Laura Domingo Agüero: “Yo entiendo el arte como una actitud social”

Laura Domingo Agüero: “Yo entiendo el arte como una actitud social”

“Vivimos en un mundo contaminado (…), globalizado, y yo creo que esto también tiene que ser para bien”

ROMA, Italia.- Poeta, coreógrafa, directora audiovisual… La cubana Laura Domingo Agüero (La Habana, 1985) es una creadora polifacética que no se pone límites. Bajo su firma encontramos reseñas culturales, montajes de coreografías (Cénit, Circunloquio), direcciones audiovisuales (Variaciones sobre el desequilibrio, Inexistencia) y volúmenes de poemas (De invocaciones y otros límites). Uno de sus últimos proyectos es un laboratorio de coreografía bajo el auspicio de la asociación italiana Grecam, donde se realiza esta entrevista.

Esta inquietud por todo tipo de artes le viene de cuna, nunca mejor dicho, pues la cubana explica que cuando nació tuvieron que quitar de una habitación pilas de libros para hacer espacio a su cuna. Su padre era escritor y ella creció rodeada de literatura, algo que, en su opinión, “siempre marca la vida de las personas”.

Tras un primer acercamiento a la danza impartiendo clases (se graduó en la Escuela Nacional de Ballet de Cuba como profesora), Domingo Agüero se dio cuenta de que la danza formaba parte de ella pero no como profesora, sino “de una manera que quizá no había descubierto antes”. Pasó por la Escuela de Letras y el Instituto Superior de Arte de La Habana para terminar trabajando en el montaje de coreografías. Al mismo tiempo, en Danza Contemporánea de Cuba encontraba “un centro de confluencia de muchas manifestaciones”, el lugar ideal para unir sus inquietudes artísticas.

Vínculo con Cuba

Este eclecticismo artístico también parece trasladarse a su vida personal. “Estoy en Italia desde hace un año y medio, pero mantengo un vínculo con Cuba muy fuerte que yo nunca perderé. Yo soy cubana, pertenezco a la cultura cubana y eso es algo para mí muy claro, muy fuerte y muy definitivo”, afirma convencida, pero con un espacio para el matiz. “Simplemente estoy en este momento en Italia porque también creo que uno pertenece a un lugar pero es parte del mundo (…). Y este concepto enriquece además el sentido del arte contemporáneo”.

(Foto del autor)

La coreógrafa considera que en Cuba se crece “con una conciencia muy fuerte de quiénes somos”, pero que queda por aprender “el hecho de que también somos universales. Este es quizá el reto de muchos cubanos, artistas y no artistas”, añade.

A este respecto, Domingo Agüero subraya los conceptos de “universalidad” y “fraternidad” a los que cree que debe aspirar el ser humano. “Yo no creo que el hecho de salir, de trasladarse de un país, haga a las personas más expansivas; uno lo puede ser (…) en su lugar”, explica citando a José Lezama Lima, considerado un “viajero inmóvil” porque “hizo una obra universal sin salir prácticamente del lugar donde vivía”. “Debemos potenciar mucho más el hecho de que todos somos parte de una historia”, continúa, “porque todos somos parte de un planeta, porque la idea de los límites nacionales es un concepto malo que de hecho ha traído muchas guerras y conflictos y los trae todavía”, añade. “Y la fraternidad, lo decía Chomsky, es la única posibilidad real que tenemos de llegar a conquistar un futuro mejor”.

Función social del arte

“Yo entiendo que el arte es también una actitud social”, continúa Domingo Agüero, que cree que esto es sinónimo de “una actitud política (…) una actitud de compromiso” porque “el hecho de vivir en sociedad significa que todos nosotros formamos parte de un sistema político, y por tanto tenemos una voz política”. Aprovecha esta idea para explicar las diferencias entre Cuba, “con una política cultural muy fuerte, muy definida, muy centralizada (…) controlada, auspiciada por el gobierno”, e Italia, donde “el arte se sustenta sobre todo por la iniciativa personal, y eso hace que sea un poco disperso”.

(Foto del autor)

Eclecticismo cultural

“Vivimos en un mundo contaminado (…), globalizado, y yo creo que esto también tiene que ser para bien”, explica la habanera cuando se le pregunta por la actualidad artística, y apunta que “definir un estilo y determinadas corrientes artísticas es cada vez más complejo en una sociedad tan movida y tan dinámica”. Como ejemplos de la evolución de las formas clásicas de arte, cita la videodanza y la danza teatro.

Siendo ella misma una mezcla de artes, se piensa mucho la respuesta sobre con cuál se siente más identificada. “Fíjate”, se decide, “yo creo que soy escritora porque también escribo con la danza. La danza es el silencio, que en la literatura es nada; en la danza el silencio cobra forma, y por eso también escribo a través del movimiento”.

Asociación Grecam

De la terapia a través del movimiento se ocupa la Asociación Grecam (Grupo de Investigación sobre la Creatividad a través del Movimiento, por sus siglas en italiano) que está albergando estos días, en Roma, el laboratorio de coreografía de Domingo Agüero. El nacimiento de esta asociación se remonta a los años 80, en un encuentro de psicoterapia en grupo con el uruguayo Norberto Silva Itza.

(Foto del autor)

Lo común era que tras cuatro años el grupo se disolviera, pero los miembros decidieron comenzar un método de psicoterapia que relaciona cuerpo y mente, nutriéndose de la “raíz latinoamericana” basada en “integrar al ser humano: no separar, no dividir, no hacer una sola cosa”, explica Carla Polidoro, presidenta de Grecam y una de sus fundadoras. Actualmente, la asociación tiene cuatro sedes repartidas por Italia donde se realizan cursos de terapia para adolescentes, ancianos, personas con problemas alimentarios, de osteopatía y escoliosis, además de eventos de cine y poesía.

En Grecam, Domingo Agüero trata con personas que no tienen una formación de danza académica pero que a cambio le permiten “conocer la pureza de descubrir el cuerpo”. “La danza puede ser virtuosa, pero no debe ser siempre virtuosa y acrobática, puede ser también de otra forma”, aclara. “Y a veces he descubierto, con personas que no tienen ese tipo de formación tan fuerte, un canal muy emocional para mover el cuerpo, para llegar a hacer otro tipo de movimiento”.

Con este tipo de laboratorios, la coreógrafa quiere desterrar la idea de que el arte pertenezca a una élite, “de que la poesía solo la puedan escribir personas que han pasado por una escuela”. “Todos somos creadores potenciales, el hombre es un creador potencial, y esta es la parte divina del ser humano: somos creadores porque (…) somos espíritu”.

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