Migrantes cubanos temen pedir asilo en frontera México-EEUU

Migrantes cubanos temen pedir asilo en frontera México-EEUU

Las deportaciones y el endurecimiento de las leyes migratorias han sembrado la duda en los cubanos que aún quedan en territorio mexicano

CIUDAD JUÁREZ, México. – Lo esperaron durante meses en la frontera mexicana con Estados Unidos. Ahora dudan en el último momento. Se lo piensan. Hacen preguntas a otros migrantes cubanos.

Su número en la lista está a punto de escucharse: han soñado con este momento durante meses e incluso años de travesía por varios países. Algunos no tienen claro aún cuál será la mejor decisión.

En unos cinco minutos, saldrá uno de los encargados de la lista para cruzar ordenadamente a solicitar asilo político. Lo hará con dos agentes migratorios mexicanos que los entregarán a la mitad del puente Paso del Norte-Santa Fe, donde comienza Estados Unidos. El patio del Centro de Atención Integral de Migrantes (CAIM) en Ciudad Juárez es un lugar vacío de sueños. Hasta hace unas semanas era un punto de encuentro de cientos de migrantes que acudían a supervisar si se manejaba bien la lista de números, cuando las autoridades migratorias estadounidenses piden a las mexicanas una determinada cantidad de migrantes.

Unas veinte personas que se congregan al llamado en varias tardes de finales de octubre. En los últimos minutos, reflexionan. De nuevo. Con rostros serios, de preocupación en los que no se divisa la alegría ni los gritos de gozo de antes cuando su número era llamado.

Migrantes cubanos saliendo del patio en Ciudad Juárez donde fueron llamados, rumbo a ser entregados a las autoridades estadounidenses. Al fondo, se divisa el muro fronterizo y El Paso, Texas. (Foto de la autora)

Sólo hay incertidumbre: que mata. Han vendido lo poco que tenían en Cuba. Pidieron dinero prestado, que muchos deben de devolver con interés. Arriesgaron su vida cruzando selvas, esquivaron a agentes corruptos. Se convirtieron en botín de delincuentes. Algunas de ellas han sido violadas en el camino. Todos los migrantes tienen un día en el que pensaron que iba a ser el último.

Un mal paso ahora, una mala decisión y acaban deportados a Cuba.

Mario Expósito lleva desde hace seis meses en Ciudad Juárez, donde ha sobrevivido a dos asaltos, a una persecución de los agentes de migración y los soldados cuando aún en Ciudad Juárez no se protegía a los migrantes que están apuntados en la lista. También ha aprendido qué es lo que ocurre cuando a una persona se le asesina a plena luz del día.

Este joven migrante cubano, que trabaja en un restaurante, acompaña a dos amigos que dudan en alzar su mano cuando llamen a su número.

“Nos ha afectado el posible suicidio de Roylán en el centro de detención de Richwood a todos los cubanos que estamos en Ciudad Juárez. Tenemos miedo a entrar y no sabemos lo que vamos a hacer”, afirma Expósito, licenciado en comunicación.

“Tenemos miedo a presentarnos al turno y también a la Corte, no sabemos que van a hacer con nuestras vidas en ICE. Nos ponen cinco meses, siete meses de detención, sin fianza y nos deportan a Cuba”.

Entre la espada y la pared

En Panamá fue donde Carlos Alejandro González conoció a Roylán Hernández Díaz y a su novia Yorelis. Juntos, viajaron hasta llegar a Tapachula, México. Atravesaron Nicaragua, Costa Rica, Honduras, Guatemala. Él llegó un mes más tarde a Ciudad Juárez, su salvoconducto demoró en estar listo.

“No me lo podía creer,  me quedé impactado al saber la noticia, después de haber pasado todo el recorrido y que muera así. Era una persona alegre. Siento que se desesperan más los cubanos al saber esta noticia de cómo está la situación allá dentro. Yo no veo muchas esperanzas”, dice.

Carlos Alejandro González (Foto de la autora)

Carlos Alejandro es un licenciado en Cuba en Geodesia y Cartografía que trabaja todo el día en un supermercado y por las noches vende hamburguesas en un puesto, una de las actividades con más riesgo en Ciudad Juárez.

“Quizá me toque pasar mañana,  y no pienso ir, pienso quedarme aquí, está muy difícil la situación y no quiero quedarme preso”, subraya.

Cortarse las venas como protesta

Todas las semanas, los profesores de antropología Nathan Craig y Margaret Brown Vega, de la Universidad de Nuevo México, acuden a conocer las historias de migrantes presos en el Centro de Procesamiento del Condado de Otero, en el estado norteamericano de Nuevo México, a una hora y media de Ciudad Juárez (México). Son miembros también de la organización de visitantes de inmigrantes detenidos en el desierto de Chihuahua  (AVID, en sus siglas en inglés).

El Centro, que raramente permite que un periodista acceda a él, es flexible con los familiares y activistas, además de abogados.

Los más de 250 migrantes cubanos que llevan hasta siete meses encerrados en esta prisión para migrantes, con capacidad para más de mil personas, han pasado por Ciudad Juárez antes de cruzar para pedir asilo.

La semana pasada se supo en esta ciudad mexicana, fronteriza con Estados Unidos, que dos migrantes cubanos se habían cortado las venas con las tarjetas de identificación como señal de protesta por estar detenidos, sin visos a conseguir su asilo político.

Días después, también a mediados de octubre, se sumó otro más en el intento de suicidio. Todo fue confirmado por las autoridades migratorias estadounidenses. Si bien, se desconocen los nombres de los migrantes, que se mantienen en privacidad tanto por los profesores activistas como por ICE.

“Parece que son más de veinte migrantes cubanos que se están organizando para que los dejen libres. Algunos, iniciaron una huelga de hambre, otros se cortan las venas y otros gritan Libertad”, afirma Margaret Brown Vega en entrevista telefónica.

En este centro, uno de los más duros del país, dos migrantes de la India realizaron una huelga de hambre por 75 días, que finalmente obligó a las autoridades migratorias estadounidenses  a ponerlos en libertad el pasado mes, antes de que fallecieran.

“Conocían al migrante cubano que presuntamente se suicidó en otro centro de detención en Luisiana y están muy afectados. No ven una salida y quieren esperar su proceso de asilo en libertad. Otros han perdido sus casos y quieren que los deporten ya, no hay razón que se queden hasta diez meses hasta deportarlos, y no aguantan más”, añade.

La detención de migrantes se ha convertido en un negocio para muchas compañías en Estados Unidos. El Congreso paga entre 100 y 130 dólares por cada detenido a empresas como Management Training Corp., que tiene un contrato con ICE para cuatro centros de detención, como el del condado de Otero.

“Los migrantes son los que realizan la mayor parte de los trabajos por 1 dólar al día, como los empleos de cocina o limpieza. La gerencia se ahorra así los sueldos de más personal. Están aislados en recintos donde no pueden hacer nada y acceden a estas actividades para matar el tiempo y tener algo de dinero para poder llamar de un teléfono fijo a sus familiares”, señala la antropóloga Brown Vega.

Los números de la lista para cruzar a Estados Unidos corren rápido. Hay días en los que se necesitan llamar a cien números para encontrar a diez para que crucen.

Siempre hay migrantes cubanos dispuestos a pasar, como los veterinarios de Matanzas, Rubén Batista Marrero, su esposa Misladis López Calderón y su hijo Leohnannes, de 19 años de edad, que llegaron a Ciudad Juárez el 22 de marzo de 2019, cuando aún el protocolo de retorno a México del MPP era sólo para los migrantes centroamericanos.

“Es una carta que hay que jugarse, a lo mejor entras y te viran, a lo mejor te quedas. Y nosotros la hemos pasado feo en México”, afirman.

Se recitan sus números. Y ellos se van. Los que quedan, les desean lo único que ahora existe: la suerte.

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