La esperanza invisible

La esperanza invisible

Quien renuncia a la esperanza de ser libre, por ser sumiso al régimen, pierde libertad y esperanza

LA HABANA, Cuba, diciembre, 173.203.82.38 -Han decorado el agro mercado con farolitos y cadenetas de papel de colores. La cola de los huevos es muy larga, no todos alcanzarán. Yo los necesito pero no puedo perder ese tiempo. El viejito que toma un mazo de cebollas lo devuelve molesto porque le parece excesivo el precio, y en la cola de los huevos se inicia una pelea.

En 53 años de dictadura, la única protesta callejera que he conocido fue el Maleconazo, donde la violencia de parapoliciales al servicio del régimen hizo que los demandantes se retiraran.

Ante la remota posibilidad de un estallido social, comprendo que no es deseable ese nivel de caos en un país. Tampoco parece que el actual gobierno vaya a ceder por el reclamo ciudadano. Mas bien seguirá represaliando a los que se le escapen del rebaño.

Entonces me percibo allí, en el agro mercado, tomando los ajíes, tan triste… pero, a la vez, tan yo misma, que no puedo dejar de tener fe antes que esperanza. Fe en la reclamación de mis derechos negados. Mis derechos como persona. Fe en el cambio, tan radical como totalitario es el sistema y sus gobernantes.

Cuando oigo al general y presidente de Cuba, o a sus voceros, hablar de “conquistas de la revolución”, se me ocurre que la mayor de esas conquistas ha sido la de mantener al país cerrado, para poder hacer en su interior “lo que exija el momento histórico”, o sea, lo que ellos quieran. Sin que los de adentro puedan modificar en lo fundamental ese sistema de vida, ni los de afuera puedan procesar de manera efectiva a quienes están incurriendo en el delito de lesionar la existencia de toda una nación.

Interpretar la naturaleza humana, comprender la extensión del individuo, es el trabajo incesante que, querámoslo o no, realizamos todos durante la vida. Por eso nos asociamos y, con nuestro baúl de experiencias, educamos a los hijos. Por eso se escriben libros y somos capaces de crear.

Percibirnos solo como organismos vivos que han de ser teledirigidos por los ideólogos del partido comunista, quienes creen poseer la verdad absoluta sobre el bien y el mal, es la meta de la educación en el socialismo. Una educación que empobrece más que la indigencia material. No es extraño que la última mutación de los mejores ejemplares de esta especie esté optando por ganar dinero y, con dinero, seguir reanimando el sistema. Como seres vivos, tienen que cubrir necesidades básicas.

Como nuestro sistema modifica la existencia de los que viven bajo su dominio, me ha parecido un combate espiritual, antes que político, el acto de disentir bajo estas condiciones. Y eso es un acto irreversible, una vez que se asume.

Como al estar viviendo en una pesadilla, donde todos parecen amables y te tutean para crear una falsa familiaridad, si no te unes a la rueda infernal, serás tres veces agredido por ella. La única diferencia entre la agresión inicial, que consiste en la sumisión exigida por el sistema -y que hace que muchos pacten-, y la tercera agresión, cuando te has negado a pactar, es que cuando protestas tienes esperanza de ser libre, y, en la actitud de sumisión, entregas esa esperanza junto con la libertad.

TAGS: disidencia, oposición, libertad, educación

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