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Miércoles, 28 de septiembre 2016

Se mantiene la tensión

Para integrar una de las turbas, el régimen escogió nada menos que a los alumnos de leyes

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LA HABANA, Cuba, diciembre (173.203.82.38) – La opinión pública ha sido conmocionada por el nuevo acto de repudio contra las dignas Damas de Blanco, que demandan la libertad de los cautivos de conciencia que continúan entre rejas un mes después del cumplido el plazo de su excarcelación, anunciado por el propio Presidente. Recordemos el refrán: “¿No quieres caldo? ¡Tres tazas!”. Porque precisamente fueron tres los grupos de esas mujeres que se presentaron al día siguiente en los principales penales capitalinos, y gritaron allí, ante los uniformados, su justo reclamo: “¡Libertad para los presos políticos!”.

Como jurista, debo decir que el acto de repudio en vísperas del Día Internacional de los Derechos Humanos, tuvo una característica que me resulta particularmente chocante: Para integrar una de las turbas, el régimen escogió nada menos que a los alumnos de leyes. ¿Es esa la educación que se les da a los jóvenes estudiantes en esa institución? ¿De qué modo aprenderán a respetar los principios de la legalidad, a amar la justicia y la equidad, si desde sus años de formación los enseñan a atropellar, insultar y coaccionar?

Parecida vergüenza ocasionan las informaciones sobre jóvenes estudiantes de la enseñanza media, a quienes sus profesores convocaron a otro acto de repudio. En este caso, al hecho en sí se suma la actuación hamponesca, pues los mismos educadores, para asegurar el anonimato, indicaron a sus alumnos que no vistieran sus uniformes.

Tienen razón las colegas Yoani Sánchez y Claudia Cadelo cuando claman desesperadas: “¡Nadie va a usar a los frutos nacidos de mi vientre para esta barbarie! ¿Son esos los abogados que nos defenderán mañana; esos que hoy pasan la tarde vilipendiando a mujeres cuyos familiares están y estuvieron condenados por delitos de opinión?”.

Mientras tanto, el Presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón, incursionó también en el campo del derecho para referirse al contratista Alan Gross. “Él violó leyes cubanas, la soberanía nacional; cometió delitos que en Estados Unidos son muy, muy castigados”, expresó.

Como señalamos recientemente, Guillermo Fariñas, Félix Bonne y este redactor, en el documento Cuba es lo primero, el crimen de este activista judío norteamericano consistió en distribuir entre sus correligionarios algunas computadoras y teléfonos. Es cierto que estos últimos eran satelitales, pero ese acto solo es un delito para totalitarios como los de La Habana, que aspiran a controlar las conversaciones y las vidas de sus súbditos.

Para colmo, esos materiales los introdujo el contratista estadounidense por el aeropuerto; o sea, no clandestinamente. Si la policía política considera que esos equipos son inadmisibles en nuestro país, ¿por qué no los interceptó en la aduana?

Una acusación por espionaje en la que se narraran esos actos y apareciera Gross como único acusado, parecería bastante ridícula. Por eso no debe asombrarnos que la Fiscalía no le haya formulado una imputación concreta, a pesar de haber decursado con exceso los plazos previstos en la legislación procesal. Mientras tanto, ya cumplió un año de prisión.

Pero su caso no es una excepción. También estuve encarcelado por más de año y medio sin acusación formal, por un supuesto vínculo con una manifestación señalada para otro barrio, a la misma hora en que fui detenido en mi casa.

Basándonos en el caso Gross y en los recientes actos de repudio, es fundada la prevención que expresamos los autores de Cuba es lo primero: “Decididamente, dentro del gobierno de La Habana hay grandes fuerzas que hacen todo lo posible por impedir una distensión con el estadounidense”.

TAGS: represión, Damas de Blanco, leyes, actos de repudio, estudiantes

Acerca del Autor

René Gómez Manzano
René Gómez Manzano

(La Habana, 1943). Graduado en Derecho (Moscú y La Habana). Abogado de bufetes colectivos y del Tribunal Supremo. Presidente de la Corriente Agramontista. Coordinador de Concilio Cubano. Miembro del Grupo de los Cuatro. Preso de conciencia (1997-2000 y 2005-2007). Dirigente de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil. Ha recibido premios de la SIP, Concilio Cubano, la Fundación HispanoCubana y la Asociación de Abogados Norteamericanos (ABA), así como el Premio Ludovic Trarieux.

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