Fabio, el mártir de la pizzería

Fabio, el mártir de la pizzería

Como un sui generis homenaje para “honrar” la memoria de su hijo, Giustino Di Celmo puso una pizzeria

Pizzeria (Foto de Pablo Mendez).
Pizzeria (Foto de Pablo Mendez).

LA HABANA, Cuba, mayo, 173.203.82.38 -La bomba estalló cuando Fabio Di Celmo,  tomaba un trago en el bar del hotel Copacabana.  Él, como muchos de sus coterráneos viajó a la isla tentado por las bondades del sexo barato o los negocios ventajosos.  El repudiable terrorista salvadoreño que colocó las bombas en los hoteles Chateau Miramar y Copacabana y en el bar-restaurante La Bodeguita del Medio estaba hechizado por los billetes transferidos a su cuenta.

La única víctima fatal de las explosiones fue Di Celmo, que se desangró cuando un trozo de vidrio le cortó la yugular.

Muchos se preguntaron dónde se encontraban  los agentes encubiertos de la policía política que seguramente merodearon el sitio y debían estar sobre aviso supuestamente, gracias a la labor de los “Cinco Héroes prisioneros del Imperio”.  Aconteció lo programado en el guión, tras la muerte de Di Celmo el culpable fue rápidamente capturado.

Como un sui generis homenaje para “honrar” la memoria de la víctima, su padre, Giustino Di Celmo, puso no un museo, ni un mausoleo, ni una estatua, sino una pizzeria, en 17 y J, en el Vedado, obviamente con permiso del gobierno. En el exterior de la pizzeria, se puede observar la  imagen de Fabio en la pantalla de un lumínico, vestido de futbolista pateando un balón.

El negocio está ubicado en una casona azul de dos pisos construida en la primera mitad del siglo XX.  En los altos, funciona un restaurante de lujo y en los bajos la pizzeria. Adentro hay otro retrato de la víctima que preside sobre los comensales.  Lamentablemente el precio de la pizza más barata es de  6 dólares, o sea un tercio del salario medio cubano, lo que hace que sean pocos los nacionales que pueden darse el lujo de rendirle homenaje a a este mártir.

Pero Giustino, sí homenajea  la memoria de su hijo en el hotel Copacabana, año tras año, desde aquel fatídico 4 de septiembre de 1997. Según apunta, el oficialista sitio digital Cubadebate:

(…)…”Camina por los salones, saluda a los empleados, abraza a los amigos.  En el lobby, pone un beso en su mano y acaricia la tarja de bronce con el rostro de Fabio, víctima inocente de un crimen”… (…)

El patético discurso del padre italiano no conmueve a la mayor parte de los cubanos, que solo ven en él a un despreciable capitalista aprovechado, que lucra con la memoria de su hijo muerto.

Con frecuencia el anciano aparece en los mítines oficiales para hacer campaña a favor de la liberación de los cinco espías presos en cárceles norteamericanas y exigir un castigo ejemplar para Luis Posada Carriles, el villano Nº 1 de la oposición anticastrista, culpado por el gobierno de Cuba de ser el autor intelectual de las muertes de Fabio y una elevada cifra de inocentes.

Hay muchos cubanos que lloran la muerte de sus hijos fusilados, los asesinados en el remolcador  “13 de Marzo”, los presos políticos inmolados en las cárceles cubanas , y muchas otras víctimas del terrorismo de Estado que padecemos en nuestra Isla. Para ellos Fidel Castro es peor que Posada Carriles y también merece ser enjuiciado. Pero ellos no lo pueden decir en televisión, ni abrir una pizzería para honrar a sus muertos.

Lo cierto es que en realidad se sabe poco sobre la labor de los “cinco héroes” agentes de la inteligencia cubana, tan alabados por el señor Di Celmo. El gobierno cubano nunca ha dado mucha información y, por ende, ignoramos el total de vidas humanas que supuestamente salvaron y el número de atentados terroristas que ayudaron a desarticular con sus informes.  El único servicio que se conoce que prestaron a la llamada “causa antiterrorista” es su relevante complicidad en el derribo de las dos avionetas civiles de Hermanos al Rescate en aguas internacionales en febrero de 1996, que costó la vida a cuatro civiles.

Para su beneficio el régimen castrista, cubrió la muerte de Fabio Di Celmo con una capa de esmalte lírico.  La realidad es que el desafortunado Fabio simplemente fue uno más de esa legion de turistas y negociantes, que invadió nuestra isla desde la década de los 90 en busca de un paraíso sexual barato e inexplorado u oportunidades de negocios, en un país donde los nacionales no tenemos esos derechos, concedidos solo a los extranjeros.

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