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Lunes, 26 de junio 2017

Alerta para Cuba: el peligro está en el aire

Las enfermedades respiratorias han aumentado en la población debido al agravamiento de la contaminación ambiental

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LA HABANA, Cuba.- “Hoy Rafaelito no podrá dormir. Me veo pasando la noche en el hospital”, dice Daniela mientras observa la nube de humo que amenaza con envolver el caserío donde vive ilegal, relativamente cercano al vertedero del Cotorro, a un lado de la autopista conocida como Ocho Vías, en la periferia de La Habana.

Las crisis de asma de su hijo de cinco años, de tan frecuentes, se han vuelto rutinarias al igual que las prolongadas estadías en los hospitales.

“Es como un reloj. Si queman basura, Rafaelito se enferma”, dice Daniela que no duda en relacionar el debilitamiento de la salud de su hijo con el ambiente irrespirable: “Aquí el asma es como decir un catarro. Mi mamá se pasa el día con falta de aire. Yo toso toda la noche. Todo el mundo sabe que es por culpa del humo pero nadie hace nada. Siguen quemando basura y diciéndote que eso no tiene que ver, que es por la humedad”.

Mientras conversa, Daniela abanica al niño como si con eso lo protegiera. La nube de humo se ha vuelto tan densa que, en la autopista, aunque es aún de día, algunos autos han encendido las luces.

“No parece Cuba”, me comenta un vecino de Daniela, ironizando con esa otra imagen paradisíaca, virginal, plena de verdores bajo cielos azules, que usan como gancho las agencias de turismo.

Pero el caso de Daniela tipifica una realidad. Engrosa la lista de los cientos de miles de cubanos afectados por la contaminación ambiental que, según estudios realizados por especialistas pertenecientes a instituciones científicas de la isla, se ha convertido en un problema alarmante, sobre todo en la capital y en zonas vinculadas al vertimiento de residuos, y a las actividades de las industrias petrolera y de extracción minera.

Un llamado de alerta desde los 90

Desde finales de los años 90 hasta el presente, varios trabajos investigativos han llamado la atención sobre el aumento de las enfermedades respiratorias en la población cubana debido al deterioro de la calidad del aire.

Diversas comprobaciones han demostrado que las medias diarias de dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno, humo y partículas en suspensión menores de 10 micrómetros (μm) se han comportado por encima de los valores aceptados por las normas sanitarias vigentes en la isla y pudieran repercutir en el aumento de las consultas de urgencia por crisis de asma bronquial y enfermedades respiratorias agudas en niños y adultos.

El doctor Carlos Vidal ha trabajado durante más  de diez años en varias consultas de urgencia en la capital cubana y, de acuerdo con su experiencia, existe una relación entre las enfermedades respiratorias y la contaminación del aire:

“Las enfermedades respiratorias agudas son las que más abundan en los Cuerpos de Guardia. En los policlínicos, la mayoría de los pacientes que se atienden (por urgencia), sobre todo los menores y los ancianos, presentan problemas respiratorios causados en parte por el clima pero también por la contaminación. Mucho más en la capital. (…) Cuando haces una pesquisa en los hogares enseguida descubres que la mayoría vive en zonas altamente contaminadas porque están cerca de vías de mucho tráfico, de industrias, de vertederos de basura, las casas no tienen ventilación adecuada o almacenan productos nocivos para la salud dentro de los hogares (…). Hace como dos años se hizo un estudio en zonas de Centro Habana, Plaza, Cerro, Cotorro, Diez de Octubre y se determinó que ha habido un aumento de los casos debido a la contaminación pero nosotros, como médicos, solo advertimos que existe el problema, que está en aumento, pero a otros corresponde encontrar la solución, y no todo se resuelve con medicamentos. Se trata de las condiciones de vida, de trabajo, eso es otro problema”, afirma Vidal.

Por su parte, la doctora Olivia Fundora ha colaborado en varias investigaciones sobre la correlación entre contaminación ambiental y salud humana. Para esta especialista, se deben desarrollar acciones urgentes para frenar y en algunos casos revertir la situación porque, a largo plazo, pudieran convertirse en un obstáculo para el desarrollo económico del país:

“El caso cubano no es tan grave como el de otras naciones del área o incluso con más desarrollo industrial pero no deja de ser preocupante ya que influyen otros factores (…) nuestro parque automotor en general es obsoleto. Por nuestras carreteras circula más de un 80 por ciento de autos en mal estado, con motores altamente contaminantes, más de la mitad de nuestras industrias, grandes y pequeñas, no cumplen con las normativas de tratamiento de residuales, los desechos sólidos no son debidamente tratados en los vertederos, el proceso más usual es la quema, sin velar por la preservación de los acuíferos o la calidad del aire. Hay estudios que advierten sobre contaminación de los suelos, aguas y aire en zonas que comienzan a ser industrializadas y que antes no padecían los problemas de hoy. (…) Todo eso está afectando la salud humana, sobre todo en niños. Hay que atender ese problema con urgencia si queremos ver realizados esos planes económicos. Tenemos una población envejeciendo, una natalidad decreciente y, al mismo tiempo, expuesta a enfermedades que pudieran ser causa de incapacidad o que incrementarán los gastos futuros en salud pública”, explica Olivia.

Sin embargo, existen estudios que comparan la gravedad de la situación ambiental en Cuba con la de otros países altamente desarrollados, aunque señalan causas muy diferentes para el caso cubano.

Un estudio publicado en 2015, realizado por especialistas del Departamento de Evaluación de Riesgos del Instituto Nacional de Higiene y Epidemiología, en colaboración con estudiosos del Departamento de Contaminantes del Aire, del Centro Nacional de Sanidad Ambiental, de Madrid, llama la atención sobre los efectos de los contaminantes atmosféricos y las afecciones agudas y crónicas sobre la salud, incluyendo el cáncer pulmonar.

Durante la investigación, realizada en tres zonas de la ciudad de La Habana, se calcularon las concentraciones medias de contaminantes “del orden de las reportadas en zonas urbanas altamente contaminadas de Europa y Estados Unidos”.

El atraso tecnológico, ¿el gran culpable?

Pero no es el desarrollo de la industria la causa del deterioro ambiental en la isla sino, entre otros factores, la obsolescencia tecnológica, advierten los investigadores en el citado estudio publicado en la revista “Higiene y Sanidad Ambiental”:

“El ineficiente o inexistente control de emisiones en los procesos de combustión industrial, y principalmente, la obsolescencia y el deficiente estado técnico de gran parte de los vehículos de transporte, exentos de la adecuada evaluación y eficaz control técnico de sus emisiones hacen postular que las partículas PM10 y PM2.5 presentes en el aire de la ciudad de La Habana poseen altos contenidos de carbono orgánico (COr) y elemental (CE)”.

Maribel García, especialista en temas ambientales, señala algunos de los factores que hablan de un empeoramiento de la situación:

“Todo desarrollo industrial trae contaminación, pero también la no actualización tecnológica. Más si no existe una educación sobre el tema, si no se habla del asunto o no hay un enfoque en los objetivos verdaderos. (…) En la televisión se nos habla del agua, se insiste en la necesidad de cuidarla, pero nos hacen responsables de algo que no podemos controlar. Yo, como ciudadano, ni siquiera como científico, puedo evitar la contaminación de los acuíferos. No se nos habla del verdadero peligro e insistimos en hacer creer que la contaminación con metales pesados o hidrocarburos es un problema de otros países. (…) Pero solo se habla del agua, nunca se habla del aire. Porque ese no se ve, no lo percibimos, no lo usamos como el agua. Pero tenemos suelos contaminados, tenemos zonas irrespirables como Boca de Jaruco, como las áreas cercanas a los vertederos, tenemos personas enfermando por negligencia, por políticas ineficaces (…). No puedes conciliar atención de salud gratuita y agravamiento de la situación ambiental. Económicamente no es sostenible. Lo que no inviertes por un lado, lo tienes que gastar por otro. (…) Tenemos graves problemas no solo con el aire. La contaminación no es solo un producto de la industrialización y el desarrollo, sino también del atraso, de la pobreza”, afirma García.

En el estudio titulado “Caracterización geoambiental del municipio Santa Cruz del Norte, Provincia Mayabeque, Cuba”, publicado en la revista “Ciencias de la Tierra y el Espacio”, los autores señalan esta correspondencia entre contaminación y malas condiciones de vida:

“La contaminación de origen líquidos, sólidos y gaseosos están relacionados con los insuficientes servicios de abastecimiento de agua potable, sistemas de saneamiento, tratamiento de aguas residuales provenientes de los procesos domésticos e industriales, así como el inadecuado manejo y gestión de los residuos sólidos (…). Los contaminantes procedentes de la actividad humana, se dispersan no solo a lo largo de los ríos. También penetran el suelo en zonas cársicas donde pueden desplazarse a largas distancias a lo largo de cavernas y de otros conductos subterráneos o son transportados por el aire”.

Las alertas sobre los problemas ambientales en Cuba se incrementan aunque, a juzgar por la tímida presencia de estas en los medios de divulgación oficiales y por la falta de cultura ambiental en la población y de programas educativos serios, parecen no ser muy bien recibidas por aquellos que prefieren mostrar al mundo esa imagen de isla resguardada bajo una campana de cristal, detenida en el tiempo e inmune a los riesgos del desarrollo y del capital.

Acerca del Autor

Ernesto Pérez Chang
Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang (El Cerro, La Habana, 15 de junio de 1971). Escritor. Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana. Cursó estudios de Lengua y Cultura Gallegas en la Universidad de Santiago de Compostela. Ha publicado las novelas: Tus ojos frente a la nada están (2006) y Alicia bajo su propia sombra (2012). Es autor, además, de los libros de relatos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Los fantasmas de Sade (2002); Historias de seda (2003); Variaciones para ágrafos (2007), El arte de morir a solas (2011) y Cien cuentos letales (2014). Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: David de Cuento, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1999; Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en dos ocasiones, 1998 y 2008; Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su primera convocatoria en 2002; Premio Nacional de la Crítica, en 2007; Premio Alejo Carpentier de Cuento 2011, entre otros. Ha trabajado como editor para numerosas instituciones culturales cubanas como la Casa de las Américas (1997-2008), Editorial Arte y Literatura, el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana. Fue Jefe de Redacción de la revista Unión (2008-2011).

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