La carne y  la leche deben venir juntas

La carne y la leche deben venir juntas

Para combatir el tráfico ilícito de carne, no bastan la represión y el control policial rural

LA HABANA, Cuba, enero, 173.203.82.38 -La carne y la leche proveniente del ganado vacuno siguen siendo una fuente nutricional habitual en la dieta básica del ser humano. De todos los alimentos que se obtienen de los animales y plantas, la carne es la que mayores valoraciones y apreciaciones alcanza en los mercados, y ningún país está exento de la acción del hombre en aras de su consumo legal o ilegal.

Cuba, en la década de los años 50 contaba con más de 6 millones de cabezas de ganado (aproximadamente una res por habitante), lo que garantizaba un consumo estable de carne, leche y sus derivados a la nación.

Con la instauración del régimen castrista y sus erróneas políticas agrarias, se inicio un periodo de decrecimiento de la masa ganadera, con una existencia de menos de cuatro millones de cabezas en el  2009, según el Anuario Nacional de Estadística. Esto, con una población que rebasa los once millones.

De tal forma que durante  más de media centuria, hemos vivido un panorama desolador e interminable de escasez de ambos productos en el mercado,  quedando marcado en todos los cubanos un programa restringido de entrega de leche y yogur a los niños de 0 a 13 años. Los mayores de 14 años, jóvenes, adultos y ancianos que no requieren dietas médicas quedan desprotegidos.

En medio de esta penuria alimentaria, no se avizora un programa serio de crecimiento y control de la masa ganadera. El gobierno centra sus políticas en un sistema sancionador, contravencional y administrativo en el que se articulan disímiles comisiones del Ministerio de la Agricultura y la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, dirigidas a contrarrestar el sacrificio ilegal de ganado mayor.

Por otra parte, resulta poco estimulante para los productores recibir pagos de 2.50 pesos en moneda nacional por litro de leche vendido al Estado y de 8.00 por kilogramo de carne de res de primera categoría.

Esto, cuando en el mercado minorista el precio total de la osamenta resultante del proceso industrial casi equivale a lo que el Estado paga al campesino por la res entera, y cuando en el mercado en divisas (único en el que pueden conseguirse esos productos), la leche y la carne alcanzan precios que, en pesos cubanos, representan entre 25 y 150 por litro o kilogramo.

La matanza ilícita de reses se posibilita por un séquito de personas que intervienen ilegalmente, a los que el gobernante Raúl Castro llamó “cuatreros vinculados al hurto y sacrificio de  ganado mayor y la  comercialización de su carne en el mercado negro”.

Para combatir ese mal, se necesita no sólo de la represión y del control policial rural preventivo, sino también de la implementación de políticas de incentivos para el desarrollo de la producción ganadera.

Tal vez recuperando la memoria de los tiempos pasados, permitiéndole al productor el consumo y  venta de la carnes  de res de forma regulada y mejorando los precios de compra de ambos productos, comience a verse pronto la añorada carne  y la espumeante leche fresca, que bien necesita el cubano en su dieta alimentaria.

[fbcomments]