“Si falta uno, ya no hay solución”

“Si falta uno, ya no hay solución”

Los fármacos para prevenir y tratar el Sida no han tenido distribución estable en Cuba desde 2016

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VILLA CLARA.- La falta de financiamiento para pagar a los proveedores extranjeros de materias primas es responsable de la carencia de medicamentos básicos que se hizo notoria en Cuba desde 2016 y dura hasta hoy, reveló al periódico Granma a finales de 2017 Rita María García Almaguer, directora de operaciones del Grupo de las Industrias Biotecnológica y Farmaceutica (BioCubaFarma).

Según la funcionaria, “más del 85% de los productos que se utilizan en la producción de medicamentos y el 92% de los principios activos, provienen de mercados lejanos como China, India y Europa”.

Sin embargo, asegura que “la industria se ha ido recuperando”  después del paro de varias fábricas en los últimos dos años y actualmente mantiene estabilidad en la mayoría de las producciones.

El desabastecimiento, insiste la funcionaria, no impidió “la entrega estable de medicamentos al programa de VIH y atención al grave, así como de oncología”.

Numerosos seropositivos, sin embargo, han interrumpido las terapias antirretrovirales en Cuba en los últimos meses por falta de Lamivudina, el más básico de los medicamentos contra el Sida que fabrica la industria nacional.

“Primero se perdió el Tenofovir”, explica Rafael Ramírez, seropositivo hace más de ocho años.

Sin indicaciones médicas ni opciones de sustitución, Ramírez aumentó la posibilidad de resistencia viral al abandonar los tres medicamentos establecidos y conformarse con dos.

“Así estuve hasta que desapareció también la Lamivudina”, sigue Ramírez, que llegó a consumir apenas un medicamento durante varios meses con riesgo de empeorar su pronóstico de salud.

Las monoterapias se usaron sin mucho éxito entre 1987 y 1996 con el AZT o Zidovudina como principal opción de tratamiento. Las denominadas “triterapias”, se impusieron a finales del siglo XX como recurso más eficiente para impedir la resistencia viral. Durante la siguiente década, el nuevo esquema terapéutico redujo la mortalidad por Sida hasta el 70% en países como España.

A pesar de la voluntad declarada en escenarios internacionales de combatir el Sida y de la producción de genéricos nacionales en los Laboratorios Novatec, Cuba no consigue garantizar antirretrovirales a todos los diagnosticados. Los que acceden a la terapia gratuita en las farmacias comunitarias del país, con frecuencia tampoco la reciben completa y a tiempo.

A mediados de 2016 se reportó la falta de Efavirenz en un contexto de comunicaciones confusas por parte del viceministerio de Higiene y Epidemiología y el Programa de Prevención y Control de Its-Vih-Sida.

Marisela Lantero, jefa del Programa, declaró entonces a este reportero que “se trabaja para que no falten a nadie (los antirretrovirales)”, mientras Marlevis Bello, subordinada de Lantero en Villa Clara, aseguró que las carencias pueden preverse con tres meses de antelación y, por consiguiente, no deberían ocurrir.

Bello compartió en julio de 2016 una comunicación electrónica de Isis Cancio, funcionaria del viceministerio, donde se indicaba suprimir antirretrovirales tóxicos como Estavudina, que los seropositivos cubanos consumieron varios años a pesar de la recomendación de suprimirlos por parte de la Organización Mundial de la Salud.

A Rafael Ramírez le explicaron en la consulta del policlínico Mario Antonio Pérez, en Sagua la Grande, que “no tenían efecto positivo ni negativo”. La administración de Estavudina durante varios años ocasionó la grave lipoatrofia que se advierte en el rostro de Ramírez.

A Roberto García Gordillo, seropositivo diagnosticado hace ocho años, le dicen en su área de salud que no pueden modificarle la terapia por falta de opciones. Roberto no se adapta a la combinación de Lamivudina, Zidovudina y Nevirapina y aspira a simplificar su tratamiento con Atripla en una dosis diaria.

“La enfermera me advirtió que no cuente con Atripla porque está escasa, pero sé que muchos pacientes la consumen”. Gordillo exige la posibilidad de elegir una opción más cómoda. Mientras tanto, en la espera, su estado inmunológico decae.

“Trabajamos para lograr la disponibilidad de al menos un medicamento por grupo farmacológico”, dijo García Almaguer a Granma. Para el VIH esa política no es suficiente. Tres o nada.

“Si falta uno, ya no hay solución”, concluye Rafael Ramírez.

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