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La burocracia se le insubordina a Raúl Castro

A partir del año 2006 cuando accedió a las riendas del poder, y en el marco de las expectativas que lo consideraban un mejor administrador que su hermano Fidel, el gobernante Raúl Castro se dio a la tarea de sustituir a numerosos dirigentes de organismos y entidades del país, a los que, al parecer, calificaba como un estorbo para sus intenciones de modernizar el carcomido sistema socialista cubano.

El general-presidente la emprendió también contra algunas de las manifestaciones de la burocracia, ese mal endémico de los países que, como Cuba, poseen un nivel de centralización exorbitante: el secretismo, los métodos verticales de ordeno y mando, la lentitud en la solución de los problemas, así como la insensibilidad ante las quejas y reclamaciones de la población.

Y si en la solución de algunas de esas deficiencias se experimentó cierto avance, habría que mencionar, en primer término, lo relacionado con las respuestas a las quejas y reclamaciones de la población, sobre todo las denuncias que aparecían publicadas en los medios de prensa oficialistas. Es verdad que muchas veces se trataba de respuestas justificativas, incompletas, y que no iban a la raíz de los problemas. No obstante, se notaba el interés de los “cuadros” (funcionarios), a todos los niveles, por no contrariar los designios del General de Ejército; designios que, por otra parte, fueron refrendados en el inciso 14 del Documento Base de la Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba: “Exigir que en las instituciones y en el propio Partido, se preste oportuna y debida atención a las quejas y denuncias de la población, y que las respuestas se brinden con el rigor y la celeridad requeridos”.

Sin embargo, una información aparecida el pasado 20 de enero en el periódico Juventud Rebelde muestra un ostensible retroceso en lo referido a las respuestas institucionales a dichas quejas y reclamaciones durante el año 2012, al menos las que fueron publicadas por ese diario. Una tendencia que podría ser representativa de lo que acontece nacionalmente, por cuanto Juventud Rebelde es uno de los órganos de prensa que acapara buena parte de las inquietudes de la población.

Según el gráfico que ilustra la información, a partir del 2006 se observó un aumento en el número de respuestas por parte de organismos y entidades, las cuales, de un pobre 26% en el 2004, ya llegaban al 60% dos años más tarde, hasta alcanzar la cota de un 87,7% durante los años 2008 y 2009. Ahora, en el 2012, se retrocedió a un 66%, o sea, 21 puntos porcentuales menos que los máximos valores alcanzados; un desempeño que el autor de la información estima de “el colmo del desentendimiento”.

Semejante salto atrás resulta preocupante si se tienen en cuenta los problemas que agobian a los ciudadanos, y que son el centro de sus cartas y reclamaciones: los asuntos relacionados con la vivienda, entre los que sobresalen las ilegalidades, los peloteos en los trámites, y las chapucerías constructivas; las violaciones en el reordenamiento laboral y la disminución de plantillas; así como las imperfecciones que presentan los servicios que se prestan a la población, entre ellos el comercio, la gastronomía, la salud pública, la electricidad, el transporte y la telefonía.

Ya tiene trabajo el general-presidente para cuando acabe de desempacar sus maletas y se reponga del agitado viaje a Chile con motivo de la reunión cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Debería halarles las orejas a unos cuantos burócratas descarriados.