Un tiempo tremendo a la altura de nuestra fuerza

Un tiempo tremendo a la altura de nuestra fuerza

Entrevista a Amaury Pacheco, del proyecto OMNI-Zona Franca

LA HABANA, Cuba, noviembre, 173.203.82.38 -En pocos días arrancará la edición decimocuarta del Festival Poesía sin fin, un evento independiente que se realiza cada año, en diciembre, gracias a la voluntad de creación y al trabajo incansable del proyecto alternativo OMNI-Zona Franca, que lleva tres lustros creciendo, a través del arte, como espacio de encuentro y diálogo inclusivo que no se ha limitado solo a Cuba, sino que también ha llevado su obra a otros países.

Amaury Pacheco, uno de los principales promotores del proyecto y del festival, se ha convertido en figura de relevancia en el arte alternativo cubano. Hace veinte años no imaginaba nada de esto mientras estudiaba la carrera de Mando Táctico en el Instituto Técnico Militar, que finalmente, a punto de graduarse, abandonó. Era el principio de la profunda crisis de los 90 y él comenzó a tallar madera y a frecuentar un taller literario en Alamar. Ya por entonces escribía poesía y tenía los primeros contactos con poetas de mayor experiencia. Fue una época de muchos encuentros, de compartir poemas, de soñar con un propósito conjunto. En el año 97 las condiciones estaban creadas.

Sobre este difícil y largo camino, y algunos otros temas, trata la entrevista que Amaury concedió para Cubanet en días recientes.

Cubanet – ¿Cómo surgió la idea de OMNI-Zona Franca? ¿Quiénes fueron los principales fundadores?

Amaury Pacheco – Empezamos a reunirnos alrededor del poeta Juan Carlos Flores, a quien buscamos para moldear un poco la experiencia de la escritura. A veces uno no encuentra a otros poetas con cercanía generacional y tiene que escribir sus poemas solo. Por eso tener a alguien a quien puedes visitar, con quien puedes hablar de poesía, es iluminarse. Yo creo en una línea de descendencia de la poesía. Si me encuentro contigo y tú me iluminas como poeta, yo pertenezco a esa línea de poetas nutrientes. Encontrarnos con Juan Carlos Flores fue encontrarnos con esa generación, conocer sus dolores, sus sentimientos y conocer el significado de ser poeta. Eso trajo un diálogo muy intenso. Había una peña que se llamaba La peña de la bicicleta, que tenía espacios habituales donde la poesía y la trova se encontraban. También estaba el Festival de Rap y por primera vez vimos un evento semiindependiente, que nos dio la idea de hacer nuestro festival. Empezamos a utilizar la casa de la cultura de Alamar para nuestro proyecto, vinculando escritura y oralidad. Primero nos llamamos OMNI. Después, cuando articulamos la escritura poética con las artes plásticas, se convirtió en OMNI-Zona Franca. Entre los fundadores estuvieron Edwin Reyes, Leonardo Guevara, Jonathan (un inglés del que no recuerdo el apellido), Juan Carlos Flores, Luis Eligio y otros que ahora no recuerdo. Juan Carlos y Leonardo Guevara elaboraron nuestros primeros manifiestos sobre qué cosa era OMNI-Zona Franca. Inmediatamente surge la necesidad de un espacio mayor y en 1997 aparece el festival Poesía sin fin, con un solo día y con un audio financiado por nosotros mismos. A los dos o tres años lo extendimos a tres días y años después pasamos a quince días.

También estábamos buscando un espacio performático y la peregrinación al santuario de San Lázaro se convirtió en una posibilidad de expresión poética, donde pudimos conectar Poesía sin fin con esa tradición sagrada, porque buscábamos un espacio sagrado donde la poesía pudiera regresar a sus inicios, donde la palabra tuviera la fuerza de transformar las cosas. De ahí entramos en la experiencia de la oralidad, un territorio donde aparecía la magia, lo religioso, el ritual, y ampliamos el registro del poeta como creador en su totalidad. Intentábamos abarcar desde la expresión estética hasta lo ético y la conducta social. Nos dimos cuenta de que el poeta estaba en la sociedad igual que estaban otros oficios, pero nos preocupaba cuál era su función social, y por eso hicimos más visible la poesía, con todo lo que puede traer, festivales, espectáculos, para que las personas se acercaran, porque nuestro proyecto tenía un enfoque comunitario, un enfoque antropológico.

CN – El proyecto de ustedes se basa en el arte y el amor como caminos para la comprensión entre las personas por encima de todo tipo de diferencias, pero ¿te parece que pueden resistir el embate cada vez más fuerte de la represión, que evidentemente está dispuesta a violar todo derecho para imponerse?

AP – Se sabe que en Cuba, cuando comienzas a tener un resquicio de libertad y de expresión propia, comienzas a chocar con el sistema. Nosotros cada año habíamos ido ganando más posibilidades de expresión, de inclusión, y eso fue lo que provocó que nos sacaran de la institución, porque empezamos a incluir el trabajo en la blogósfera, las revistas digitales, invitamos a Yoani Sánchez, a 33 y un tercio, a Orlando Luis Pardo. Las instituciones estaban obsoletas, tenían poca energía para mover la alegría y la posibilidad del diálogo, y nosotros habíamos nacido con eso. Pero nuestra proyección performática estaba siempre bajo una condición pacífica, una mezcla espiritual muy poderosa que nos ha servido para mantener la cordura en medio de la violencia. En aquel momento estábamos mucho más distantes de lo que estaba pasando en la oposición política, pero, cuando nos sacaron de la institución y nos encontramos en un espacio más independiente, tendimos nuestra mirada hacia la oposición como espacio cubano. Estábamos tratando de completar nuestra visión de la isla porque la visión de Cuba está fundada en la visión de la poesía. La poesía ha sido un centro imantador e irradiador. Nosotros la usamos para ese diálogo, porque implica un salto dimensional de una Cuba secreta a una Cuba abierta, porque le permite al cubano girar hacia otras percepciones.

Nuestro proyecto es propiamente espiritual y se funda en el amor por los cubanos, ante todo por los que sufren. Comprendimos que establecer un diálogo que no sea imaginario, en un lugar donde el diálogo no existe, es tender un puente. Creemos que es posible hacerlo con la poesía como elemento aglutinador. Poesía sin fin trata de correr los límites, trata de dialogar con todos los cubanos, hablar uno a uno con cada cubano. Ese es nuestro empeño, nuestra utopía, que se convierte en motor de posibilidad, y que nos permite nutrirnos de la fuente de lo cubano, que se está formando todo el tiempo. Nosotros, utilizando la poesía, queremos poner nuestro granito de arena en ese proceso de formación.

CN – OMNI-Zona Franca ha dado un apoyo resuelto a la Demanda Ciudadana por otra Cuba. ¿Crees que ese reclamo puede jugar un papel importante en la democratización de nuestro país?

AP – Estoy seguro de que sí. Tiene el apoyo de muchas personas, ha logrado unir a gentes que quizás estaban distantes y la oposición cubana ha empezado a estar más conectada, dejando atrás muchos prejuicios. La campaña me ha permitido ver a parte de la oposición reunirse, sentarse y llevar adelante el proyecto, aunque cada uno pueda tener su propia campaña. Y la Demanda trae, además, mucha alegría. La oposición ha sido muy golpeada y traer esa alegría es algo muy necesario para no caer en la devastación y en la depresión a las que nos quieren someter. La gente se ha ido interesando por esa propuesta y la ha asimilado, porque los acerca a esa otra Cuba que a veces ni conocen por temor o porque nunca la han visto. La campaña es muy ágil, ha incorporado una publicidad muy interesante, con mucha energía y con una buena imagen audiovisual. De hecho, Antonio Rodiles se encuentra ahora detenido y acusado porque ha logrado tocar un punto muy neurálgico con su trabajo a favor de la Demanda.

CN – Cuando comience en diciembre el festival Poesía sin fin, ¿tendrá esta edición alguna diferencia o alguna novedad con respecto a las anteriores?

AP – Empezamos en Estado de SATS con la inauguración. Estarán el Comité de Integración Racial, la presentación de otro número de la revista Voces y los espacios habituales, la Feria Espiritual, la caminata al Rincón dedicada a la no violencia y a la salud del pueblo cubano. Una caminata con San Lázaro, que siento que nos ha protegido durante estos años. También está el espacio de música electrónica, que es poesía y le llamamos electrospoken; el espacio de spoken word, un tipo de poesía escénica norteamericana. Además, la Fiesta de Máscaras, la Fiesta OMNI, que cierra el festival el día 30. Este año no tenemos invitados internacionales, pero se enviarán videos, que es una manera de participar en el festival con su espacio audiovisual. Hay gente en Barcelona, en Brasil, en Miami (los poetas de Vyscane), que van a hacer el festival desde allá.

Hay algo muy importante. Existe una página en internet (yagruma.org14festival) donde muchos cubanos pueden mandar sus proyectos. Ponen la cifra de dinero que necesitan y entonces se empieza a hacer la promoción. Los cubanos del mundo y otros amigos ponen el dinero hasta que llega a la cantidad solicitada, que se destina a ese proyecto. Este año vamos a hacer el festival solo con ese apoyo de los amigos del mundo a través de Yagruma. Si ese apoyo no se da antes del 1º de diciembre, va a ser bastante difícil que podamos hacer el festival. Por eso es vital que los amigos que puedan y quieran nos ayuden.

CN – Vives con tu mujer y tus seis hijos en deplorables condiciones materiales y, para colmo, bajo el peligro de ser desalojados por la fuerza. ¿Cómo es la situación en este momento?

AP – Llevamos un año sin agua ni electricidad. No dicen si nos van a dar la casa o no. Ya habíamos planteado que la casa está en un limbo jurídico, que no hubo confiscación por parte del Estado ni era propiedad de nadie. Estamos pidiendo que nos den la casa para pagarla a plazos, normalmente. En este momento no hay una amenaza directa, lo que hay es un suspenso. Además, llega una hora en que no tenemos luz y los niños no pueden estudiar. La situación es difícil, pero nosotros practicamos nuestra propia relación con la realidad. Estamos muy contentos de estar ahí, porque al menos los niños no están en la calle. Claro, a estas alturas deberíamos de tener ya una respuesta clara de las instituciones. En estos días empezaremos a ir de nuevo al Poder Popular municipal, porque tenemos que volver a activar con más energía todo el proceso. Si bien no nos han desalojado, también estamos en una tortura, porque nos pueden poner el agua y la electricidad, pero no lo hacen porque somos “ocupantes ilegales”. Salud Pública se ha comportado mejor: nos pusieron una ambulancia cuando el nacimiento de la niña, nos dieron la oportunidad de comprar una cuna y un colchón. Pero, en general, a los niños les han negado sus derechos. Ya los vecinos del barrio están acostumbrados y esperan que por fin nos dejen la casa, e incluso nos dan alguna ayuda, pero a veces la gente no es más buena porque tiene mucho miedo de que le suceda algo.

CN – Dices que tienes que vivir el cambio de la sociedad cubana desde aquí mismo y no desde lejos. ¿No temes a veces que esa resulte ser una espera demasiado larga y demasiado costosa?

AP – La poesía nos ha enseñado a adelantarnos en el tiempo y a tener la visión de que ese cambio, ahora más seguro que nunca. Mientras tanto, nuestra experiencia es la esperanza, pero luchando. Una esperanza activa, una paz activa, porque siento que cada día hago algo que estira los límites. Es favorable que muchos cubanos hayan salido del país y hayan hecho cosas afuera, pero es favorable también que muchos cubanos trabajemos desde adentro. Me siento más centrado en la posibilidad que en la desesperanza y la tristeza por toda esta devastación. Sin dejar de reconocer esa realidad objetiva, la poesía y el mundo que nosotros nos hemos creado para realizar esa posibilidad son como una lámpara que ilumina nuestro camino. A Cuba la vamos haciendo día tras día. Creo que irreductiblemente hemos ganado y seguimos ganando espacio. La manera de luchar de los cubanos actuales va a romper la línea agresiva en que se fundan las revoluciones, va a romper el ciclo eterno de la venganza. Este es un espacio tremendo en un tiempo tremendo a la altura de nuestra fuerza. No se nos impone nada que nosotros no podamos hacer. Por eso me enfoco en la posibilidad de que ese cambio ocurra, porque ya estamos cambiando y apoyamos ese cambio de manera directa y secreta. De manera directa con nuestros cuerpos y de manera secreta por medio de la meditación, porque creemos en la posibilidad activa de la meditación, de la energía psíquica y espiritual de la nación, en la convocación de todos los que quieren el cambio. Nosotros estamos a favor de los acontecimientos, como si surfeáramos, aunque una ola nos pueda tragar, pero vamos deslizándonos hacia lo que indiscutiblemente ocurrirá. El tiempo de la espera es lo que desespera a los cubanos, pero yo tengo una visión triunfante que no deja de ser una visión objetiva de la situación: cuando aumenta la injusticia, aumenta la posibilidad de cambio. Las personas despiertan por la presión. Al final tendrá que haber justicia, y también perdón.

Ernesto Santana Zaldívar

Ernesto Santana Zaldívar
Puerto Padre, Las Tunas, 1958. Graduado del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona en Español y Literatura. Ha sido escritor radial en Radio Progreso, Radio Metropolitana y Radio Arte. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Distinciones obtenidas: Menciones en el género de cuento de los concursos David, de 1977, y Trece de Marzo, de 1979; premios en los concursos Pinos Nuevos, de 1995, Sed de Belleza, de 1996 (ambos en el género de cuento), Dador, de 1998, (proyecto de novela) y Alejo Carpentier, de 2002 (novela), Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, de 2010, por su novela El Carnaval y los Muertos

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