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miércoles, 23 de abril 2014

Cincuenta activistas viajaron al exterior y regresaron a luchar por la democracia

El pasado viernes 28 se realizó en la tarde una reunión singular en la habitual zona de encuentros del piso 14 de la calle Factoría. Allí, en la casa de los blogueros Yoani Sánchez y Reinaldo Escobar, sus anfitriones, se reunieron alrededor de 50 activistas, de todas las causas, respondiendo a una convocatoria que hace…

El pasado viernes 28 se realizó en la tarde una reunión singular en la habitual zona de encuentros del piso 14 de la calle Factoría. Allí, en la casa de los blogueros Yoani Sánchez y Reinaldo Escobar, sus anfitriones, se reunieron alrededor de 50 activistas, de todas las causas, respondiendo a una convocatoria que hace solo un año lucía improbable: conversar sobre las experiencias de quienes salieron y regresaron a Cuba con su voz cívica intacta.

Miriam Celaya y Yoani Sánchez, Eliecer Ávila y Litvio Fernández, Joisy García, Mario Félix y Manuel Cuesta ofrecieron sus visiones sobre los significados posibles y las experiencias vividas en quienes debutaron la flexibilización migratoria desde la sociedad civil.

Salir para volver era una doble vía explorada con antelación al 14 de enero de 2013. En el pasado varios activistas cívicos y políticos pudieron atender diversas  invitaciones, recoger premios e intercambiar fuera de Cuba,  en varios países que han insistido en respaldar nuestros derechos. Pero hay unas diferencias significativas entre el pre y el pos 14 de enero.

Contactos con el mundo democrático

Las nuevas buenas de lo que está ocurriendo se relacionan con unos cambios en la política migratoria que eliminan el permiso de salida, mercantilizan el derecho a viajar y facilitan que las voces críticas, alternativas e independientes dentro de Cuba tomen contacto directo con el mundo democrático, y con las personas e instituciones globales y extranjeras que han venido apoyando a la sociedad civil independiente.

Como expresamos quienes participamos en el encuentro, las breves historias de vida por el mundo fueron intensas, ricas y diversas. Por eso, como fue pactado a pedido de los anfitriones, la conversación básica no fue sobre la dimensión política o teórica de los cambios migratorios —bastante se ha escrito en torno a este ángulo del asunto— sino alrededor del  itinerario específico y vital de los primeros que acudimos a la cita cívica con el mundo, pospuesta en algunos casos, y sin pedir permiso.

La primera sensación y experiencia compartidas es la del sentido de avalancha de la otra Cuba, la interna y sin poder, fuera de Cuba. Excepto Asia, África, Australia y Oceanía —que claro no es poca cosa— el resto del mundo nos tocó. Literalmente. Desde América Latina, pasando por Europa y hasta los Estados Unidos se escuchó vis á vis la voz plural que se nos niega. Y todos entonces nos sentimos personas. Allá.

Y enfrentamos las mismas preguntas curiosas y dubitativas, respondidas de diversas maneras, pero con el sentimiento de que ya no era igual, y de que se rompía el monopolio histórico que el gobierno cubano ha mantenido sobre la imagen de Cuba. No se trata de la verdad sobre Cuba, porque esta es un asunto religioso o científico, sino de la diversidad de pareceres desde Cuba: una contribución que permite distinguir cada vez más al país de su gobierno. Para siempre.

El insulto de cierta izquierda

La experiencia de la protesta vivida y narrada por Joisy García en Polonia, la posibilidad de medir la propia inteligencia emocional frente al insulto de cierta izquierda que tuvo Yoani Sánchez; el desmentido aéreo de Eliecer Ávila al diputado Ricardo Alarcón, volando por encima de 11 países sin el más mínimo roce entre aviones; la epifanía religiosa y cívica del pastor Mario Félix, quien pudo visitar la tumba del sacerdote polaco Jerzy Popieluszko, asesinado por la impotencia; el mundo de la información metabolizado por Miriam Celaya en solo seis días, y a pesar del inglés, la idea de que Cuba importa escuchada por Litvio Fernández en la voz múltiple de estudiantes checos; y la sensación, no obstante, de que Cuba no es el centro del mundo, otra vez ratificada por Manuel Cuesta en los mismísimos Estados Unidos, fueron parte de un rico intercambio que reveló el ansia mutua de quienes escucharon activamente y de quienes expusimos con la mayor brevedad que nos permite la exuberancia cubana un espectro de vivencias disímiles y positivas para potenciar la sociedad civil cubana con la herramienta insustituible del contacto persona a persona.

El cubano es preguntón y el auditorio era cubano. Porque se trataba de compartir e intercambiar entre cubanos de la sociedad civil, la interpelación de quienes acudieron al piso 14 la tarde del 28 de junio fue intensa; repetitiva en algunos casos por la necesidad de captar las sutilezas de una experiencia común que asimilamos en diversos países. Por eso lo más importante del encuentro fue el deseo manifiesto de saber qué queda para todos de una opción abierta a todos  —lo que elimina de plano la idea de la jet society dentro de la sociedad civil— de unos viajes con regresos que deben aportar posibilidades concretas para la democratización de la sociedad cubana.

Y no importaba allí mucho lo que el gobierno pretende. Si una de las ideas gubernamentales era apostar a nuestra debacle en la ruleta del ridículo, pues perdieron la inversión. De modo que lo fundamental es lo que todos nosotros podemos después de demostrar que el futuro pertenece por entero a dos sectores: la ciudadanía y la sociedad civil.

Acerca del Autor

Manuel Cuesta Morúa
Manuel Cuesta Morúa

Manuel Cuesta Morúa (31 de diciembre de 1962). Licenciado en Historia. Portavoz Partido Arco Progresista. Coordinador Plataforma Nuevo País

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