Contratiempos y abusos en tiempos de coronavirus

Contratiempos y abusos en tiempos de coronavirus

El segundo jefe nacional del sistema penitenciario cubano debería visitar más los centros que dirige y, sobre todo, interesarse realmente por la vida de los reclusos

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(Foto de archivo)

GUANTÁNAMO, Cuba.- El pasado 11 de junio compareció en el programa televisivo Mesa Redonda el señor Miguel Díaz-Canel Bermúdez, presidente de la dictadura cubana, quien informó que las provincias que iban a pasar a la fase recuperativa de la pandemia podían reabrir las prisiones al contacto con el mundo exterior.

Al parecer el Ministerio del Interior (MININT) no está subordinado a las orientaciones del presidente, pues la cárcel de Guantánamo estuvo cerrada hasta el 7 de julio, cuando fueron autorizados los primeros pabellones conyugales desde marzo.

El destacamento 2B fue el primero en ser autorizado para recibir esas visitas. Pero las policlínicas que debían hacerles el chequeo médico y el test rápido a las parejas de los reclusos carecían de recursos, y las residentes en los municipios debieron dirigirse a Guantánamo, con la consiguiente aglomeración de personas que implicaba permanecer frente a los centros hospitalarios que estaban asumiendo esa tarea, y el disgusto de quienes debían ser examinadas. Muchas no pudieron asistir a ese primer pabellón conyugal debido a este contratiempo.

El opositor político Elvis Pérez González fue amenazado en junio de este año por oficiales de la Seguridad del Estado con ser enviado a las celdas de castigo, deportado fuera de la provincia o golpeado, si continuaba enviando al exterior denuncias sobre lo que ocurre en el establecimiento penitenciario. Fue privado del uso del teléfono durante más de un mes.

El pasado 23 de abril Vladimir Ramírez Martínez fue castigado por orden del teniente coronel Yoelvis Cajigal, jefe del órgano de prisiones en Guantánamo, por haber aportado información a este periodista independiente. Es otro preso político y un nítido ejemplo de la crueldad que la dictadura comunista puede ejercer contra los reclusos que mantienen en alto su dignidad y principios.

Sancionado a 48 años de privación de libertad, Ramírez Martínez ha cumplido 22 y jamás ha progresado al régimen de mínima severidad a pesar de haber mantenido una buena conducta. Tal beneficio le correspondía desde 2010. Permaneció en las celdas de castigo hasta el pasado 14 de julio, lo cual constituye una violación de las Reglas Mandela, específicamente de la 43.1, que establece:

Las restricciones o sanciones disciplinarias no podrán, en ninguna circunstancia, equivaler a torturas u otros tratos crueles, inhumanos o degradantes. En particular quedarán prohibidas las siguientes prácticas: a) el aislamiento indefinido; b)el aislamiento prolongado; c) el encierro en una celda oscura o permanentemente iluminada; d) las penas corporales o la reducción de los alimentos o de agua potable; e)los castigos colectivos”.

La Regla 44 entiende por aislamiento prolongado el que se extienda por un período superior a los 15 días consecutivos, Vladimir estuvo en las celdas de castigo dos meses y 21 días. Al ser enviado allí el teniente coronel le dijo: “Cuando salgas de la celda no te van a quedar ganas de seguir colaborando con Quiñones”.

Vladimir fue amenazado por varios reclusos, los que le gritaban improperios acusándolo de ser un violador de niños —las frases reales son impublicables—,  lo mismo que me gritaban cuando corría cerca de ese destacamento. También lo amenazaron con golpearlo cuando saliera de la celda y con enviar a algún ex recluso para que violara a su hija, una adolescente de 16 años, algo que todavía le preocupa. No en balde me confesó que en esa celda pasó los momentos más difíciles de su dilatada vida carcelaria.

En junio de este año el Mayor Marcelino Bueno Tavera, uno de los esbirros más despóticos de la Prisión Provincial de Guantánamo, presidió la inspección de los viernes y se llevó los abanicos que usaban los reclusos para aliviar el calor, potenciado por la poca ventilación de las celdas. Alegó que estaban hechos con plástico y podían cortarle el rostro a los reclusos, pero también se llevó los de cartón.

Evidentemente no hay uniformidad en la aplicación del reglamento penitenciario en las cárceles cubanas, pues durante la transmisión del programa Hacemos Cuba del pasado 24 de junio se vio que en las literas del Combinado del Este varios reclusos tenían colocados sus abanicos.

Durante mi permanencia en la prisión fui sometido a varias requisas sorpresivas. Las cuatro últimas ocurrieron en julio, el sábado 29 de agosto y el mismo día 4 de septiembre, fecha de mi excarcelación. En ellas me ocuparon cartas remitidas por otros presos y libretas donde anotaba mis estudios diarios sobre La Biblia, y apreciaciones personales sobre la vida de la prisión.

No me devolvieron esos documentos a pesar de que el reglamento penitenciario no prohíbe su tenencia. El primer registro del mes de julio fue realizado directamente por el capitán Yorkis Castellanos Boulet, alias “Jackie Chan”, jefe de orden interior de la Prisión Provincial de Guantánamo y uno de los esbirros más abusadores de ese lugar. El segundo, ocurrido el 17 de julio, fue dirigido por los mayores Marcelino Bueno Tavera, otro de apellido Durruthy, y los capitanes Ofraine Lescaille Poll y Yorkis Castellanos Boulet. El correspondiente al 29 de agosto fue llevado a cabo por el teniente coronel Yoelvis Cajigal, mientras que el del 4 de septiembre estuvo a cargo del mayor Sergio, de la Seguridad del Estado.

En el caso específico de mi celda, en la requisa del 17 de julio se llevaron los cordeles donde tendíamos las ropas, un pedazo de palo de escoba que usábamos para sostener un saco de nylon que cubría la entrada del “turco” —el hueco donde los presos deben hacer sus necesidades— y el cordel que sostenía la cortina de baño.

A mí me ocuparon una tablita donde apoyaba la libreta de notas, los medicamentos para la alergia y la presión arterial, y una almohada. En ninguna de esas requisas se redactó acta dejando constancia de la ocupación de los bienes, como establecen las Reglas Mandela. Antes de regresar a las celdas todos los reclusos fuimos obligados a desnudarnos en el pasillo, ante los guardias.

En la otra requisa de julio, dirigida únicamente contra mí, me ocuparon cartas y libretas de notas. Lo mismo ocurrió durante las realizadas el 29 de agosto y el 4 de septiembre.

En el programa Hacemos Cuba, el teniente coronel Osmany Leyva Ávila, segundo jefe nacional del sistema penitenciario cubano, afirmó que el MININT cumple estrictamente las Reglas Mandela.

Creo que ese señor debería visitar más los centros penitenciarios que dirige y, sobre todo, interesarse realmente por la vida de los reclusos, antes de hacer afirmaciones como esa.

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Roberto Jesús Quiñones Haces

Nació en la ciudad de Cienfuegos el 20 de septiembre de 1957. Es Licenciado en Derecho. En 1999 fue sancionado de forma injusta e ilegal a ocho años de privación de libertad y desde entonces se le prohíbe ejercer como abogado.
Ha publicado los poemarios “La fuga del ciervo” (1995, Editorial Oriente), “Escrito desde la cárcel” (2001, Ediciones Vitral), “Los apriscos del alba” (2008, Editorial Oriente) y “El agua de la vida” (2008, Editorial El mar y la montaña). Obtuvo el Gran Premio Vitral de Poesía en el 2001 con su libro “Escrito desde la cárcel” así como Mención y Reconocimiento Especial del Jurado del Concurso Internacional Nósside de Poesía en 2006 y 2008 respectivamente. Poemas suyos aparecen en la Antología de la UNEAC de 1994, en la Antología del Concurso Nósside del 2006 y en la selección de décimas “Esta cárcel de aire puro”, realizada por Waldo González en el 2009. Roberto Quiñones fue encarcelado por el régimen cubano durante un año, entre septiembre de 2019 y septiembre de 2020, como represalia por ejercer el periodismo.

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