Cuba: emergencia sanitaria vs. ideología

Cuba: emergencia sanitaria vs. ideología

El “trabajo ideológico” siempre a la vanguardia de la “planificación socialista”, incluso en situación de calamidad inminente

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Díaz-Canel junto a médicos cubanos. Aeropuerto José Martí de La Habana. 2018 (foto Granma)

LA HABANA, Cuba. – Mientras escribo este fin de semana, las instituciones sanitarias de la isla están reportando 35 casos de COVID-19 pero, entre los más de 30 mil ciudadanos cubanos y extranjeros, que se encuentran en observación, en las siguientes horas se revelarán más enfermos, teniendo en cuenta el modo de transmisión de la actual pandemia.

La irresponsabilidad y el interés económico que han primado en la toma de decisiones en la actual “coyuntura”, terminarán esta vez por pasarnos la cuenta a buena parte de los cubanos y cubanas que, desafortunadamente, no podemos darnos el lujo de recluirnos en casa, aprovisionados con lo mínimo que se necesita para una prolongada cuarentena.

Muchos están conscientes de que es el único modo de hacerlo pero, más allá de embargos y demás justificaciones, el sistema fue impuesto y diseñado por el Partido Comunista para que solo unos pocos “elegidos” —esos que la propia Constitución protege como “vanguardia” y “fuerza superior y rectora” de la sociedad—, puedan sentirse a resguardo de las adversidades. La pobreza, al parecer, ha sido el más eficaz método de control ideológico en todos estos años.

Así, el resto de los mortales vive en hacinamiento con familiares y hasta vecinos, en casuchas, ciudadelas, edificios en mal estado y barriadas donde no solo faltan la ventilación, la luz, el agua, el espacio privado y la higiene sino donde es indispensable para sobrevivir el intercambio entre todos. No solo por aquello de que “una mano lava la otra y las dos la cara”, o por “idiosincracia del latino”, sino porque el desabastecimiento general y la precariedad de los salarios obligan a tocar a la puerta del otro, a convivir, a olvidarnos de los dos metros de distancia que hay que guardar para estar seguros porque los estómagos vacíos no entienden de coronavirus.

Hace un par de días leí por ahí que, en el caso de Cuba, la pandemia había llegado para terminar de abrir los ojos a quienes aún tienen fe en el “socialismo a la cubana”. Es algo cruel pero posiblemente no falto de razón.

Es el de aquí un sistema que pretende venderse “hacia afuera” como más humano que cualquiera de los capitalismos del universo pero que, en la práctica, constantemente se revela no solo como dependiente del apoyo financiero de su “opuesto”, incluso de su “enemigo”, sino más vigilante de los intereses económicos, más complaciente con el inversionista y cliente extranjeros, que entregado a un pueblo al que exige fidelidad incondicional y sacrificios extremos, amparados en una idea de “bien común” manipuladora y mucho más cruel que pensar en el coronavirus como un escarmiento.

Mientras Nueva York, Madrid, toda Italia declaran rígidas cuarentenas y hasta toques de queda que refuerzan el aislamiento de los ciudadanos como único método efectivo para frenar el avance de la pandemia —sin más burocracia que una única orden que garantiza el respeto de los empleos, los pagos de salarios, sin dar margen a la voluntad e iniciativa personales de los dueños de negocios—, el régimen cubano se enreda en disposiciones, acuerdos, grupos de trabajo que generan otros subgrupos de trabajo, reuniones, anexos a contratos laborales y demás montañas de niebla que solo crean más confusión y desinformación, tan peligrosas en las actuales circunstancias.

Miguel Díaz-Canel ha aparecido en televisión hablando de dificultades que ya debían haber sido analizadas si en realidad tantos “equipos de trabajo”, creados a propósito del COVID-19, hubiesen hecho lo que debían hacer cuando se habló por primera vez de la posibilidad de terminar contagiados.

¿Cómo es posible que casi a las puertas de una situación sanitaria que sin dudas se tornará incontrolable en pocos días, aún no se haya determinado qué instalaciones se destinarán para atender los casos de manera masiva y aquella otras para someter a aislamiento a cubanos que arriben a Cuba después del martes, cuando cierren la frontera a los extranjeros? Al menos este fin de semana, con 30 mil personas bajo seguimiento, no se tenía claro ese detalle.

No es necesario hacernos la pregunta de por qué se han distendido tanto en la fase primera del protocolo sanitario cuando ya debiéramos estar en la segunda.

El común denominador de todo esto que pudiera terminar en desastre, si antes no se obra un milagro, es el mismo que explica por qué el Primer Ministro de un país es un inversionista que manejó el turismo por casi dos décadas.

Todo se trata de dinero y, cuando no, de control social, y por eso las escuelas, universidades y centros de trabajo no cerrarán por el momento, ni las “reuniones del CDR en los barrios” para “informar a la población”. Pero si de verdad persiguieran la información inmediata, bajarían los precios de la telefonía celular y los paquetes de datos, incluso Cubadebate dejaría de cobrar un peso por suscribirte a sus servicios de titulares por sms, para empezar.

No saben qué instalaciones dedicarán como hospitales improvisados en caso de que la pandemia se instale de manera agresiva, sin embargo, ya lo han anunciado, buscarán el modo de “celebrar” Primero de Mayo con una “breve representación de la masa trabajadora” para evitar las “aglomeraciones”. El “trabajo ideológico” siempre a la vanguardia de la “planificación socialista”, incluso en situación de calamidad inminente. No piensan “como país” sino como Partido, quizás hasta como empresarios.

Se comenta que esta semana entrante, después del martes, posiblemente se dictaminará al cierre total de algunos centros de trabajo y se obligará a la gente a guardarse en casa un tiempo. Todo está “en estudio” y, mientras tanto, la gente anda como loca acaparando lo que pueden, que no es mucho.

Me imagino que, además de querer sacarle hasta la última gota de sudor a la “masa”, la demora es porque estén pensando cómo lograr ese milagro cuando las despensas en los hogares están vacías y se sabe muy bien que el “apetito” es directamente proporcional a la ansiedad del encierro, y estos dos, juntos e insatisfechos, no tardan en desatar la ira.

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Acerca del Autor

Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang (El Cerro, La Habana, 15 de junio de 1971). Escritor. Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana. Cursó estudios de Lengua y Cultura Gallegas en la Universidad de Santiago de Compostela. Ha publicado las novelas: Tus ojos frente a la nada están (2006) y Alicia bajo su propia sombra (2012). Es autor, además, de los libros de relatos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Los fantasmas de Sade (2002); Historias de seda (2003); Variaciones para ágrafos (2007), El arte de morir a solas (2011) y Cien cuentos letales (2014). Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: David de Cuento, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1999; Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en dos ocasiones, 1998 y 2008; Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su primera convocatoria en 2002; Premio Nacional de la Crítica, en 2007; Premio Alejo Carpentier de Cuento 2011, entre otros. Ha trabajado como editor para numerosas instituciones culturales cubanas como la Casa de las Américas (1997-2008), Editorial Arte y Literatura, el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana. Fue Jefe de Redacción de la revista Unión (2008-2011).

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