El exilio es cosa de valientes

El exilio es cosa de valientes

Lucha, tesón, perseverancia, sacrificio: no es juego ni un Edén donde los árboles dan el fruto a la mano

Exiliados cubanos durante una manifestación en la Pequeña Habana (navarrainformacion.es)

LA HABANA.- De Cuba se han ido los valientes, los emprendedores, los que nacen con iniciativa propia y son capaces de llevarlas a cabo, los que no se amedrentan en comenzar ganando cuatro kilos en un país muy distinto al suyo, con un idioma distinto. El exilio no es cosa de juego. No es un Edén donde los árboles dan el fruto a la mano. Es lucha, tesón, perseverancia, sacrificio.

De Cuba tuvieron que irse los presos políticos, ya viejos, echados a bayonetazos cuando el dictador abrió las celdas, y amantes de la vida, tuvieron derecho a vivir en un país libre y amigo.

En pocas palabras: El exilio es la separación voluntaria o forzada de una persona de la tierra en que vive.

Pero hay un periodista cubano, Luis Báez (1936-2015), con unos treinta libros publicados y según la dictadura de los Castro “fuente imprescindible testimonial de toda una época”, quien repitió —loro al fin— que el exilio cubano ha sido inventado por Estados Unidos. Quiso demostrarlo en su libro Miami, donde el tiempo se detuvo, y no pudo.

Escogió a un viejo amigo de Fidel Castro, su tocayo y colega Luis Ortega, para ese propósito. “Un brillante profesional”, según Báez, pero en realidad un tenebroso personaje de la prensa de los años cincuenta del siglo pasado; un artista de la infamia, la trampa, la mentira sin límites, las componendas más viles.

El libro, claro está, anda perdido. Tratar de hallarlo es como buscar una aguja en un pajar. Debe estar en algún estante casero de libros de un general o de una biblioteca de la cúpula gubernamental, inaccesible para el pueblo. Su presentación fue hecha a puertas cerradas en el Ministerio de Relaciones Exteriores la tarde del 10 de marzo de 2001 y poco se divulgó en la prensa nacional.

Describir el contenido de este libro con sinónimos apropiados no es necesario. Por sí mismo demuestra que el señor Báez resbaló con una cáscara de plátano y rodó pendiente abajo ante una realidad aplastante: El exilio de los cubanos en los Estados Unidos se compone de más de dos millones de habitantes.

Entre ellos se encuentra “el brillante profesional” desde los mismos inicios, cuando Fidel se hizo dueño de Cuba. Años después regresó a La Habana y le sacudió del hombro la ceniza del tabaco al dictador. Se ofreció para colaborar en el libro ya citado, ganar unos pesos y volver, dijo, “a la tierra del asilo, la que no es la libertad”.

“El exilio cubano ha sido inventado por Estados Unidos”, artículo del periódico ‘Juventud Rebelde’ el 11 de marzo de 2001 (Foto: Tania Díaz Castro)

Allí, seguía diciendo que los cubanos “eran unos energúmenos disfrazados de exiliados capaces de volar sobre Varadero para matar turistas”, que sus dirigentes estaban “incapacitados para discutir de política”, y rechazó abiertamente la idea de un gobierno cubano en el exilio, como un viejo sueño de los patriotas de ayer. Ni siquiera admitió en 1961 que 22 organizaciones anticastristas eligieran como presidente en armas a Carlos Márquez Sterling.

Murió en 2011, sin que nadie siquiera por resentimiento le lanzara un hollejo de naranja por la ventana de su casa.

Este señor, tan controvertido siempre, no recuerda que Fidel expresó en los primeros años de Revolución que sus cárceles guardaban a más de diez mil condenados a largos años por motivos políticos, y de gritar en sus kilométricos discursos “que se vayan, que se vayan” a todo aquel que no fuera “revolucionario”.

Culpa a Estados Unidos de que en Cuba haya una dictadura al estilo estalinista y al artificio del exilio montado por el Pentágono.

Sin embargo, el fracasado y exiliado Luis Ortega se declara “fundador del exilio porque no participé en el proceso revolucionario, porque nada tengo que ver con la Revolución Y HE SIDO VÍCTIMA DE ELLA” (la mayúscula es mía), y se atreve a mencionar exiliados famosos de otras épocas como Villena, Fernández de Castro, Calixto García, Zayas, pero no a José Martí, a Mario Chanes de Armas, a Huber Matos…

Es lógico que dijera a Báez que “la palabra Patria la usara con repugnancia, porque detesta la retórica”, que no niegue que Fidel lanzó al país a la ruina para salvar una supuesta dignidad.

Por último, no deja de mencionar los espías de Batista, cuando en Miami vigilaban a los exiliados en los años cincuenta y calla los de Fidel, porque tal vez este viejo pillo, perverso, siniestro y sinvergüenza, fue uno de ellos.

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