¡Qué suerte tiene el cubano!

¡Qué suerte tiene el cubano!

Recientemente el régimen castrista recibió otra magnífica noticia

Raúl Castro (detrás) junto a François Hollande (voanoticias.com)
Raúl Castro (detrás) junto a François Hollande (voanoticias.com)

LA HABANA, Cuba.- Recientemente el régimen castrista recibió otra magnífica noticia: alcanzó una condonación de su extensa deuda con el Club de París. El compromiso, aunque cuantioso, no era tan enorme como la que hace un año le condonó Vladimir Putin.

Los acreedores del Club de París, casi todos miembros de la Unión Europea, cancelaron 8 500 millones de dólares correspondientes a intereses vencidos desde hace 30 años a cambio de la “promesa” de que el régimen castrista pagará 2 600 millones de dólares de la deuda original… ¡en los próximos 18 años!

Esto, con una reestructuración muy generosa: con pagos de los 2 600 millones de dólares reconocidos finalmente como deuda total, con amortizaciones anuales desde el 1,6%, es decir, 40 millones en 2016, hasta el 8,9% en 2033.

El principal promotor y gestor de  las negociaciones para esta condonación fue Francia –el más importante acreedor europeo del gobierno de los Castro–, que para dar el ejemplo condonó 4 000 millones de dólares por intereses atrasados.

Michel Sapin, ministro de Finanzas francés, dijo que “este acuerdo abre el camino a una nueva era en las relaciones entre Cuba y la comunidad financiera internacional”, y agregó: “El pacto ayuda a resolver definitivamente la cuestión de la deuda de mediano plazo de Cuba, que no se ha cumplido desde la década de 1980”.

Hace 30 años este mismo régimen, que por entonces era presidido por Fidel Castro, dijo que la deuda externa era impagable y dejó de pagar al Club de Paris. Por entonces se justificaba con el embargo estadounidense. Después, en 1991, se escudó con el derrumbe de la Unión Soviética, hasta que finalmente ha seguido utilizando el susodicho embargo.

Estados Unidos aún reclama al régimen castrista de no menos de 7 mil millones de dólares por las expropiaciones de hace más de medio siglo.

En la actual situación, el régimen cubano pagará a Francia 240 millones a Francia por concepto de intereses históricos, mientras que el país galo invertirá 230 millones en proyectos de desarrollo. En tal sentido, la Zona Especial de Desarrollo de Mariel ya cuenta con una considerable presencia francesa.

Los países del Club de París, integrado por  Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Gran Bretaña, Holanda, Italia, Japón, Suecia y Suiza, han dicho estar satisfechos con “los avances mostrados por el gobierno  cubano  hacia la normalización de sus relaciones con la comunidad financiera internacional”.

Trascendió  en el acuerdo, según la agencia Reuters, unas medidas aplicables al régimen si persiste, como de costumbre, en no honrar esos adeudos y que son no solo cándidas, sino también risibles: “Si La Habana no cumple el pago pactado el 31 de octubre de cada año, será gravado con un interés del 9% hasta el pago, además de los intereses por la demora de esa porción en atrasos”.

Exultante, Raúl Castro afirmó que era una prioridad restaurar la credibilidad financiera internacional de su gobierno. Al parecer, está entusiasmado por el salvavidas que le han tirado; más ahora que el gobierno de Nicolás Maduro, su principal financiador, se hunde.

Otra buena broma en este acuerdo  es  que el régimen  debe reportar anualmente al Club de París su situación económica y “sus esfuerzos” para reformar la economía cubana.

¿Volverán los europeos a creer en informes económicos dudosos, como hicieron cuando aceptaron los esperanzadores informes que presentaron los países ex comunistas (a excepción de República Checa) para ser aceptados en la Unión Europea tras el desmerengamiento del bloque comunista y la euforia  paneuropea de Helmut Kohl?

¿Quién garantizará que el régimen castrista no declarará  una nueva moratoria de la deuda?

Con estos eventos, uno se pregunta por qué con Tsipras y la deuda griega no fueron tan generosos los acreedores europeos. Decididamente, hay que recordar y parafrasear el irónico título de aquella comedia de los años 50: “¡Qué suerte tiene el cubano!”

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