La crisis cubana: entre el desabastecimiento y los productos más caros

La crisis cubana: entre el desabastecimiento y los productos más caros

El aumento de salario será tan positivo como lo permita el incremento de la producción nacional, que prácticamente no existe

Cajas de productos lácteos importados (mercado Isla de Cuba). Foto del autor

LA HABANA, Cuba.- Tres frases se han puesto de moda en el discurso de quienes manejan las riendas de la precaria economía cubana: aumento salarial, sustitución de importaciones y encadenamientos productivos. La primera ha generado expectativas entre los ciudadanos, que esperan con ansias el bendito mes de agosto; mientras que la última forzosamente tendría que ser explicada por un economista con dotes para simplificar lo que parece tan conceptualmente enredado.

El asunto concerniente a la sustitución de importaciones es, sin embargo, más sencillo de explorar, al menor epidérmicamente; pues basta con entrar a cualquier tienda en la capital para notar que la presencia de mercancías extranjeras supera, por mucho, a las que se fabrican en casa. Hablar es sencillo, como también lo es proyectar la sociedad del futuro y ejercer la demagogia necesaria para movilizar la voluntad popular.

Pero lo cierto es que la sustitución de importaciones luce tan quimérica como el desarrollo de la producción nacional, y contrariamente a lo que pretenden el mandatario cubano y su Ministro de Economía, no solo predominan los productos importados; sino que se han introducido bienes más caros en comparación con los comercializados durante el año pasado, y de muy mala calidad en algunos casos.

Las opciones que entonces existían no eran baratas, pero resultaban accesibles para un determinado segmento de público, contribuyendo a aliviar y satisfacer la demanda. Por otro lado, la exigua producción de casa llegaba con cierta frecuencia a las tiendas recaudadoras de divisas (TRD), y los cubanos podían comprar diversos tipos de lácteos, jugos, cervezas, derivados del tomate, confituras y mayonesa, a un costo menor.

Esos productos han dado paso a sus caros equivalentes foráneos, sin que el pueblo pueda colegiar dicho comportamiento en el mercado interno con lo que tan rotundamente afirma la dirección del país. En pocos meses los lácteos cubanos  ̶ salvo la leche en polvo ̶  han cedido ante la avalancha de sus homólogos importados. Las mayonesas “Conchita” y “Doña Delicias” han sido reemplazadas nada menos que por la carísima Hellman´s. Los cereales infantiles marca “Nestum” de la empresa Nestlé, que se comercializaban a 2.30 CUC y solían ser muy demandados por las madres cubanas, han desaparecido. En su lugar, el famoso “Milo”  ̶ también de la Nestlé ̶  literalmente adorna los estantes de los centros comerciales, exhibiendo el prohibitivo costo de 4 CUC.

Similar comportamiento han tenido la sal, los granos y el arroz. El pollo, importado en su totalidad, ha pasado del formato económico (2 kg de muslitos por 3.60 CUC) a los paquetes de 4.5 kg cuyo precio asciende a 8.20 CUC; una opción nada asequible, ya sea tomando en consideración los salarios y pensiones actuales, o los prometidos para el mes de agosto.

Son muchas las irregularidades que atentan contra el rendimiento de los ingresos del pueblo, no solo las políticas de importación. Las administraciones en los centros comerciales tienen una vocación pasmosa para generar pérdidas mientras juegan con el hambre de la gente, rebajando productos a pocos días de su fecha de caducidad y muchas veces en mal estado, con perjuicio de la salud de los consumidores.

Díaz-Canel y el económico de turno aseguran que los precios no subirán tras el aumento en las remuneraciones; pero lo cierto es que ya lo hicieron hasta en los agros, donde una sola naranja puede valer cinco pesos y un mango quince.

La producción agropecuaria conspira contra el salario de los trabajadores, por su irregularidad, alto costo y mediocre calidad. Pero la solución no radica en topar los precios del comerciante privado y las cooperativas; sino en asegurar mayor competitividad por parte de las entidades estatales, desde el proceso de siembra hasta el producto final que se pondrá a disposición del consumidor, pasando por las condiciones de almacenamiento, transportación y manipulación.

El factor de la competitividad es esencial en los encadenamientos productivos, que, aunque parecen una invención reciente de Díaz-Canel, se han venido implementando en economías latinoamericanas desde hace al menos un lustro. Su premisa es realizar enlaces entre los distintos conjuntos de empresas que intervienen en cada etapa de un proceso productivo específico. Para ello es necesario un parqué tecnológico actualizado, recursos humanos altamente capacitados y fuertes inversiones que garanticen a las empresas colocarse dentro de estándares de producción internacional.

Con todo el dinero que el gobierno cubano derrocha en represión, propaganda e injerencia, difícilmente se dispondrá de las sumas necesarias para que el nuevo foco delirante de la cúpula tenga éxito.

Tal como se presenta el esquema inmediato de la economía cubana, no habrá un alivio significativo para los gastos domésticos a pesar de las medidas anunciadas. El aumento de salario será tan positivo como lo permita el incremento de la producción nacional, que prácticamente no existe; así que la nueva escala de remuneración se estrellará con la realidad captada en las fotos, esa que mantiene a los cubanos batallando entre el desabastecimiento y las opciones más caras.

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