De la moderación al extremismo

Una comparación entre el juicio a los asaltantes del Moncada y los de la Primavera Negra de 2003

LA HABANA, Cuba, septiembre, 173.203.82.38 -Dos juicios penales en dos épocas diferentes de la historia de Cuba marcaron el sistema judicial cubano, llevándolo de la moderación al extremismo.

El 21 de este mes se cumplen 59 años de la causa 37, radicada en el Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba. Se juzgaba a un grupo de cubanos por el asalto a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, acaecidos el 26 de julio de1953.

Estos cubanos optaron por la violencia como método para apoderarse del poder político. Aunque la consigna con la que salieron al asalto fue la de “no matar si no por última necesidad”, las acciones de Santiago y Bayamo terminaron enlutando  la nación y gestando una nueva guerra fratricida.

A pesar de los muertos y la violencia, el veredicto fue un ejemplo de moderación e independencia judicial por parte del Tribunal de Urgencia, que era el encargado de juzgar los delitos políticos.

El cabecilla de los rebeldes, Fidel Castro, fue sancionado a quince años de cárcel, sanción esta que en su alegato consideró excesiva.

Amnistiado junto con los demás participantes dos años después, creó el Movimiento 26 de Julio, que en su ala terrorista se dedicó al asesinato de militares, la quema de autobuses, de cañaverales, los sabotajes de todo tipo, y al secuestro de personalidades para llamar la atención internacional, como el secuestro del argentino quíntuple campeón mundial de automovilismo Juan Manuel Fangio.

Era la época republicana, y gobernaba el dictador Fulgencio Batista. Algunos dicen que la causa 37 fue el juicio más importante de la época republicana.

Cincuenta años después de la causa 37, en la primavera del año 2003—La Primavera Negra—, setenta y cinco disidentes y periodistas independientes cubanos son juzgados por tribunales al servicio de la seguridad del Estado.

A diferencia de los cubanos de 1953, éste no era un grupo violento. Sus integrantes tenían como arma la palabra y las acciones pacíficas de desobediencia civil. El objetivo de los periodistas no era acceder al poder político, ni el sabotaje, ni el secuestro, sino criticar y denunciar lo que creían injusto, lo que la férrea censura de prensa se empeñaba en amordazar.

Sin embargo, este grupo de cubanos fue sancionado con penas de cárcel que oscilaban entre los veinte y veintiocho años de prisión. Fueron alejados de su familia, y esparcidos por todas las prisiones de la isla. Empeñado en no reconocer su condición de prisioneros políticos, el gobierno los unió con asesinos, violadores y ladrones.

Gobernaba el mismo líder violento que lideró el asalto al Moncada, y que consideró excesiva la sanción que le impuso el Tribunal de Urgencia. El líder que después de usurpar el poder por la violencia, criminalizó las manifestaciones pacíficas y las tachó de “contrarrevolución”, el mismo que penalizó toda crítica a su persona con la figura delictiva de “desacato a la figura del Comandante en Jefe”.

El mismo líder violento que suprimió la moderación y la independencia judicial republicana y adentró al país en la era de la sumisión y el extremismo judicial revolucionario.

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