A bailar y a gozar con la COVID-19

A bailar y a gozar con la COVID-19

La canción de El Tosco no habría armado tanto revuelo si no fuera porque la campaña oficial de comunicación sobre la COVID-19 está muy mal articulada

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José Luis Cortés, alias el Tosco (Toma de pantalla)

LA HABANA, Cuba. – A pesar de que ya fue retirado de los medios cubanos de comunicación, en la plataforma YouTube puede apreciarse el video “Evita el Coronavirus”, de José Luis Cortés “El Tosco” y NG La Banda. Desde el pasado viernes este tema está dando mucho de qué hablar en redes sociales, sobre todo para lamentar lo inoportuno e insensible de una canción que rebaja al choteo más irresponsable la amenaza que tiene en vilo al mundo entero.

Conociendo la trayectoria de El Tosco y NG, esperaba algo al estilo de “Échale limón” o “La Bruja”; es decir, una jodedera inocua para que la gente tenga algo pegajoso que tararear en tiempos difíciles, sin dejar de endilgarle historias, moralejas o consejos anclados en el contexto social que le dio origen al tema, en primer lugar. “Evita el Coronavirus” es más de lo mismo, y la única justificación para la oleada de censura ciudadana que le ha caído a José Luis Cortés, e indirectamente a quienes encargaron y pagaron por el vídeo, es el estado de temor y ansiedad que pesa en el ánimo de los cubanos.

En el vídeo no aparece nada que amerite las críticas y reacciones extremas que han sacudido las redes sociales. Hay personas hablando de irrespeto, falta de tacto e incluso xenofobia, por aquello de “y no lo salvó ni el médico chino”. Quizás la excesiva banalización de un problema global que ha causado miles de fallecidos y la certeza de que lo peor de la crisis epidemiológica está por golpear a la Isla, han convertido la tentativa de “relajar el ambiente” con timba cubana en un error imperdonable para muchos.

La culpa no es de El Tosco, siempre dispuesto a sacarle partido a cualquier “coyuntura” compleja y contribuir al manejo de la crisis con un estribillo a propósito. La responsabilidad es de quienes solicitaron con premura un tema pegajoso y didáctico para meterles en el cerebro a los cubanos lo que no les llega a través de noticieros y spots televisivos.

Esos comitentes del ICRT están convencidos de que los ciudadanos solo son capaces de elevar su percepción de riesgo si se simplifica hasta lo burlesco un asunto de urgencia mayor. Para una parte del auditorio, no obstante, este tipo de mensaje ha sido efectivo en cuanto a promover la concientización que no despierta el Ministro de Salud Pública durante sus kilométricas y tediosas ruedas de prensa.

La canción de El Tosco no habría armado tanto revuelo si no fuera porque la campaña oficial de comunicación sobre la COVID-19 está muy mal articulada y va de lo sublime a lo ridículo, de la severidad al desparpajo. Tras continuos llamados de alerta, no es de extrañar que muchos cubanos consideren peligrosa la degradación del mensaje musicalizado por NG La Banda, al punto de temer que la gente se comporte con mayor negligencia y dé por sentado que el virus no cobrará vidas en Cuba porque nuestra jocosidad congénita es un sortilegio ante todos los males.

El debate arrastra igualmente criterios personales y prejuicios estéticos. Otra vez se enfrentan los que defienden al excelente músico que es José Luis Cortés y quienes lo critican por su chabacanería. Todo ello, sin embargo, palidece ante el hecho de que el pueblo ha devenido censor, asumiendo el rol de las obsoletas instituciones cubanas. Es difícil determinar de dónde viene tanta furia, porque si la cosa va de ser intolerantes con cualquier expresión que trivialice a la pandemia, habría que empezar por los memes que circulan en las redes sociales y en los que nadie ve una falta de respeto, ni augurios de muerte.

El Tosco puede no ser del agrado de un segmento importante de cubanos; pero no hay que ver malicia donde solo hubo intención de ganarse unos pesitos, sacarle presión al hervidero social y poner en mal verso las mismas medidas higiénico-sanitarias que tanta gente desoye gracias a la aburrida mismidad de los anuncios de la televisión cubana, que no establecen diferencias entre desastres naturales, campañas antivectoriales, bastiones y pandemias.

Para algunos la canción resulta, cuando menos, innecesaria; pero al colocarla en el marco de la censura la han elevado de categoría, como ocurrió con “El chupi chupi” de Osmani García hace varios años. Los mismos que permitieron a aquel controvertido reguetón alcanzar el número uno en los Lucas, retiraron todos los filtros para que el nuevo “hit” de NG La Banda llegara a Cubavisión, el canal de la familia cubana.

De existir algún reclamo, a ellos debe ir dirigido; aunque pienso sería más fácil ignorar la ocurrencia de El Tosco que tragar bilis por una tonta canción, mucho menos ofensiva que pobre en cuando a letra y música. El tema es pésimo, de eso no hay duda; pero es todo lo que pueden ofrecer los músicos cubanos en estas circunstancias.

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Ana León

Anay Remón García. La Habana, 1983. Graduada de Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Durante cuatro años fue profesora en la Facultad de Artes y Letras. Trabajó como gestora cultural en dos ediciones consecutivas del Premio Casa Víctor Hugo de la Oficina del Historiador de La Habana. Ha publicado ensayos en las revistas especializadas Temas, Clave y Arte Cubano. Desde 2015 escribe para CubaNet bajo el pseudónimo de Ana León. Desde 2018 el régimen cubano no le permite viajar fuera del país, como represalia por su trabajo periodístico.

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