septiembre 10, 2026

Un libro de texto de décimo grado fija una meta: que el estudiante sea “marxista y leninista”

El libro de 'Cultura Política' para estudiantes de décimo grado en Cuba es parte de un programa concebido para vincular la enseñanza con la adhesión del alumno al proyecto socialista.
Estudiantes de preuniversitario en Cuba (Foto referencial: Cubahora)

MIAMI, Estados Unidos ― El propósito ideológico de Cultura Política no necesita deducirse. El prólogo del libro declara que la asignatura debe promover “comportamientos revolucionarios esenciales” y no limitarse a transmitir conocimientos. Al cierre de esa introducción, considera cumplido el aprendizaje cuando el estudiante ha llegado a ser “revolucionario, marxista y leninista” y adquirido una cultura política “en la Revolución y por la Revolución”.

El volumen fue publicado en 2023 por la Editorial Pueblo y Educación, compilado por Orlando Calderón Frías y catalogado por CubaEduca para el décimo grado del preuniversitario. El libro tiene 360 páginas.

Una fotografía de la página 42, difundida recientemente en Facebook por el internauta David Espinosa, llamó la atención sobre el tratamiento de las protestas del 11 de julio de 2021. “El adoctrinamiento político en Cuba va desde que naces hasta que te mueres”, escribió Espinosa.

La revisión completa del libro muestra que el pasaje sobre el 11J no constituye una excepción ni un contenido aislado. Forma parte de una arquitectura pedagógica dirigida expresamente a enlazar ideas, identidad y comportamiento político.

La introducción reconoce que la adolescencia es una etapa de cuestionamiento de la autoridad y afirma que eso no debe considerarse negativo. Sin embargo, sostiene que el tiempo y la práctica demostrarán la validez de las normas ofrecidas por padres, maestros y sociedad. La autonomía juvenil queda condicionada, además, a lo que el proyecto social considere posible y necesario.

Esa tensión recorre todo el manual: aparecen con frecuencia verbos como investigar, reflexionar, debatir y valorar, pero el resultado esperado del proceso ya está establecido por el propio texto.

El primer capítulo define la cultura política desde una base que el libro denomina fidelista y la relaciona con la moral, el derecho, la Constitución y la ideología de la Revolución. En ese apartado también se inserta el relato sobre el 11J.

El segundo capítulo, de la página 49 a la 277 —casi dos tercios de las páginas numeradas—, está dedicado al pensamiento bolivariano, la doctrina de Marx y Engels, el leninismo y otros exponentes socialistas. Reproduce extensos textos de esas figuras e incorpora a Rosa Luxemburgo, León Trotsky, José Carlos Mariátegui, Luis Emilio Recabarren y Hugo Chávez, entre otros.

El tercer capítulo construye una genealogía cubana que comienza con Félix Varela, José de la Luz y Caballero y José Antonio Saco; continúa con Carlos Manuel de Céspedes, Antonio Maceo y José Martí; pasa por el antimperialismo, Carlos Baliño, Julio Antonio Mella, Carlos Rafael Rodríguez y Blas Roca; y culmina con Fidel Castro como símbolo de la ideología revolucionaria.

El propio prólogo describe ese recorrido como un tránsito desde Bolívar hacia Marx y Lenin, para desembocar en las dimensiones martiana y fidelista. De esa forma, figuras y corrientes de épocas distintas son seleccionadas y ordenadas como antecedentes del actual proyecto socialista cubano.

El manual no carece por completo de matices. Incluye a Aristóteles, reproduce un texto de Varela que previene contra atribuir intenciones perversas a quienes piensan de manera diferente y reconoce la existencia de corrientes contrapuestas dentro del marxismo. La inclusión de Luxemburgo y Trotsky demuestra que el canon no es totalmente uniforme.

Esa diversidad, sin embargo, permanece encerrada dentro de la tradición revolucionaria que el programa declara válida. Cuando aparecen el liberalismo o la socialdemocracia, se presentan principalmente a través de críticas marxistas y leninistas: la segunda es asociada con el reformismo y con una supuesta traición a la revolución. El índice no reserva apartados equivalentes para estudiar el pluralismo político, la separación de poderes, las elecciones competitivas, la prensa independiente o las distintas concepciones contemporáneas de los derechos humanos.

La bibliografía final confirma la prioridad concedida a ese canon. Predominan obras de Marx, Engels, Lenin, Guevara, Castro, Martí y Mella, ediciones cubanas de contenido revolucionario y documentos de instituciones estatales. No se ofrece una bibliografía comparable de autores liberales, conservadores, socialdemócratas o críticos del sistema cubano.

Las actividades son todavía más reveladoras que la selección de textos. Al finalizar el segundo capítulo, se pide al alumno identificar qué ideales y comportamientos lo definen como marxista, valorar por qué el marxismo y el leninismo resultan indispensables para su ideología revolucionaria y explicar la utilidad de ambas doctrinas para su cultura política.

En el tercer capítulo, los ejercicios solicitan demostrar cómo el pensamiento cubano estudiado se expresa en la ideología revolucionaria personal del estudiante y redactar un texto sobre su vigencia en la construcción socialista actual. No se plantea como resultado igualmente admisible que el alumno rechace esas doctrinas o defienda otro modelo político.

El tratamiento del 11J permite observar cómo funciona ese método ante un acontecimiento reciente. Entre las páginas 27 y 45, el manual reproduce una intervención de Miguel Díaz-Canel en la Mesa Redonda del 14 de julio de 2021. La introducción editorial presenta las protestas como parte de la subversión y de un “golpe blando” organizado por el Gobierno de Estados Unidos.

En su intervención, Díaz-Canel llama “disturbios” a los acontecimientos, los vincula con una estrategia de guerra no convencional y clasifica a los participantes entre anexionistas, delincuentes, personas insatisfechas y jóvenes. Reconoce que algunos ciudadanos tenían reclamos legítimos y que no siempre recibieron atención adecuada, pero niega que se hubieran reprimido manifestaciones pacíficas.

La página fotografiada por Espinosa muestra a Díaz-Canel y al presentador Randy Alonso enumerando informaciones falsas o engañosas divulgadas durante aquellos días: imágenes extranjeras atribuidas a La Habana, la supuesta caída de Camagüey y la presunta renuncia de un viceministro del Interior. Las ilustraciones aparecen marcadas como “fake news” y “bulo”.

El libro no incorpora en esas 19 páginas testimonios de manifestantes, informes de organizaciones de derechos humanos, datos sobre los procesos judiciales ni explicaciones alternativas sobre las causas de las protestas. Tampoco propone una actividad específica para contrastar las afirmaciones del gobernante con otras fuentes.

Amnistía Internacional documentó que miles de personas salieron espontáneamente a las calles en decenas de localidades, en medio de la escasez, los apagones, la crisis sanitaria y las restricciones a las libertades. La organización sostuvo que las manifestaciones fueron mayoritariamente pacíficas y registró cientos de detenciones, personas cuyo paradero se desconocía, restricciones de internet y al menos una muerte.

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