En Cuba hay comida gracias a los comercializadores privados

En Cuba hay comida gracias a los comercializadores privados

Al régimen parece importarle más la ofensiva contra los comercializadores privados, que la abundancia de productos en las tarimas

Tarima el pasado 17 de septiembre. Foto del autor

LA HABANA, Cuba.- Una vez más la agilidad de las formas privadas de comercialización en el agro compensan la ineficiencia de la Empresa Estatal de Acopio.

El mes de septiembre se iniciaba con un perjuicio adicional para el cubano de a pie. Al desabastecimiento de artículos de primera necesidad, las largas colas, y las medidas restrictivas dispuestas por las autoridades, se añadían las tarimas vacías en los mercados agropecuarios.

Dos de las directivas del gobierno en La Habana para combatir la pandemia del coronavirus estaban obstaculizando la llegada de productos agropecuarios a la capital. Nos referimos a la prohibición de la entrada a la ciudad de vehículos procedentes de otras provincias, y al toque de queda entre las siete de la noche y las cinco de la madrugada.

Claro, los principales dirigentes del territorio, en especial el gobernador Reinaldo García Zapata, se apresuraron a afirmar que nunca se había dado la orden de prohibir la entrada de esos productos, y que todo no había sido más que una mala interpretación de funcionarios subalternos. Una vez más la soga pretendía quebrarse por el eslabón más débil.

En ese contexto, el periódico Granma publicó en su edición del 8 de septiembre una información referida a una reunión del Consejo de Defensa Provincial, donde se trató el tema que comentamos. En dicha cita el presidente de ese órgano, Luis Antonio Torres Iríbar, expresó que “el campesino que cumple su acuerdo estatal puede arrendar un vehículo estatal, particular o de una cooperativa, y vender su excedente en La Habana”.

Era tal la alarma por el desabastecimiento que las autoridades habaneras decidieron pasar por alto el método de comercialización que con tanto celo orientan las máximas figuras de la nomenclatura gubernamental, específicamente el vicepresidente Salvador Valdés Mesa.

Es decir, se permitía que el propio productor acudiera a los mercados con sus producciones, y no fuese la Empresa Estatal de Acopio la única encargada de comercializar los productos del agro.

Así las cosas, la presencia nuevamente de viandas, frutas y otros productos en las tarimas —aunque, en verdad, no como en los tiempos de mayor holgura— resultó un alivio para los atribulados consumidores. Estuvimos el pasado 17 de septiembre en el mercado agropecuario del poblado de Santiago de las Vegas, y allí los vendedores expresaron que lo que había en las tarimas era gracias a la faena de comercializadores privados, que habían contactado rápidamente con los productores para hacer llegar los productos a la capital. Porque si esperaban por lo que suministrara la Empresa de Acopio… , la hambruna no tendría para cuando acabar.

Coincidentemente, la televisión ha mostrado por estos días imágenes de reuniones de los máximos dirigentes de la oficialista Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) con cooperativistas de varias provincias, con el objetivo de instar a los campesinos a aumentar sus producciones.

Y ha sido un planteamiento recurrente de los cooperativistas el concerniente a las ineficiencias de Acopio, que redundan en una desmotivación para los productores. Continúan las producciones echadas a perder porque Acopio no pasa a recogerlas o lo hace a destiempo; los precios con que les compra a los campesinos no son estimulantes para estos últimos; y en ocasiones demora demasiado el pago a los productores.

Sin embargo, nada de eso asegura que cuando pase el actual pico del desabastecimiento, las autoridades cejen en su empeño de restringir las vías de comercialización de los productos del agro. En resumidas cuentas, a ellas parece importarles más la ofensiva contra los comercializadores privados, que la abundancia de productos en las tarimas.

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Orlando Freire Santana

Orlando Freire. Matanzas, 1959. Licenciado en Economía. Ha publicado el libro de ensayos La evidencia de nuestro tiempo, Premio Vitral 2005, y la novela La sangre de la libertad, Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, 2008. También ganó los premios de Ensayo y Cuento de la revista El Disidente Universal, y el Premio de Ensayo de la revista Palabra Nueva.

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