Una patada en el avispero

Una patada en el avispero

Guardia roja fidelista busca retractación de uno de los suyos que contradijo discurso oficial sobre racismo en Cuba

LA HABANA, Cuba, abril, 173.203.82.38 -Cuesta entender a algunos intelectuales cubanos que dicen ser defensores del derecho de los negros y mestizos. No les da frío ni calor que la embajada del régimen en España organice mítines de repudio para que viles extranjeros acosen y ofendan a la muy honrada activista civil negra Berta Soler. En cambio, convulsionan si otro intelectual, incluso tan oficialista y tan de izquierda como ellos, airea opiniones que contradicen el discurso oficial sobre el racismo en Cuba.

Ya es conocido el revuelo que está ocasionando en estos días un artículo de Roberto Zurbano, director del Fondo Editorial de la Casa de las Américas, quien por demás no ha dicho nada nuevo, ni que resulte difícil constatar a simple vista en las calles.

Sobre todo pareció ser como una patada en el avispero la afirmación de Zurbano de que “para los negros cubanos, la revolución no ha comenzado”. De inmediato se movilizó la guardia roja de la dictadura para salirle al paso, presumiblemente en busca de la habitual retractación a la manera estalinista. Más de lo mismo, desde luego. Y nada nos hubiesen traído de extraordinario las ripostas mañosas de siempre, en La Jiribilla de rigor, y con el concurso del acostumbrado séquito. Lo discordante esta vez quizá sea el hecho de que entre las firmas de los panfletistas aparezcan las de ciertas personas que en circunstancias anteriores también han contradicho el discurso oficial sobre el racismo.

Llama la atención el texto del académico Esteban Morales, no sólo por ser uno de esos casos, sino por la descompuesta contundencia con que desautoriza a Zurbano. Es tal su énfasis que a veces llega a escribir reales astracanadas, impropias de lo que debieran ser los criterios de un investigador que se atiene a la dialéctica. Por ejemplo, Morales niega a priori, en forma absoluta, la posibilidad de que un cambio de liderazgo en Cuba pueda beneficiar a los negros.

Ante actitudes de esta índole a uno no le queda sino volver a preguntarse por qué a los antirracistas que actúan desde las estructuras del régimen les cuesta tanto enfocar sin rémoras políticas, lo que es decir con pleno rigor científico, la problemática de los cubanos negros. ¿Por qué, aun cuando sean capaces de reconocerla, prefieren las justificaciones por encima de las diáfanas profundizaciones? ¿Cómo esperan salir indemnes anteponiendo la pasión política al reconocimiento de verdades históricas que no les conviene o no les permiten reconocer?

Ya que se encontraron tal vez ante la coyunda militante de responderle a Zurbano, más convincentes como estudiosos del tema y más decentes resultarían si lo acusan de haber exagerado al afirmar que la revolución no ha comenzado para los negros cubanos, ya que es una certeza histórica que sí comenzó alguna vez, pero lamentablemente no iba a llegar mucho más allá del comienzo.

Cansa ya la insistencia en echarle la culpa de todo al Período Especial, cuyas traumáticas pérdidas estuvieron condicionadas por el mal aprovechamiento que, en materia de desarrollo, hizo el régimen de sus ventajas de varias décadas bajo la tutela y la subvención económica del bloque socialista europeo.

Si el drama de los negros cubanos (pobreza, marginación social y económica, falta de oportunidades, siglos de postergación discriminatoria…) hubiese recibido un recto tratamiento en la praxis, mediante acciones concretas, regidas por la aplicación sistemática de programas que nada dejaran al azar y a la hueca palabrería igualitarista, parece obvio que a la llegada del Período Especial -después de más de treinta años en los que el régimen dispuso de todo el poder y de todos los medios necesarios para hacerlo-, la situación habría sido otra, seria y comprometedora de cualquier modo, como lo ha sido para los demás sectores de la sociedad, pero no tan escandalosamente trágica como es en la actualidad para los negros y mestizos, ni tan irremediable a  plazos medios.

Es esta una verdad elemental que no debiera requerir mayores argumentaciones. Pero a los antirracistas de la guardia roja les resulta más cómodo y menos peligroso sostener sin más que las desigualdades heredadas de antaño por los negros alcanzaron un clímax de agudización y profundización en el Período Especial, y que tal es la causa de su dramática situación de hoy. Rampantemente evaden, con un salto de más de tres décadas sobre la historia, las condicionantes de un largo proceso revolucionario donde debemos adivinar que muy poco se hizo para menguar aquellas desigualdades heredadas.

¿Acaso una realidad histórica de tanta importancia para comprender el actual drama de los cubanos negros –y aun para proponer posibles remedios- no merece que sea expuesta con la más transparente objetividad? ¿Confundir el efecto con la causa no contradice los propios principios del Materialismo Histórico y la Dialéctica, sobre los que basan sus estudios los antirracistas adeptos al régimen?

En suma, ¿cómo pueden recostar tranquilos la cabeza en la almohada luego de haber justificado a estas alturas el mito de una revolucionaria emancipación en la que todos los cubanos dispusieron de iguales oportunidades para el progreso?

Los gobiernos y los políticos en general necesitan por naturaleza edulcorar sus actuaciones y sus ideas. Los investigadores sociales, cuando son fieles a la ética y a los imperativos del oficio, sólo precisan llegar al fondo de la verdad científica.

Nota: Los libros de este autor pueden ser adquiridos en la siguiente dirección: http://www.amazon.com/-/e/B003DYC1R0

[fbcomments]