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El apoliticismo de Pedro Juan Gutiérrez

Pedro Juan Gutiérrez, Cuba

LA HABANA, Cuba. – A Pedro Juan Gutiérrez, a quienes algunos comparan con Bukovsky, suelen criticarlo  por la crudeza de su literatura. Pero precisamente por ello es que lo admiro.  No creo que haya otro modo mejor que el realismo sucio  tal y como lo emplea Pedro Juan –con palabrotas, sexo desenfrenado, violencia y ambientes escatológicos– para narrar la vida de las últimas cinco décadas en Cuba.

A un lector extranjero, especialmente si es de los que aún siguen tercamente obnubilados por la revolución castrista, podrán parecerle brutales e hiperbolizadas sus tramas. Pero cualquier cubano de mi generación conoce historias similares a las de los personajes de la Trilogía sucia, El rey de La HabanaFabián y el caosEl nido de la serpiente, esa especie de bildungsroman  del alter ego del escritor.

Admiro a Pedro Juan Gutiérrez como escritor, pero me defraudó como persona luego de que leí la entrevista que concedió a César Coca y que apareció publicada recientemente en la página Cubaencuentro.

En dicha entrevista, el escritor, al referirse de modo esquivo y apocado a la situación cubana, se muestra más que cobarde, hipócrita y cínico. En cuanto a ser evasivo y vestir de zorro ante la prensa, Pedro Juan emula con otro experto en esas lides, su colega Leonardo Padura.

Se entiende que un autor que vive en Cuba sepa nadar y guardar la ropa, que cuide su pellejo de la ira del régimen, que evite disgustarlo demasiado con sus opiniones. Pero no hay que exagerar con el miedo y las precauciones, máxime si se es famoso y se tiene una nacionalidad extranjera.

Tanto Pedro Juan Gutiérrez como Padura tienen la ciudadanía española. Y en el caso del primero, pasa la mayor parte del año –más de seis meses, si no hay contratiempos– fuera de Cuba (en España u otros países).

Los censores castristas siempre se han mostrado reluctantes con Pedro Juan Gutiérrez debido al modo crítico y descarnado en que se refleja la sociedad cubana en su narrativa. El libro que  lo hizo internacionalmente famoso, Trilogía sucia de La Habana, tuvo que esperar más de 20 años para que se publicara en la Isla. Ese título y otros 16, cuando los han publicado, ha sido sin promoción y en tiradas reducidas (no más de 3 000 o 5 000 ejemplares) que se agotan enseguida.

Pero Pedro Juan Gutiérrez, ante el entrevistador, se muestra benévolo y hasta comprensivo con la censura, que achaca a “oportunistas que siempre aparecen en sociedades tan politizadas”. Asegura que “la censura que había era una especie de vocación provinciana de no ver las cosas con amplitud”, y luego dice que “ya no es tanto como antes”. Y menos mal que reconoce que “aún necesitamos libertad y tranquilidad”, que “queda mucho por avanzar en esos campos” y hasta se atreve a pedir “mayor respeto para los creadores, sobre todo los más jóvenes”.

Pero hasta ahí se atrevió Pedro Juan Gutiérrez. De política, el entrevistador tuvo que sacarle a tirones las palabras de la boca. Y fue sumamente cauto en lo que dijo.

Las circunstancias actuales en Cuba, que describió como “muy difíciles socialmente y también en cuanto a abastecimiento”, las atribuye a “las medidas que adoptó Trump buscando que la gente saliera a la calle a protestar”, que se han juntado con “algunas medidas fuertes de reestructuración económica y con la pandemia, que ha acabado con el turismo”.

Cuando el entrevistador le pregunta si “Raúl Castro y su grupo más próximo siguen mandando, aunque sea desde la sombra”, Pedro Juan Gutiérrez dice no tener ni idea. Explica que está muy alejado de la política, y que “los mundos del poder no le preocupan”.

Según Gutiérrez, que dice preferir ser “un observador más alejado e imparcial”, “Cuba está en un momento de transición interesante que seguirá sin violencia ni extremismos”. Asegura que la época de los héroes ya pasó, y “lo que quiere el pueblo es vivir tranquilo, en todos los sentidos, el de la paz, el económico”.

Los mandamases, siempre extremistas e intolerantes, no se dignan a complacer los deseos del pueblo. Y Pedro Juan Gutiérrez, como si con él no fuese…

Molesta tanto apoliticismo ingenuo y desentendido en alguien como Pedro Juan Gutiérrez, que en su libro Fabián y el caos puso en boca de un personaje nombrado Warren la siguiente explicación: “Un artista siempre pertenece a una elite. No somos obreros, no somos robots. Hay que marcar las distancias. Si te ven hundido estás perdido porque te machacarán más. Lo único que quieren es que todos seamos robots. Que todos seamos proletarios. Es muy cómodo para ellos, tener una sociedad uniformada, silenciosa, que nadie proteste, que nadie tenga ideas propias. Por eso crean o intentan crear la ilusión de que son los proletarios los que mandan, que es la mayoría. Esa es una mentira perfecta. Y además, no han tenido que inventar nada. Ya todo está inventado y lo han importado. De Europa del Este y de China. Lenin, Stalin, Mao. Es fácil, lo tienen fácil”.

No es que uno aspire a que Pedro Juan Gutiérrez sea panfletario en contra del régimen, pero uno espera un poco más de franqueza, menos circunloquios y evasivas en alguien que, en el capítulo VII de El nido de la serpiente (Ediciones Unión, 2016), afirmaba que escribía sacando afuera la rabia y la locura, sin miedo, arriesgándose, porque “el que no se atreve a llegar hasta el límite no tiene derecho a escribir…”.

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