“El bandido era yo”: ¿Quién era en verdad el niño Fidel Castro?

“El bandido era yo”: ¿Quién era en verdad el niño Fidel Castro?

Tras el anuncio de los Estudios de Animación del ICRT sobre la producción de unos dibujos animados acerca de la infancia de Fidel Castro, lo que interesa no es lo que abordarán, sino lo que omitirán.

Fidel Castro durante una visita a Birán, el lugar donde nació y creció (Foto: Radio Angulo)

LA HABANA, Cuba. – En días pasados, el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) de la Isla anunció que para este año sus Estudios de Animación tenían el proyecto de producir unos dibujos animados sobre la infancia de Fidel Castro.

Se trata, sin duda alguna, de continuar con el “lavado de cerebros” que durante más de 60 años se practica en las escuelas cubanas, controladas todas por la dictadura. Después de obligar a los niños a repetir a diario “Seremos como el Che”, al parecer es Fidel quien asume ahora el lugar del “guerrillero heroico”. 

Pero, ¿cómo transcurrió la infancia de este dictador caribeño que, según los analistas más prominentes, fue un “loco e irracional”? De acuerdo con tales fuentes la destrucción sistemática de Cuba no fue un error, sino el premeditado diseño de un extraño ser humano, amante de la guerra cuando niño y defensor de la guerra nuclear después. Recuérdese que Fidel Castro acercó al mundo a un Armagedón: si los misiles soviéticos emplazados en Cuba hubieran estado bajo su control los habría disparado.

La vida de este niño fuera de lo común, al que en una ocasión un poeta consideró “iluminado”, no es otra cosa que la historia de un hombre que creció con grandes complejos y traumas.

En la introducción de su libro La victoria estratégica, el propio “Comandante en Jefe” aclara que solo al conocerse su infancia se comprendería el sentido de su vida, esto es, sus amores, sobre todo los secretos, su odio visceral hacia la familia, su aterrador sistema represivo contra los cubanos que no pensaban como él, las cárceles políticas, los miles de fusilamientos, la emigración masiva de los cubanos que huían del comunismo, el caso Ochoa, el papel de Cuba en el golpe de Estado de Chile, sus relaciones con los servicios secretos soviéticos, el miedo de Gorbachov a morir víctima de un atentado en Cuba, entre otros asuntos nada difundidos por los medios de propaganda del régimen o bien reescritos por la épica castrista, como siempre.

También confiesa el propio Fidel que “era bastante aficionado a las armas”, cuyo uso aprendió con las de su padre. Además, admiraba las aventuras bélicas de Alejandro Magno, por lo que pidió que cambiaran su segundo nombre (Hipólito) por el del emperador macedonio. 

Cuenta además que a los 11 años le lanzó un pan con mantequilla a su profesor y que luego lo embistió con manos y pies. Según él mismo, aquel hecho se recordó en la escuela de jesuitas durante mucho tiempo. Cuando llegaron sus padres, citados de antemano, los maestros lo acusaron a él y a sus hermanos de tener un pésimo comportamiento: “Sus tres hijos son los tres bandidos más grandes que pasaron por esta escuela”, dijeron. 

“Se suponía que el bandido era yo ―dice Fidel―, porque Raúl tenía apenas seis años y Ramón siempre se caracterizó por su bondad”. Precisamente, Ramón le reprochaba que diseccionara lagartijas con una hoja de afeitar, para después observar cómo batallones de hormigas cargaban con los restos de sus víctimas. 

No hay dudas de que estuviera obsesionado por el espíritu de sacrificio: el suyo, pero también el de los demás. ¿No sufrieron en prisión durante largas décadas amigos suyos que lucharon junto a él, como Mario Chánez de Armas, Hubert Matos, Gustavo Arcos?

¿Los dibujos animados cocinados por el ICRT nos dejarán conocer de aquella carta que Fidel, a los 12 años, le dirigió al presidente Roosevelt, ofreciendo mostrarle la ubicación de las minas “más grandes de hierro del país”, a cambio de 10 dólares? 

Poco después, amenazó a su madre con darle candela al hogar familiar si no lo complacía en sus deseos. Asustada, Lina se lo contó al esposo y este le respondió: “Complácelo, porque este hijo mío es capaz de hacerlo”. 

Muchas son las historias de su infancia y temprana juventud que no se conocerán en los dibujos animados del ICRT. Por ejemplo, sus planes para asesinar al presidente Grau, su exilio de tres meses en Estados Unidos por sus rencillas con otros estudiantes universitarios, su relación con el gansterismo, entre incontables locuras que pasaron por su cabeza.

El analista e historiador cubano Servando González, un exoficial del Ministerio del Interior de Cuba que se exilió en 1981 en Estados Unidos, trató en su libro Secreto Fidel Castro: reconstrucción de un símbolo la personalidad del dictador. El autor, sin muchos rodeos, reconoce que Cuba está totalmente destruida por la culpa del “máximo líder”. La Isla, que en 1959 era el tercer país en desarrollo de América, hoy está por debajo de Haití.

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Tania Díaz Castro

Tania Díaz Castro nació en Camajuaní, Villaclara, en 1939. Estudió en una escuela de monjas. Sus primeros cuatro libros de poesía fueron publicados por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y dos por Linden Ediciones Line Press y ZV Lunaticas. A partir de 1964 trabajó como reportera en revistas y periódicos de Cuba y escribió durante ocho años guiones de radio en el ICRT entre 1977 y
1983 y en 1992 y 1993, cronicas sobre la historia de China en el
periódico Kwong Wah Po, del Barrio Chino de La Habana. En 1989 y 1990 sufrió prisión por pedir un Plebiscito a Fidel Castro. Comenzó a trabajar en CubaNet en 1998 y vive con sus perros y gatos en Santa Fe, comunidad habanera.

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