Nuevas sanciones al castrismo: desinflando expectativas

Nuevas sanciones al castrismo: desinflando expectativas

Si en verdad Trump quiere cerrar el flujo de divisas a la dictadura y beneficiar a los cubanos debería restablecer el parole a los médicos

Sanciones, Cuba, Trump
(Foto: AFP)

LA HABANA, Cuba. – En correspondencia con la política de presiones de la Casa Blanca contra el régimen de La Habana, el gobierno estadounidense acaba de anunciar nuevas sanciones encaminadas a cerrar cualquier flujo de divisas hacia la Isla que beneficie a las entidades estatales, fundamentalmente las subordinadas al emporio económico militar GAESA (Grupo de Administración Empresarial S. A.), cuyos tentáculos abarcan actividades financieras como la gestión internacional de divisas, el procesamiento de tarjetas magnéticas, el control de las remesas a Cuba, las actividades económicas de importación y exportación, el comercio minorista, empresas de construcción, de rentas de automóviles y las relacionadas con el turismo y empresas inmobiliarias, entre otras.

Entre las nuevas medidas se incluye la prohibición a los ciudadanos estadounidenses de hospedarse en hoteles controlados por el gobierno, así como la importación de ron o tabaco cubanos como souvenirs, a su regreso a EE.UU.. A la vez, tampoco las compañías de viajes y turismo sujetas a la jurisdicción estadounidense podrán realizar reservaciones en esas instalaciones.

Citando a portales noticiosos como El Nuevo Herald y Cubanet, “se espera que las sanciones tengan un duro impacto en la economía de la Isla debido a que la inmensa mayoría de los hoteles y centros turísticos son propiedad del gobierno”. Sin embargo, a pesar de que la aguda crisis económica y financiera que sufre la Isla hace que cualquier recorte de ingresos afecte al Poder, un análisis más realista obligaría a desinflar un poco esas expectativas.

Poniendo los hechos en perspectiva, más allá de estas nuevas medidas de la administración Trump, la crisis sanitaria provocada por la pandemia de COVID-19, por sí sola, ha asestado un golpe mortal a ese importante rubro de ingresos de divisas de la dictadura que es el turismo. Más aún, mucho antes del COVID-19 ya los viajes de estadounidenses a la Isla se habían reducido dramáticamente, a partir de la supresión de la entrada de cruceros desde EE.UU., que afectó también al sector transportista privado, a los guías de turismo y, en alguna medida, a los siempre precarios emprendimientos dedicados a la gastronomía.

Resulta, cuando menos, bastante incierto que en las actuales condiciones o siquiera a mediano plazo se pueda producir un repunte significativo del turismo en Cuba, con independencia de que eventualmente se inicie la apertura gradual de los aeropuertos. Por tanto, estas nuevas sanciones no tendrán un efecto inmediato ni provocarán un impacto de importancia en la economía.

Otro punto es el relativo a las afectaciones que, a juicio de los más optimistas, golpearán las industrias del tabaco y el ron en Cuba. Si apelamos a las cifras oficiales, según informaciones del Grupo Empresarial de Tabaco de Cuba (Tabacuba), en 2019 se facturaron 269,8 millones dólares por concepto de exportación de tabacos, casi 10 millones más que el año anterior. De hecho, Cuba cuenta con el 77% del mercado mundial del tabaco, pese al Embargo, sin que ello niegue que no contar con EE.UU. como destino de esas exportaciones limita a la Isla de acceder al mayor consumidor mundial de puros de alta calidad.

A pesar de esto, si se tiene en cuenta que la industria del tabaco representa el cuarto renglón de ingresos al PIB cubano por concepto de exportaciones, que Tabacuba lo comercializa en más de 120 países, entre los que se cuentan España, Francia, Alemania, Inglaterra, Suiza, Grecia, Canadá, Argentina, Venezuela, México, y algunas naciones de África y Medio Oriente, y si es sabido que cada año desde la Isla se venden 27 marcas de Premium (puros torcidos a mano, más costosos y de alta calidad, que no son los que usualmente compran los turistas visitantes) a más de 100 países de todos los continentes, es fácil concluir que la compra de tabacos como souvenir por parte de los visitantes estadounidenses a la Isla constituye un ingreso minúsculo -por no decir, ridículo- para el régimen, de manera que la actual prohibición no puede ser considerada “de gran impacto”.

Una valoración similar podría aplicarse con respecto al ron cubano, con mucho menos protagonismo que el tabaco, y del que existen otros productores y exportadores de calidad en esta región que han saturado el mercado estadounidense con sus marcas.

En 1993, en plena crisis económica tras el derrumbe del socialismo en Europa del Este, se fundó la Compañía Havana Club International, con capital del grupo francés Pernod Ricard y de Cuba Ron S.A., a fin de invertir en otros mercados de destino y que también tiene una representación importante en el mercado turístico internacional de la Isla.

Es cierto que EE. UU. asimila el 40 % de la cuota mundial del mercado de ron, un destino comercial que por décadas ha estado vetado a Cuba. Pero, igualmente, las cantidades adquiridas en los duty free aeroportuarios por los turistas estadounidenses al regreso de sus viajes a Cuba nunca marcaron una diferencia significativa ni cambiaron el hecho de que la Isla, como productor de grandes marcas de ron -Havana Club, Arecha, Cubay, Santiago, Caney, etc.- cuente con otros mercados de mayores ingresos, incluido el propio mercado nacional en divisas.

En todo caso, habida cuenta de las actuales circunstancias y la nula presencia de turistas estadounidenses en Cuba, las nuevas sanciones restrictivas de Trump no solo resultan prácticamente inocuas a los efectos de “asfixiar” al régimen castrista, sino que se revelan como lo que realmente son: un farol electoral que busca granjearse el apoyo de los votantes cubanos de la Florida de cara a las elecciones presidenciales que tendrán lugar en poco más de un mes y en las cuales ese Estado suele resultar definitorio. Una vez más, los cubanos somos rehenes de los intereses políticos de uno u otro candidato.

Si en verdad Trump quiere cerrar de manera más efectiva el flujo de divisas a la cúpula castrista, y realmente beneficiar a los cubanos de la Isla, bien podría haber devuelto el parole que permitía a los médicos cubanos la entrada a los EE.UU.. Esa sí sería una manera eficaz de cortar una de las principales fuentes de entrada de divisas a la Plaza de la Revolución y, de paso, un gesto solidario y humanitario con los galenos que han estado sometidos por décadas a un sistema de esclavitud moderna, recientemente denunciado con toda contundencia ante la Corte Penal Internacional. Esa sí sería una medida de efecto inmediato, rotunda y precisa.

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Miriam Celaya

Miriam Celaya (La Habana, Cuba 9 de octubre de 1959). Graduada de Historia del Arte, trabajó durante casi dos décadas en el Departamento de Arqueología de la Academia de Ciencias de Cuba. Además, ha sido profesora de literatura y español.

Miriam Celaya, seudónimo: Eva, es una habanera de la Isla, perteneciente a una generación que ha vivido debatiéndose entre la desilusión y la esperanza y cuyos miembros alcanzaron la mayoría de edad en el controvertido año 1980.

Ha publicado colaboraciones en el espacio Encuentro en la Red, para el cual creó el seudónimo. En julio de 2008, Eva asumió públicamente su verdadera identidad. Es autora del Blog Sin Evasión

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