Más Telesur para Cuba

Más Telesur para Cuba

Telesur es muy “inferior” al sistema informativo de la televisión cubana, tan perfecto en su miseria de realidad

LA HABANA, Cuba, enero, 173.203.82.38 -La televisión cubana ha realizado cambios en su programación que han revelado el pésimo estado de la programación en sí misma desde su concepto. Para no hablar de si ahora hay más películas el domingo en el canal Multivisión o algún otro supuesto enriquecimiento o cambio, voy a referirme al mayor tiempo que se le dedica ahora a Telesur, esa compañía pública auspiciada por los gobiernos de Venezuela, Cuba, Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, Perú y Uruguay.

Hay que tener en cuenta que, a pesar de la meridionalidad fundamentalista de la que parte Telesur (su eslogan es “nuestro Norte es el Sur”) y de que pretende ser “la Voz Mediática Latinoamericana”, países como Brasil, México, Chile, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Panamá o República Dominicana, no pertenecen a la compañía.

También es importante señalar que su sede está en Caracas, Venezuela, y que tiene “la misión de ofrecer información para promover la integración de América Latina y como contrapeso a las grandes cadenas internacionales de noticias como CNN, Univisión, BBC, TVE y Deutsche Welle”.

Por otra parte, casi como curiosidad, están los nombres que dan un supuesto lustre intelectual y artístico al proyecto: el actor estadounidense Danny Glover, el programador y precursor del software libre Richard Stallman, el premio Nóbel Adolfo Pérez Esquivel, el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, el escritor uruguayo Eduardo Galeano, el politólogo y cineasta estadounidense Saul Landau, el escritor pakistaní Tariq Ali, el redactor jefe de Le Monde diplomatique, Ignacio Ramonet, y el productor argentino de cine Tristán Bauer (No sé cómo se les escaparon peces gordos como Noam Chomsky, Michael Moore, Sean Penn o Benicio del Toro).

Cuando comenzó Telesur, en 2005, mantenía cierto equilibrio informativo y podía dar algunas noticias que el sistema informativo de la televisión cubana no transmitía, además de que lo hacía con cierta “imparcialidad”. No es que resultara una maravilla, pero un noticiario suyo era mejor que uno cubano. Esos tiempos, no obstante, quedaron ya muy atrás. Actualmente, Telesur tiene como objetivos prioritarios desacreditar por todos los medios a Estados Unidos y hacer propaganda a favor del chavismo y sus asociados.

Y aun así revela la indigencia del sistema informativo de la televisión cubana, quizás solo comparable al de Corea del Norte, del que hay que saber muy poco para saber lo suficiente. Por supuesto que Telesur puede mostrar un acto de “reafirmación bolivariana” durante horas con discursos de pacotilla, extremo corrimiento hacia el rojo y mucho “fervor revolucionario” y mucho “¡Chávez somos todos!”, pero también puede pasar un trabajo donde se muestra cómo el gobierno colombiano está entregando vehículos automotores a los dueños de coches tirados por caballos con el propósito de proteger a los animales y mejorar la calidad de vida de esas personas.

Desde hace años, muchos intelectuales cubanos que a veces se “desmarcan” un poco de algunas líneas gubernamentales, que a veces critican algunas cosas, que por momentos parece, solo parece, que se están pasando de la raya, y que incluso llegaron a armar aquella escaramuza que dio en llamarse la “guerrita de los emails”, han clamado por que Telesur sea visto las veinticuatro horas del día ya que, en definitiva, Cuba es uno de los países que auspicia la televisora y le aporta capital y personal. No pedían ningún tipo de libertad informativa, sino solo una pizca de variedad, algo un poco menos aburrido que los programas informativos usuales. Pues bien, lo único que ha concedido un gobierno que decide qué puede ver o no ver uno en la pantalla de su televisor, es la transmisión de la programación de Telesur en el canal Educativo 2 desde por la mañana hasta por la noche.

En comparación con desolado paisaje lunar de los espacios informativos cubanos resulta un contraste acaso algo más “colorido”. En definitiva, para el pobre espectador cubano que puede ver solamente lo que le ponen (si no tiene una antena clandestina), es menos peor ver a Walter Martínez —con su siniestro personajón de almirante en tierra y su parche negro que insinúa glorias de reportero de guerra, aunque perdió el ojo en un accidente casero— que asistir a una patética Mesa Redonda con caballeros de bajo guiñol como Reinaldo Taladrid o Randy Alonso, o presenciar los comentarios antimperialistas de Fritz Suárez Silva. Por lo menos, en su programa Dossier, Walter Martínez puede dar a veces, en medio de sus ironías contra las potencias occidentales, algo más parecido a eso que llamamos información, algo más parecido al mundo real. A pesar de todo, la programación de Telesur requiere todavía de una mayor hondura ideológica y de una depuración de la estrategia informativa para que esté a la altura de lo que necesitan el gobierno cubano y el venezolano, que son los que cuentan en esta aventura.

Pues de eso se trata: de una gran aventura mediática que pretende ponerse a la altura de esas mismas CNN, Univisión, BBC, TVE y Deutsche Welle que Telesur pretende “contrapesar”, y sustituirlas en la opinión del público latinoamericano. Es un sueño que el gobierno cubano nunca pudo hacer por falta de recursos y tecnología: implementar una gran máquina de propaganda y desinformación concentrada en una lucha estratégica contra el capitalismo, principalmente contra Estados Unidos, el Satán de Occidente, incluso cuando eso signifique una alineación con gobiernos como los de Irán o Siria, incluso cuando veamos que entrevistan a personas damnificadas por el huracán Sandy que todavía se encuentran en albergues, pero será imposible ver que entrevisten a personas que en Cuba están albergadas, o ni siquiera eso, malviviendo como pueden, después de haber perdido sus viviendas por huracanes que pasaron hace más de diez años.

Y aún así, por mucho que ha avanzado en su misión, todavía Telesur está muy por detrás del sistema informativo de la televisión, tan perfecto en su miseria de realidad, tan descriptivo de las fantasías medievales de nuestro gobierno, tan persistente, a como dé lugar, en ofender la inteligencia de las personas, como cuando, por ejemplo, hablaba de la tenaz resistencia de las fuerzas de Muamar el Gadafi hasta poco antes de tener que informar que este personaje había resultado muerto después de ser capturado cuando se escondía en un hueco. Muy por detrás, en esta comparación, está todavía Telesur, ante todo, en lograr confundir la realidad con el deseo.

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