrón y figura como apoderado de RCCH Investment S.L., sociedad constituida por Chamizo en España. 

Los vínculos conectan así sus empresas privadas con instalaciones, servicios y canales turísticos pertenecientes al conglomerado militar.

La opacidad de GAESA —cuyas estructuras, balances y mecanismos internos de decisión escapan al escrutinio público— impide delimitar dónde termina el patrimonio estatal y dónde comienza el uso particular que la élite que administra el grupo hace de sus recursos.

Esa propia élite se encarga de borrar los límites entre lo estatal y lo privado. 

El Cangrejo no solo fue mencionado como la autoridad que ordenaba favorecer a la hacienda, sino también ha sido visto varias veces en la finca.  

De hecho, el nieto del dictador no solo ha vacacionado en la finca. También ha utilizado instalaciones estatales de la misma zona como espacios privados de recreo.

Una de esas visitas quedó registrada en un informe manuscrito del núcleo zonal 48 del Partido Comunista de Cuba (PCC), al que CubaNet tuvo acceso. El documento describe la llegada del Cangrejo, el sábado 4 de febrero de 2023, a la unidad bufalina El Caney, perteneciente a la Empresa Agropecuaria Bacuranao y ubicada en la zona de Arango, cerca de la Hacienda El Patrón.

Eran aproximadamente las dos de la tarde cuando una caravana de seis vehículos “de alta gama” entró en la unidad. En ellos viajaban entre 14 y 16 personas, “en su mayoría jóvenes”. Entre los visitantes, el informe identificó expresamente al nieto de Raúl Castro.

Junto a los automóviles ingresó un camión perteneciente a la Empresa Nacional para la Protección de la Flora y la Fauna. Transportaba ocho caballos ensillados. La comitiva no acudió para inspeccionar la vaquería ni interesarse por la producción ganadera: llegó preparada para pasar la tarde en el campo, montar a caballo y consumir bebidas alcohólicas importadas.

Según el documento, ninguno de los visitantes se identificó ni explicó a los trabajadores el motivo de su presencia. Entraron y ocuparon durante horas una instalación estatal como si se tratara de una propiedad particular. La escena produjo malestar entre los obreros, que vieron cómo un grupo de jóvenes, protegido por la identidad de uno de ellos, utilizaba impunemente los bienes de una empresa pública para su entretenimiento.

La incomodidad alcanzó incluso a militantes del PCC. “Situaciones como estas son caldo de cultivo para la subversión del enemigo, para alejarnos de los dirigentes de la Revolución”, advirtió el secretario del núcleo zonal 48 en su informe. 

Después reprodujo la frase que, según su relato, comenzaba a circular entre los trabajadores: “Como son los hijos del papá, no pasa nada”.

(Cortesía: Esmeregildo Martínez Gámez)

*CubaNet solicitó comentarios a Roberto Carlos Chamizo González y al Ministerio de la Agricultura vía Whatsapp y correo electrónico. Al cierre de esta edición no había recibido respuesta.


**Debido a las presiones ejercidas por Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo”, y Roberto Carlos Chamizo, Martínez no solo perdió su trabajo, sino que también enfrentó un proceso penal. Actualmente se encuentra exiliado y acaba de publicar sus memorias donde narra todo el histogamiento que sufrió junto a su familia.

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