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Jueves, 21 de septiembre 2017

Los cubanos y las protestas en Venezuela

Salimos a las calles de La Habana para recoger opiniones sobre la crisis en el país sudamericano

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LA HABANA, Cuba.- Por más de cincuenta años los cubanos han escuchado la palabra “injerencia” vinculada a los Estados Unidos y su supuesta costumbre de inmiscuirse en los asuntos internos de otras naciones. Sin embargo, los medios masivos de la Isla jamás han denunciado la violenta intromisión de Rusia en países como Ucrania y Siria; ni las constantes amenazas de Corea del Norte a la soberanía de la vecina Corea del Sur.

Sobre las proyecciones imperialistas de sus aliados el gobierno cubano mantiene un protectorado mediático, cuyos principales recursos son la omisión y tergiversación de los hechos. Del mismo modo ha actuado para ocultar su propia injerencia en los asuntos internos de Venezuela; especialmente tras la muerte de Hugo Chávez y el traspaso del poder a manos de un individuo tan limitado como Nicolás Maduro.

El pasado 28 de abril apareció en el diario estatal Granma una Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores, ratificando el compromiso de Cuba de “acompañar” a Venezuela en su proceso para salir de la OEA. El eufemismo no engaña a quienes estuvieron muy pendientes de la inopinada visita de Maduro a la Isla, mientras Caracas era sacudida por violentos enfrentamiento en las calles. En numerosas ocasiones se ha denunciado que la vida política de Venezuela se dirige desde La Habana, y lo peor es que el gobierno de Raúl Castro ha convertido su manifiesta injerencia en una causa del pueblo cubano, sin admitir que Maduro intenta valerse de medios anticonstitucionales para instalar una autocracia y arruinar definitivamente al que fuera uno de los países más ricos de América Latina.

Un equipo de CubaNet conversó con los cubanos acerca de la situación en Venezuela, y la verdad es que nadie sabe nada, ni le importa. No son capaces de entender cuánto daño hace a la imagen internacional de Cuba el “acompañar” a un gobierno antidemocrático que aplica, con sospechosa similitud, mecanismos de dominación que han mantenido a la Isla sujeta a un solo partido, sin libertad de prensa, ni posibilidades de efectuar elecciones directas.

Los cubanos solo están conscientes del interés económico hacia Venezuela. Saben que “la cosa allá está mala”, pero no creen que el alto mando de la Isla esté cometiendo injerencia en los asuntos internos de la nación sudamericana. Con una credulidad no desprovista de cinismo, reconocen que Maduro vino recientemente a La Habana a buscar algún “consejito”; pero todo el mundo sabe que cada decisión tomada por el mandatario parece un “corta y pega” aprendido en alguna escuela cubana de cuadros políticos.

Nicolás Maduro es un hombre de pocas luces, a quien la presión política hace desvariar y expresarse como el más bruto de los fanáticos. Desde comparar a la OEA con el Anticristo, hasta prometer casas a los venezolanos en un abierto intento de comprar su simpatía hacia el régimen chavista, el presidente se ha enlodado ante la opinión internacional, arrastrando a Cuba consigo.

Nunca antes los cubanos habían sido tan criticados ni despreciados. Mientras Venezuela pide a gritos que se vayan los colaboradores, en la Isla perviven la desinformación y la indiferencia. No faltan quienes alegan que esos millones de venezolanos que hoy protestan contra Maduro, son pagados por Estados Unidos. Ha funcionado tan bien la represión en Cuba que no se concibe que la gente pueda rechazar un sistema de gobierno solo porque no están acuerdo.

Ninguno de los entrevistados se solidarizó con los venezolanos que hoy, por el capricho de un orate y la pretensión colonizadora del gobierno cubano, atraviesan las mismas terribles circunstancias que han marcado las vidas de los insulares por más de medio siglo. Hambre, escacez de medicinas, libertades individuales coartadas y una crisis económica sin precedentes, es la realidad de una nación que hace veinte años era próspera.

Mientras la policía bolivariana asesina civiles, los medios cubanos de comunicación hablan del aumento de salario autorizado por Maduro, alentando el llamado a la Asamblea Constituyente que podría perpetuar la dictadura en el país. El pueblo cubano no percibe la injerencia implícita en las palabras de Raúl Castro, cuando manifiesta que “Cuba apoya incondicionalmente al gobierno de Nicolás Maduro contra la embestida de la derecha opositora”.

Pero esa oposición son millones de venezolanos que defienden sus derechos civiles contra una dictadura renqueante y chapucera. No es de extrañar que tres años atrás se hayan quemado banderas cubanas. Cada vez que el gobierno de la Isla involucra al pueblo en su respaldo a Maduro, lo convierte en defensor del abuso y la violencia que hoy inundan las calles de Caracas.

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