Sabor eterno

Sabor eterno

En aquellas conversaciones se mencionaba con frecuencia a Emilio Ballagas, quien fuera profesor de Gramática y Literatura en la Escuela Normal

LA HABANA, Cuba, mayo (173.203.82.38) – En el año 1965 conocí a la señora Margarita. Vivía en el edificio de la esquina de Colón y Nazareno, en la ciudad de Santa Clara. Doctora en Pedagogía, ex profesora de Español y Literatura en la antigua Escuela Normal. Estaba postrada en el lecho debido a su invalidez. Se comunicaba con el exterior sólo por teléfono. Sus llamadas a mi madre, Gladys, y a tía Herminia  eran diarias y la conversación siempre duraba treinta minutos. Además, Gladys y Herminia la visitaban frecuentemente, y en ocasiones me tocó acompañarlas. Sus conversaciones iban más allá de las trivialidades cotidianas. Hablaban de sus recuerdos, libros y escritores; de personas que conocieron, y de otras que fueron importantes en la ciudad.

En aquellas conversaciones se mencionaba con frecuencia a Emilio Ballagas, quien fuera profesor de Gramática y Literatura en la Escuela Normal, y de otros buenos profesores de la institución formadora de maestros.

El pasado viernes 20 de mayo, aniversario de la fundación de la República, entré en una librería de la calle San Rafael, aquí en La Habana, buscando algún libro que tocara mi sensibilidad de lector empedernido. Y encontré un libro sobre el poeta Emilio Ballagas (1908-1954), escrito por el periodista e investigador Luis Manuel Machado, premiado en el concurso Fundación de la Ciudad 2009. La obra se publicó en el año 2010.

De esa forma me reencontré con Ballagas, a 57 años de su muerte, gracias al ensayo de Machado. Más allá de la curiosidad meramente literaria, la lectura del ensayo resultó muy placentera, por la recreación del ambiente intelectual de Santa Clara de finales de los años 30 al 48 del siglo pasado, período en que el poeta vivió  e impartió clases en la capital villareña, ciudad en la que vivieron y murieron muchos hombres y mujeres cultos y profesionales, a los que la mala voluntad política del régimen ha borrado de la memoria histórica de la ciudad.

Resurgen de las páginas del ensayo Ballagas en sombra, como rodeándolo, Severo Bernal Ruíz, declamador, escritor, persona my conocida en Santa Clara, su albacea y amigo íntimo por aquellos años; María Dámasa Jova Baró, escritora, poetisa negra, promotora de cultura y de revistas; Sergio Pérez Pérez, Samuel Feijóo, José Oscar Barrero del Valle, Pedro Camps, Arquímedes Pérez, los médicos Evaristo Riestra, urólogo de reconocida trayectoria profesional; Diego Velasco Ruíz y Amador Rojas Pérez; Antolín González del Valle, pedagogo de renombre; Gaspar Jorge García Galló, pedagogo y ex profesor de la Escuela Normal; Josefa Vidaurreta (Pepilla), esposa de Juan Marinello, pedagoga y Directora de la Escuela Normal de Maestros de Santa Clara; Antonio Florit, Manolo G. Fernández García, Orbelia Palomeque Ríos, Evelio López Martínez Marina, profesores también, y una lista interminable de ilustres.

La sociedad civil y profesional de Santa Clara aparece relacionada  en cartas y documentos del poeta, lo que da fe la vida intelectual de Santa Clara.

El milagro de la resurrección existe, cuando constatamos que hay quienes regresan de la muerte rejuvenecidos, conservando un Sabor Eterno, como el título de unos de los libros de Ballagas. Desde la suavidad de la sabana, entre la neblina del amanecer, vuelve a nosotros el poeta Emilio Ballagas.

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