Un 8 de septiembre para olvidar

Un 8 de septiembre para olvidar

Día horrible para la fe y para el bolsillo, este 8 de septiembre la Patrona de Cuba pasó en silencio por el almanaque

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Grupo de policías y agentes de la Seguridad del Estado, Iglesia de la Caridad, Centro Habana (foto del autor)

LA HABANA, Cuba. – La Iglesia de la Caridad, emplazada en el barrio Los Sitios del municipio Centro Habana, permaneció el día de ayer custodiada por fuerzas policiales, agentes de la seguridad del estado y miembros de las brigadas de respuesta rápida. En medio de las restricciones aplicadas por el régimen para controlar el rebrote de la COVID-19, los fieles no pudieron acceder al santuario y tuvieron que conformarse con la misa televisada por el Canal Educativo de la Televisión Cubana. Algunas personas, no obstante, se acercaron a la iglesia con ramos de flores, para encontrarse con que tampoco era posible dejarle ofrendas de ningún tipo a la Santa Patrona, supuestamente para evitar el contagio por coronavirus.

“Las ofrendas las pone usted en su casa”, explicó cordialmente una empleada que repartía volantes ante la mirada escrutadora de los agentes de la seguridad y los grupos de policías que, desde la esquina, acechaban a quienes se detenían delante de la Iglesia para escuchar algunos pasajes de la misa que llegaba hasta la calle a través de un amplificador.

Desnudo y triste lucía el templo que tradicionalmente celebra este día con sus pórticos repletos de flores en tributo a la Virgen de la Caridad. La gente rezaba sus plegarias desde la calle, bajo la mirada de los represores, para luego retirarse frustrada, sin entender por qué no era posible acomodar las flores en los peldaños de la breve escalinata y dejar ir con ellas al menos una parte del temor y el disgusto que no han dado tregua durante todo el año, debido a la crisis epidemiológica y la catástrofe nacional que no deja de empeorar.

Estos tiempos de encierro, avinagrados por la mala economía, no han sido propicios a la empatía y el amor por el prójimo. Es una pena que a nadie se le ocurriera el noble gesto de permitir que los fieles dejaran flores en el pórtico de la iglesia. Ese acto generoso, por insignificante que pueda parecer, hubiera aliviado la pesada carga del cubano, renovado su fe y su esperanza, brindado alegría y tranquilidad.

Pero el girasol se ha convertido en una flor disidente, en el símbolo de un reclamo que exaspera al régimen y lo pone en vergüenza ante la opinión internacional. El girasol es la flor que engalana la causa por los presos políticos, el clamor de la oposición y de todo un país que quiere lo mismo, a pesar de que son pocos los que se aventuran a marchar con la divisa de la Santa Patrona apretada contra su pecho.

El régimen no hubiera permitido, en una jornada de arrestos o vigilancia domiciliar a activistas y opositores, un monte de girasoles en el corazón de Centro Habana, aunque estuvieran consagrados a la Virgen de la Caridad. Por ello cercó el santuario con un número considerable de efectivos, para recordarnos de paso que no estamos mucho mejor que aquellos esclavos que escondían a sus deidades y camuflaban sus creencias para burlar al opresor.

La historia de la religiosidad en Cuba durante los últimos sesenta años está marcada por una exclusión feroz, por el robo de cuanto hace persona a un individuo, incluida su Fe. Las recientes declaraciones de Mariela Castro enturbiaron aún más la fecha. Su provocación reabrió viejas heridas en la que debió ser una jornada de humildad y concordia, evidenciando tanto el grado de locura de los dirigentes castristas como el servilismo de la iglesia cubana y la dolorosa pequeñez de su pueblo.

Día horrible para la fe y para el bolsillo, este 8 de septiembre la Patrona de Cuba pasó en silencio por el almanaque, sin homenaje multitudinario ni paseo por Los Sitios. En su honor solo hubo represión por parte del régimen y poca vergüenza de quienes aprovecharon la escasez crónica, y la buena fe de los devotos, para vender ramos de girasoles mustios a 100 pesos (4 USD) en las contadas tarimas de flores autorizadas a trabajar. Una cifra escandalosa considerando que la mayoría de los cubanos se halla, literalmente, resistiendo bajo asedio.

No hubo marcha de los girasoles, como era de esperarse luego de tanto anuncio en las redes sociales. Sus principales promotores fueron calladamente neutralizados, mientras Cuba sigue desgarrándose sin brújula moral ni espiritual en un año aciago a pesar de estar regido por Oshún, deidad yoruba que se sincretiza con la Virgen de la Caridad, protectora de todos los cubanos. La paradoja encierra un mensaje que debe ser atendido. En sesenta años hemos perdido la libertad, la patria y la prosperidad. Con frecuencia nos hemos jactado de haber sobrevivido milagrosamente, despedazados y por muy poco margen, pero vivos. ¿Qué pasará cuando también se nos acabe el aché?

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Acerca del Autor

Ana León

Ana León

Anay Remón García. La Habana, 1983. Graduada de Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Durante cuatro años fue profesora en la Facultad de Artes y Letras. Trabajó como gestora cultural en dos ediciones consecutivas del Premio Casa Víctor Hugo de la Oficina del Historiador de La Habana. Ha publicado ensayos en las revistas especializadas Temas, Clave y Arte Cubano. Desde 2015 escribe para Cubanet bajo el pseudónimo de Ana Léon.

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