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Viernes, 18 de agosto 2017

El General da marcha atrás

La última limitación al sector privado es la expresión jurídica del terror gubernamental a perder el control social del país

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Raúl Castro junto al vicepresidente Miguel Díaz- Canel (Reuters)


LA HABANA, Cuba.- En consonancia con la última reunión del Consejo de Ministros, celebrado a finales de junio último, donde –según expresó días después el general-presidente en su discurso de clausura del IX Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional– se analizaron numerosas deficiencias y problemas en el sector del trabajo por cuenta propia (TCP), la Gaceta Oficial, en edición extraordinaria (No. 31) correspondiente a este martes, 1ro de agosto de 2017, ha decretado la suspensión, supuestamente temporal, de la entrega de licencias para al menos 27 actividades del sector privado (“cuentapropista”), “hasta tanto concluya el perfeccionamiento” de este sector.

El decreto precisa, además, que en lo adelante –y de manera definitiva– no se otorgarán nuevas autorizaciones  para ejercer en las actividades de “vendedor mayorista de productos agropecuarios”, “vendedor minorista de productos agropecuarios”, “carretillero o vendedor de productos agrícolas de forma ambulatoria”, “comprador vendedor de discos y “operador de equipos de recreación”.

Pese a esto, según expresó a la prensa oficial la viceministra primera de Trabajo y Seguridad Social, las disposiciones contenidas en el decreto “no constituyen un retroceso en el desarrollo de la actividad (cuentapropista)”, sino que ellas permitirán “consolidar la organización y el control del trabajo por cuenta propia de manera tal que este continúe avanzando de manera ordenada y eficiente”. Sólo que esta funcionaria no explicó de qué manera podría “avanzar” un proceso que ha sido detenido por decreto gubernamental.

Y si bien resulta paradójica semejante estrategia de avance hacia atrás, más impúdicos aún resultan los pretextos que se utilizan para justificar la retracción de lo que años atrás se anunciaba como un proceso de reformas que oxigenaría la economía interna y permitiría ampliar las potencialidades de la menguada fuerza laboral cubana. Resulta que el voluble anciano gobernante ha descubierto “desviaciones en la implementación de la política aprobada” para el TCP, que van desde la utilización de materias primas y equipamientos “de procedencia ilícita” hasta el “incumplimiento de obligaciones tributarias”, incluidas sub-declaraciones, por parte de los titulares del sector.

Lo cierto es que, aunque frecuentemente las autoridades han expresado que el TCP ha reportado beneficios al “aligerar la carga del Estado” tanto en el reordenamiento laboral como en la oferta de bienes y servicios –lo cual, dicho sea de paso, no es ni debería ser la aspiración natural del trabajo privado en ninguna parte del mundo–, en la práctica este sector se ha convertido en el villano más propicio (después del “criminal bloqueo imperialista”) para justificar las causas de los fracasos inherentes al sistema sociopolítico cubano.

A todas las “desviaciones” antes señaladas se suma la “falta de enfrentamiento y solución oportuna a los problemas”, “imprecisiones e insuficiencias en el control” y “deficiencias en la contratación económica para la prestación de servicios u oferta de producción entre personas jurídicas y personas naturales”, entre otras.

Estas últimas deficiencias, sin embargo, no son atribuibles a quienes ejercen el TCP sino a los representantes y funcionarios del gobierno encargados de su correcto cumplimiento que no desempeñaron adecuadamente sus obligaciones, por lo que –de aplicarse tabla rasa en la aplicación de la ley–, deberían suspenderse igualmente las plazas de inspectores estatales, funcionarios de la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT), policías, y toda una pléyade de burócratas relacionados con la implementación y control del TPC y que constituyen una densa capa de parásitos que solo tributan al aumento de la corrupción, extendida en todo el país como una epidemia.

Pero el nuevo decreto del General Ruperto Marcha Atrás adolece también de numerosas contradicciones de fondo, como por ejemplo, que entre las actividades que entran en esta especie de “hibernación”  temporal se encuentran en primer lugar la de arrendador de viviendas, habitaciones y espacios, así como la de cafeterías y restaurantes (paladares), lo cual constituye un verdadero desatino en un país que –se dice– espera que el número de visitantes este año alcance los 4 millones, y no cuenta con la infraestructura hotelera y gastronómica capaz de satisfacer tal demanda.

Visto desde una óptica más objetiva, es obvio que el gobierno cubano prefiere que sean los turoperadores extranjeros instalados en la Isla quienes se beneficien de la afluencia de visitantes foráneos y no los propios emprendedores nativos; lo cual no se explica solamente como una simple perversión del sistema –que también lo es– sino como el pánico del Poder ante las capacidades de prosperidad y autonomía que en apenas unos años ha demostrado el sector privado, mucho más exitoso y competitivo que el sector estatal, y por tanto una potencial fuerza social relativamente independiente de la férrea sujeción gubernamental. Y es sabido que el poder de las autocracias se sustenta sobre el más absoluto control social.

Nada tan amenazante para un régimen autocrático como la posibilidad de que se consolide un segmento autónomo –y por tanto, potencialmente libre– dentro de la sociedad cubana. De ahí la demonización de lo que llaman “la acumulación de riqueza”, y el cuestionamiento de las posibilidades de algunos emprendedores de viajar al extranjero e importar materias primas e insumos, abiertamente expresadas en el citado discurso del General ante el Parlamento.

Igualmente paradójico resulta que durante el más reciente período de sesiones del Parlamento se haya reconocido oficialmente la existencia de un déficit de 883 mil viviendas –cifra que en realidad debe ser muy superior–, pero a la vez en el Decreto publicado hoy en la Gaceta se haya prohibido el otorgamiento de nuevas licencias para contratistas privados, a contrapelo de que ha sido precisamente la actividad constructiva privada la que ha marcado un discreto crecimiento en la fabricación y reparación de viviendas, en contraste con las construcciones dependientes del Estado, que vienen acumulando colosales incumplimientos desde décadas atrás, en un país cuyo fondo habitacional se encuentra en estado calamitoso y la mayoría de la población carece de recursos para acceder a una vivienda.

Analizar todas las debilidades e incongruencias del nuevo Decreto requeriría decenas de páginas, pero no merece la pena el esfuerzo. Simplemente estamos ante el más reciente engendro del irrealizable proyecto de “actualización del modelo”, que ha sido la quimera de Castro II desde su arribo al trono verde olivo. Nada tan grotesco como pretender implementar desde la demostrada imperfección del Poder el “perfeccionamiento del trabajo por cuenta propia”, el único segmento de la economía nacional que funciona con alguna eficiencia.

El General y su claque lo saben, de manera que esta nueva limitación al sector privado es en realidad la expresión  jurídica del terror gubernamental a perder el control social en un país donde el descontento, las insatisfacciones y las carencias siguen en aumento. De momento, todo indica que el disfraz de reformista del general-presidente seguirá perdiendo las costuras.

Acerca del Autor

Miriam Celaya
Miriam Celaya

Miriam Celaya (La Habana, Cuba 9 de octubre de 1959). Graduada de Historia del Arte, trabajó durante casi dos décadas en el Departamento de Arqueología de la Academia de Ciencias de Cuba. Además, ha sido profesora de literatura y español. Miriam Celaya, seudónimo: Eva, es una habanera de la Isla, perteneciente a una generación que ha vivido debatiéndose entre la desilusión y la esperanza y cuyos miembros alcanzaron la mayoría de edad en el controvertido año 1980. Ha publicado colaboraciones en el espacio Encuentro en la Red, para el cual creó el seudónimo. En julio de 2008, Eva asumió públicamente su verdadera identidad. Es autora del Blog Sin Evasión

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