Familia de migrante cubano asesinado en Ciudad Juárez pide ayuda para despedirlo en Cuba

Familia de migrante cubano asesinado en Ciudad Juárez pide ayuda para despedirlo en Cuba

Osmani Baldemira Pavón trabajaba de albañil mientras esperaba su turno para cruzar ordenadamente a EE.UU. y solicitar asilo político

CIUDAD JUÁREZ, México. – Hace veinte años que Kenia Beatriz Trujillo Leyva se enamoró de su pareja. Hasta que lo asesinaron en Ciudad Juárez, el migrante cubano Osmani Baldemira Pavón fue el esposo amado, el mejor padre, hijo, amigo y vecino. De Velasco, Holguín. También fue el mejor compañero de ruta para quien resultó ser su presunto asesino: Osbel Nápoles Robaina, de Camagüey, al que Osmani conoció en Costa Rica y adoptó.

“Estamos destrozados. Tenemos dos hijos, uno que crió desde los tres años y el de él. Su hijo más pequeño era adoración con su padre”, dice Kenia en entrevista telefónica exclusiva con CubaNet desde su hogar en Velasco.

Desde que el 11 de abril tuviera que dejar Cuba rumbo a Estados Unidos, pasando por Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala y México, Osmani compartía todo con la familia. En su último video, en el que regresa de su trabajo en la construcción en la calurosa tarde del jueves 18 de julio, Osmani parece gozar del tráfico intenso.

Pocas horas después, nada más llegar de su intensa jornada como albañil, el hombre moriría desangrado por las puñaladas de Osbel en la casa que compartían.

“Murió acuchillado, por arma blanca, causándole graves daños en el área renal izquierda. El agresor fue otro cubano que se dio a la fuga”, afirma Alfredo Ruvalcaba, vocero de la Fiscalía General de Justicia de la Zona Norte, en Ciudad Juárez.

El viernes 19, a la 1:00 de la madrugada, hora local de Ciudad Juárez, el isleño fallecía en el Hospital de la Familia, después de haber esperado a una ambulancia y tener que haber sido llevado de emergencia por un vecino, según testigos.

Osmani Baldemira (arriba) junto a su esposa y sus dos hijos (Foto: Cortesía de la familia)

La Fiscalía no da más datos. Todo está bajo investigación, insisten. En una ciudad donde el 98 por ciento de los crímenes permanecen impunes.

Al presunto asesino, al parecer, no le gustaba trabajar. Osmani, que había pedido prestado el dinero de viaje a varios amigos en Estados Unidos, había asumido la tarea de ayudarlo. Cuando llegaron a Ciudad Juárez comenzaron los problemas de convivencia. Lo de siempre.

Osbel Nápoles Robaina, presunto asesino de Osmani Baldemira según investigación realizada por CubaNet (Foto Cortesía)

En el barrio de la Chaveña, una de las áreas más azotadas por la violencia en esta ciudad fronteriza con El Paso, Texas, pocos quieren hablar; si lo hacen, es bajo anonimato. Por sus calles convive el narcotráfico con centenares de migrantes cubanos que caminan sin estar conscientes del peligro que corren en la que ahora es la quinta ciudad más peligrosa del mundo, pero que fue, por cinco años consecutivos, la más mortífera.

Fotos enviadas por Osmani a su familia
Fotos enviadas por Osmani a su familia una semana antes de ser asesinado (Foto: Cortesía de la familia)

En esta zona cercana al centro se rentan casas a precios más bajos. Unas fueron abandonadas, otras son picaderos de drogadictos o vivieron escenas de asesinatos. Desde hace nueve meses, se han convertido en hogar para migrantes cubanos que trabajan para costearse su estancia en Ciudad Juárez mientras esperan su turno para cruzar ordenadamente hacia Estados Unidos y pedir asilo político.

Osmani Baldemira Pavón tenía el número 15 176 para cruzar. Había llegado a Juárez hace dos meses y medio. Era un perfecto trabajador. Su patrón y su esposa lo adoraban. Su sueño estaba en Miami, donde, de superar las recientes restricciones para solicitar el asilo político, le esperaba un amigo que le recibiría. Otros 6 mil cubanos esperan en esta ciudad fronteriza a que les llegue su número.

Osmani Baldemira junto a su hijo en Cuba (Foto: Cortesía de la familia)

El último día que habló Keyner con su padre fue la víspera de ser asesinado.

“Él siempre se preocupaba por sus padres, octogenarios y postrados. Estaba trabajando en la albañilería, se veía contento”, afirma este joven que acaba de cumplir 18 años de edad.

Georgina y Gonzalo, padres de Osmani Baldemira
Georgina Pavón y Gonzalo Baldemira, padres de Osmani (Fotos: Cortesía de la familia)

En Velasco velan a Osmani sin que su cuerpo esté presente. Está su foto y un ramo de flores. Los vecinos acuden a despedir a un hombre querido por muchos.

“Muy lamentable su muerte. Era el padrino de mi hijo en Cuba, muy querido por todos allá”, afirma Yandi Lorenzo.

Despedida organizada por los familiares de Osmani, en Velasco (Foto: Cortesía de la familia)

Kenia y sus dos hijos intentan no perder la calma. Pero no saben qué hacer, qué pasos deben de dar ni cómo pueden recuperar el cuerpo de su ser adorado.  Por lo pronto, su primer reto es ver cómo llegar a la capital del país.

“El lunes vamos a La Habana para ir a la Embajada de México. Estamos en el aire, no tenemos quién nos ayude, tampoco sabemos adónde tenemos que ir, adónde dirigirnos”, apunta Kenia, viuda a sus 39 años de edad.

La travesía de Osmani Baldemira Pavón rumbo hacia EE.UU. supuso una deuda de 5 mil dólares. La de regreso, no se sabe aún ni cómo ni cuánto, pero puede superar fácilmente esa cifra.

La Fiscalía General de Justicia asegura haberse puesto en contacto con la Embajada de Cuba en México para poder dar con el paradero de la familia y que ésta identifique al asesinado. La sede diplomática no se ha comunicado con la familia del migrante apuñalado.

La única ayuda que han recibido ha sido de Inmigración en Holguín que, según la propia familia, les facilitó rellenar unos documentos.

“No tengo palabras, quisiera recuperar el cuerpo de mi esposo, y esto me está costando mucho trabajo asimilarlo y no tengo palabras cómo explicar (…) Estamos pasando necesidad económica, tenemos la deuda, no sé qué vamos a hacer”, asegura Kenia, madre de Keiler, de 23 años, y Keyner, de 18.

La video conversación con la viuda del migrante asesinado no es fácil. Todo se acumula: sus lloros, su dolor, su impotencia, el peso de las deudas contraídas por el mayor sueño quebrado. Todo rociado por una pésima conexión de Internet y la esperanza de recuperar el cuerpo de quien arriesgó todo para intentar darles un futuro: ya muerto.

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