Conflictivo Salón de la Fama del béisbol en Cuba

Impensable un Salón de la Fama del béisbol cubano sin grandes estrellas profesionales, satanizadas por el régimen

LA HABANA, Cuba, enero, 173.203.82.38 -¿Demorará la fundación del pretendido Salón de la Fama del Béisbol Cubano? Así lo creo, al menos mientras domine la censura política como norma de Estado y mientras persista el enfoque oficia, marcial y triunfalista, de nuestro deporte.

El tema en cuestión está en manos de las “autoridades competentes”, dígase comisarios e historiadores del deporte en Cuba, según versa un artículo publicado por el semanario Trabajadores (edición del lunes 24 de diciembre), a cargo de Reynaldo González Villalonga, miembro de la Comisión Nacional de Historiadores del Deporte.

Es sin dudas el estadio Palmar de Junco, en la provincia de Matanzas, el sitio más avalado por la Comisión Nacional de Monumentos y los historiadores del deporte revolucionario. Aunque al respecto se mueven diversas posiciones. El caso es que en ese estadio se efectuó el primer juego de pelota–del que se tengan apuntes oficiales-, entre el Habana Base Ball Club y un equipo local, el 27 de diciembre de 1874.

Sin embargo, desde que Nemesio Guilló y Teodoro de Zaldo introdujeron en Cuba el primer bate y la primera pelota de béisbol, en 1864, hasta el primer juego oficial, efectuado cuatro años después del emblemático tope en el Palmar del Junco, el 29 de diciembre de 1878, se pudieran enumerar varios juegos originarios y no precisamente en Matanzas.

Un exhaustivo estudio de este período, unido a la época de oro de nuestro béisbol (1900-1930), replantearía la tesis de aquel “primer juego” en que los locales perdieron por diferencia de 42 anotaciones, ante los lanzamientos del habanero Ricardo Mora.

Hoy nos separan 134 años de la primera liga organizada en Cuba, por cierto amateurs. Sin embargo, a la hora de juntar lo mejor de la pelota criolla en un Salón de la Fama, sea en el Palmar del Junco o en los habaneros terrenos de La Tropical, habrá que desempolvar la historia del béisbol profesional, algo que Fidel Castro extirpó de la vida sociocultural cubana. Basta decir que en la Liga Cubana de Béisbol (de invierno), militaron estrellas estadounidenses como Max Lanier, Fred Martin, Lou Klein o Sal Maglie, sin contar los que ingresaban desde las ligas mexicana, puertorriqueña o venezolana.

¿Podrán los peloteros forjados en el tan cacareado “béisbol revolucionario”, compartir la vitrina con estrellas tan queridas como Martín Dihigo, Conrado Marrero, Caridad Méndez, Roberto Ortiz, Napoleón Reyes y Orestes Miñoso, parte de la crema y nata del béisbol profesional y amateur  antes de 1961, año en que los equipos Almendares y Cienfuegos discutieron la última final de la Liga Cubana?

Sospecho que las muestras de un Salón de la Fama van más allá de los escores individuales o la popularidad de turno. Inaugurar hoy un espacio de estos, implicaría destacar al más egocéntrico e improvisado lanzador, Fidel Castro. De hecho, el estadio Latinoamericano, antiguo Gran Estadio del Cerro, expone varias fotos del máximo líder vestido de pelotero. ¿Es posible reseñar la primera Serie del Caribe, inaugurada en Cuba el 20 de febrero de 1949, torneo que los comisarios del deporte “revolucionario” califican de mercantilista?

Aunque el fuerte está en resaltar los logros de la Revolución en el béisbol, someramente algunos estadios provinciales exponen a las estrellas locales que intervinieron en la Liga Cubana profesional. Incluso algunas peñas deportivas independientes, consiguen mostrar a sus ídolos en espacios públicos. Tal es el caso del equipo capitalino Industriales, con un repertorio de estrellas colgadas en la pared del Café Carlos III, en la tienda por departamento del mismo nombre.

La creación y validez del esperado Salón de la Fama del Béisbol en Cuba,  no depende de una fecha histórica, un terreno o un primer partido por definir. En medio de la crisis material y psicológica que afecta a nuestros peloteros, el gran dilema es la imposibilidad de obviar en él a glorias de la pelota cubana, que para Fidel Castro fueron “mercancías” del capitalismo.

odelinalfonso@yahoo.com

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