“Tuve que falsificar estadísticas médicas y botar muchos medicamentos”

“Tuve que falsificar estadísticas médicas y botar muchos medicamentos”

Hoy, gracias a declaraciones de médicos internacionalistas, conocemos no sólo que los medicamentos cubanos que hoy faltan en las farmacias de la Isla se exportan, sino también el destino que les espera

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Médicos cubanos con Nicolás Maduro. Foto EFE

LA HABANA, Cuba.- En estos tiempos de COVID-19 el gobierno comunista le pide a la población que siga las medidas de protección, entre ellas el uso del nasobuco, mantener el distanciamiento físico y el aislamiento social. Además, insiste en la protección a las personas más vulnerables. Sin embargo, la falta de medicamentos provoca grandes colas en las farmacias, en su mayoría de ancianos y enfermos crónicos que se arriesgan y hacen fila desde horas tempranas en espera del camión para saber si trajeron el medicamento que el médico les prescribió, o si —como es tan habitual—– está en falta.

Y es que la escasez de medicinas es un grave problema que sufrimos los cubanos desde hace años, aunque sea frecuente escuchar a dirigentes y medios afirmar que el Estado invierte cuantiosos recursos en la salud pública para proteger la vida y la salud de la población.

Según medios oficiales, 761 medicamentos conforman el cuadro básico de la industria farmacéutica cubana. De ellos, 275 son importados y 486 son producidos en los laboratorios de BioCubaFarma, que suministran el 82 % de los medicamentos que venden las farmacias. Pero el suministro frecuentemente es inferior a la demanda, sólo alcanza para los primeros de la cola, por lo que muchos nos preguntamos a dónde va a parar el resto.

Una de las mentiras más grandes que hemos escuchado a través de los 60 años de dictadura es la excelencia del sistema de salud pública cubano, al que Fidel Castro llegó a catalogar de “potencia médica”. Y es que cuando se vive en un país como el nuestro, con una prensa al servicio de la dictadura, es imposible que salga a la luz pública el viacrucis que atraviesan los enfermos cuando necesitan de esa atención médica “gratuita”. ¡Tantos cubanos hemos sido víctimas de la negligencia médica! Y al quejarnos chocamos no sólo con una barrera de indolencia, sino que también al llevar nuestra inconformidad más allá del ámbito nacional nos hemos visto acosados por la Policía política.

En 1979 mi esposo sufrió un accidente de trabajo que le produjo desprendimiento de retina y sangramiento de la mácula. Ingresado en el hospital oftalmológico Ramón Pando Ferrer (la Liga contra la Ceguera) lo atendía un médico chileno, el Dr. Vidal. Después de algún tiempo de tratamientos ineficaces —ya que cada vez perdía más visión— se enteró a través de un amigo que el gobierno cubano compraba en EE.UU. el Bioflavonoid (un medicamento para el problema en la mácula) para algún dirigente, y además para Alicia Alonso, solo que su prescripción debía ser a través del médico. Dentro de las evasivas dadas por el Dr. Vidal ante el pedido de mi esposo, aún recuerdo estas titubeantes palabras: “Bueno, en realidad eso no te cura. Eso lo que hace es detener el avance de la enfermedad”.

A los pocos días de esta conversación se presentó en nuestra casa un hombre que dijo ser de salud pública, muy interesado en saber con quién se había enterado mi esposo de esa compra. Era evidente que el médico chileno había informado sobre la situación. Por suerte, pronto logró cambiar de médico y consiguió la prescripción.

Mientras persiste la falta de medicinas, el gobierno esgrime diversos argumentos, tales como el bloqueo (embargo), la falta de financiamiento oportuno para pagar a los proveedores de las materias primas, falta de envases e insumos, cierre de fábricas de algunos proveedores (por lo que han tenido que buscar otros mercados). Pero nunca han confesado que Cuba exporta esas medicinas que para los cubanos están en falta —aunque sí se ha comentado desde hace bastante tiempo—. Hoy, gracias a declaraciones de médicos internacionalistas, conocemos no sólo que se exportan, sino también el destino que les espera a esos medicamentos.

Dr. Eduardo Pino, especialista en Medicina General Integral. Misión en Venezuela, 2013: “Los medicamentos que estaban en falta en Cuba se los llevaban a Venezuela, y a veces hasta se medicaba de más para justificar la cantidad de consultas. Y en tiempo de elecciones traían más medicamentos para contentar a la gente y convencerlos de votar por Maduro”.

Dr. Jesús Sánchez, especialista en Oftalmología. Misión en Bolivia, del 2008 al 2011: “Yo operaba cataratas y pterigión dentro de la operación Milagro. Teníamos que hacer 20 cirugías diarias, pero a veces no teníamos a los candidatos para operar, no todos los bolivianos confiaban en nosotros. La coordinadora me dijo que teníamos que inventar la estadística de los pacientes vistos, y todo tenía que cuadrar, el diagnóstico que tú dabas con los medicamentos, porque los medicamentos de la farmacia en los puestos médicos quien los enviaba era Cuba y también cobraba por ellos. Vi en la farmacia medicamentos que en ese momento, en Cuba, estaban en déficit, y al tener que inventar los pacientes y las estadísticas teníamos que desecharlos, no debía haber exceso de medicamentos cuando supuestamente habíamos visto 20 pacientes diarios. Había una fuerte presión para cumplir con ciertas metas, y si esas metas no se alcanzaban, podíamos ser enviados de regreso a Cuba, y sin el pago de nuestro trabajo”.

Dra. Mara González, especialista en Medicina General Integral. Misiones en Venezuela del 2014 al 2015 y Brasil en 2016: “Yo estuve en Venezuela del 2014 al 2015 y allí tuve que falsificar documentos y estadísticas médicas. Tuve que botar muchos medicamentos. Tenía que coger una pala, abrir un hueco y enterrar todas esas medicinas; como tenía que falsificar las hojas de cargo para que pareciera que atendíamos más pacientes, después había un sobrante que tenía que desaparecer. Lo más triste es que esas mismas medicinas que desechamos están en falta en Cuba”.

Dr. Raicel Delgado Sánchez, especialista en Medicina General Integral. Misión en Brasil del 2015 al 2017 y Venezuela: “Se nos exigía que reportáramos la mayor cantidad de pacientes además de diagnósticos falsos. En cuanto a las estadísticas, se manejaban igual que aquí en Cuba: falseándolas. Sobre todo las estadísticas de niños, embarazadas y ancianos. En cuanto a los medicamentos, se hacía buen uso de ellos, muchos eran del país, pero otros provenían de varias naciones e incluso de Cuba. Los medicamentos que nosotros necesitábamos los indicábamos a cualquier paciente para quedarnos con ellos y traerlos para Cuba, ya que aquí estaban en falta”.

Dr. Víctor, especialista en Cirugía Ortopédica. Misiones en Venezuela del 2009 al 2012 y del 2014 al 2018: “Resulta doloroso desechar medicamentos, conociendo las carencias que hay en mi país. Es injusto que Cuba sea el país emisor y en su red de farmacias no tiene esas medicinas para los pacientes cubanos. Yo tenía que regalarlos, con tanta falta que nos hacen. Estábamos obligados a elevar la cifra de pacientes en nuestros reportes. Teníamos que tener entre 33 y 40 diarios. Realmente yo atendía entre 8 y 14 pacientes, nunca llegué a 20, pero había que reportar pacientes ficticios y los coordinadores lo exigían”.

Dr. Emilio Rodríguez, especialista en Medicina General Integral. Misión en Venezuela: “En nuestras hojas de cargo teníamos que tener más de 35 pacientes, aunque fuera falso. Los coordinadores controlaban estas hojas porque ellos tenían que dar un parte general a Cuba. El gobierno se encarga de negociar con Venezuela sobre las prestaciones de servicios médicos a la población venezolana. Todo nuestro trabajo estaba encaminado a mantener a los gobiernos afines a Cuba. Teníamos medicamentos que se usaban solo en tiempos de elecciones cuando los militares nos ordenaban”.

Dra. Marta Garce Rojas, especialista en Otorrinolaringología. Misión en Venezuela del 2017 al 2019: “Había que reportar pacientes reales y ficticios, y se manipulaban las estadísticas, igual que en Cuba. Los medicamentos, la gran mayoría, venían de Cuba. Lógicamente teníamos que vender la idea de que somos una potencia médica y sabíamos que el cubano está sin medicamentos”.

Dr. No. 1 (Tecnología de la Salud, Traumatología y Ortopedia), Ecuador: “En 2014 las 25 personas enviadas a Ecuador recaudamos $ 10.3 millones por la venta y aplicación del Heberprot-P, factor de crecimiento epidérmico humano recombinante para el pie diabético”.

Dr. No. 2 (Odontología), Venezuela, Ecuador: “Te obligan a mentir, a falsificar información. Teníamos que informar 25 pacientes al día y había que cuadrar los números. Los medicamentos, la anestesia y la amalgama había que desaparecerlos. Me dolía porque sabía que eso se necesitaba en Cuba. Todos los medicamentos, el instrumental, los desechables como guantes, mascarillas, gasas, se traían de Cuba. Por las consultas de medicina pagaban un fijo, pero en odontología Venezuela pagaba según la cantidad de pacientes atendidos, por eso querían inflar las estadísticas”.

Dr. No. 3 (Terapia Intensiva), Venezuela: “Siempre reportábamos el máximo de capacidad para inflar las estadísticas, teníamos que inventar pacientes fantasmas con diagnósticos que no existían, salas vacías que se reportaban como llenas. Algunos medicamentos los traen de Cuba, pero muchos son donados por la Organización Mundial de la Salud”.

Dr. No. 4 (Medicina General Integral), Bolivia y Brasil: “Me dijeron que tenía que informar 30 pacientes por día, en un parte diario telefónico al jefe a las 6:00 p.m. Tenía que inventar pacientes y diagnósticos falsos. Cuba le vendía los medicamentos a Bolivia. Cada consultorio tenía un stock de medicamentos, y a fin de mes teníamos que destruir los que no usábamos para justificar las consultas. Muchos de los que destruíamos estaban en falta en Cuba: Timolol, antibióticos, cremas como Clobetasol, Triamcinolona, sueros de hidratación venosa, jeringuillas y espejuelos. Los jefes de la misión iban a hacer inventario cada tres meses. En las tardes los médicos teníamos que salir a captar pacientes en las calles y mercados y llevarlos a operarse de los ojos como parte de la Operación Milagro. En el pterigión (cuña en el globo del ojo que puede invadir la córnea) solo los estadios 2 y 3 son operables, pero a veces operaban casos del estadio 1 para sumar estadísticas”.

Dr. No. 5 (Tecnología de la Salud, Traumatología y Ortopedia), Ecuador: “En Ecuador el Heberprot-P se aplicaba como se debía, inyectado, en clínicas privadas del Seguro Social que tenían supervisores. En Venezuela, sin embargo, se aplicaba de forma tópica a pacientes que no lo requerían con tal de justificar la venta”.

Dr. No. 5 (Medicina General Integral), Venezuela, Brasil: “Te hacen mentir porque hay que justificar los barriles de petróleo que van para Cuba. Por buscar dinero le inventan una úlcera a cualquiera para ponerle el Heberprot-P, que es el medicamento (cubano) para el pie diabético. La úlcera varicosa es una lesión por falta de circulación que no lleva Heberprot-P y en Venezuela lo aplicaban con tal de cobrar más. Ese país de nosotros es un parásito”.

Durante años hemos escuchado que las dificultades presentadas en nuestro sistema de salud se deben al bloqueo (embargo), pero tal parece que el cacareado bloqueo sólo afecta al cubano de a pie. En el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ), nombre tras el cual se enmascara el magnífico hospital donde se atiende gratuitamente la cúpula gobernante y los más afortunados de sus acólitos, los dirigentes reciben una atención médica especial.

Allí también se atienden dictadores y funcionarios de otros países para ganar así su adhesión absoluta. Estos hospitales cuentan con equipos y tecnología de punta, además de medicamentos de última generación. Las habitaciones son de lujo en comparación con los derruidos hospitales destinados para el pueblo (que en general no tienen ni medicamentos, ni personal suficiente, ni instrumental, ni muebles, ni agua). En el CIMEQ, pacientes y acompañantes disfrutan de cómodas camas, televisión, aire acondicionado y comida a la carta.

Además del CIMEQ, y de la clínica Cira García para extranjeros, el gobierno cubano se vanagloria en la televisión y en la prensa de regalar hospitales a Bolivia, Venezuela, y otros países de Asia, África y América Latina.

El enfermero cubano Alexis, que cumplió misión en Dukhan, Estado de Qatar, de 2013 a 2016, comparte sus impresiones sobre el Hospital Cubano en ese país: “El Hospital Cubano es una institución administrada por La Habana, pero dependiente de la Hamad Medical Corporation. Jamás se nos dijo cuánto era lo que la Corporación pagaba por cada uno de nosotros. Extraoficialmente se decía que pagaban 13 200 euros mensuales por cada enfermero. Nosotros recibíamos un sueldo mensual de 1 000 dólares (unos 890 euros). La ubicación del Hospital, próximo al mayor campo de gas y petróleo de Qatar Petroleum, también favorece el control del personal. Parecía increíble cómo en medio de un desierto pudiera haber algo tan impresionante. Había tecnología que yo ni siquiera podía imaginar que existiera”.

El neurocirujano Armando Alemán, por su parte, relata su experiencia en Angola del 2007 al 2011: “El peor de los destinos es que te manden a una provincia, después que te manden a un hospital público. Las mejores opciones en Angola son la clínica MEDITEX en Luanda o el hospital militar, porque ahí van los generales y la gente que tiene dinero.

“Las misiones te cambian la vida, tú no te imaginas cuando te hablan de internacionalismo que en Luanda haya una clínica privada donde cobran caro por atender a gente rica, porque la gente pobre no podía ir ahí. MEDITEX es parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, son civiles de las FAR. Yo no trabajé en la clínica MEDITEX, no tenía condiciones revolucionarias pese a ser especialista de segundo grado de neurocirugía, pero después de todo me alegré, porque los que trabajaban ahí estaban bajo un control estricto.

“Mi vivienda también la pagaban los angolanos, vivíamos tres médicos en una casa de tres pisos, sin embargo, los colegas cubanos que trabajaban en MEDITEX vivían hacinados en un edificio. A ellos los tenían bajo control, no podían visitar a nadie, no podían relacionarse con angolanos, si iban a comprar tenían que dar su nombre a la entrada y a la salida”.

  • Nota: En algunos casos se les asignaron números a los doctores entrevistados para proteger su identidad.

NOTA EDITORIAL: Este reportaje fue escrito como parte de una colaboración entre Cubanet y la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba (FHRC). Las entrevistas a los médicos cubanos fueron realizadas por la Fundación como parte de un proyecto investigativo sobre la explotación de los mismos por parte del régimen cubano. Algunos médicos hablaron bajo condición de anonimato por temor a represión contra ellos o sus familiares. Todas las entrevistas fueron grabadas y transcriptas.

 

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Gladys Linares

Gladys Linares. Cienfuegos, 1942. Maestra normalista. Trabajó como profesora de Geografía en distintas escuelas y como directora de algunas durante 32 años. Ingresó en el Movimiento de Derechos Humanos a fines del año 1990 a través de la organización Frente Femenino Humanitario. Participó activamente en Concilio Cubano y en el Proyecto Varela. Sus crónicas reflejan la vida cotidiana de la población.

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