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La mentira del CUC, un ejemplo de nuestra desmemoria

El régimen cubano deceretó la muerte del CUC (Foto del autor)

LA HABANA, Cuba. – El 26 de octubre de 2004 los medios de prensa del régimen cubano difundieron de manera sorpresiva la Resolución No. 80 del Banco Central de Cuba (BCC) en la que se establecía el “peso convertible” (CUC) como única forma de pago en la red comercial estatal de tiendas, hoteles, restaurantes, taxis y demás servicios, incluidos los bancarios y de intermediación financiera, que operaban en divisas, así como un gravamen del 10 por ciento en el canje del dólar estadounidense.

La medida se hizo efectiva casi al instante, el 8 de noviembre de ese mismo año, sin siquiera esperar a ser publicada en la Gaceta Oficial de la República de Cuba, y sobre las causas de esa premura que infundió temores y mantuvo en alarma a buena parte de la población, hablaría Fidel Castro pocos días después en la Mesa Redonda Informativa que se transmitió por la Televisión Nacional en la tarde del 16 de noviembre de 2004.

Han pasado ya algunos años de aquel “notición”, el CUC ha sido declarado “moneda non grata” por el mismísimo BCC, los comercios se niegan ahora a recibirlo, los depósitos bancarios mutarán en pesos devaluados y, como si todo lo anterior no constituyera una estrepitosa catástrofe financiera, por cuanto lleva de engaño, la “desmemoria” que padecemos como pueblo en apenas una década borró los traumas del momento. 

Tan golpeados quedaron algunos de esos “desmemoriados” que, tanto en las calles de la Isla como en los grupos de Facebook y de WhatsApp dedicados al canje ilegal de monedas, están los que aún no digieren la dura realidad de que el CUC no será trocado por MLC (moneda libremente convertible) sino por CUP (pesos cubanos sin valor) o por certificados “canjeables a futuro”, lo cual es una manera “elegante” de decir “probablemente NUNCA”.

Incluso están los que no acaban de darse cuenta que el Banco emisor del CUC, al que creyeron ciegamente y al que confiaron sus dólares algún día, no está cumpliendo lo prometido en 2004, aun cuando todos los billetes impresos, de todas las denominaciones, llevan plasmada la garantía de canje en la cara frontal: “Garantizado íntegramente por valores internacionales de libre convertibilidad. Es canjeable por divisas libremente convertibles en el Banco Central de Cuba”.

Una garantía como palabras grabadas en hielo. En menos de 20 años la promesa se esfumó y junto con ella —¡abracadabra!— los dólares que le servían de respaldo al engendro monetario, aun cuando se insistió en la promesa de que dichas reservas jamás serían tocadas sino que permanecerían en bóveda casi eternamente, aumentando hasta el infinito y haciendo del CUC “una de las monedas más fuertes del universo”. 

Así mismo lo prometieron, sin ningún tipo de pudor. No es mi mente de escribidor la que se echa a volar e imagina lo que pensaron los “genios de las finanzas” en aquel 2004 cuando crearon esas “dualidades monetarias y cambiarias” que hoy otros “genios” califican de obra demencial, sino que son exactamente las ideas reiteradas y transmitidas hasta el cansancio por los medios de prensa oficialistas, en ese momento, para calmar los temores pero, sobre todo, para endulzar lo que hoy descubrimos con total certeza fue una descomunal estafa.

Quienes revisen lo publicado en la prensa oficialista en aquellos otros momentos de “reordenamiento monetario”, es decir, hace tan solo 16 años atrás, tendrán elementos suficientes para quedar bien alertas y muy desconfiados frente a lo que nos dicen hoy esos mismos medios sobre el éxito de las “nuevas reformas” y, más cuidadosos aún, sobre las garantías de que los “cambios” traerán bienestar y prosperidad para todos los cubanos. 

Como sé que algunos no se tomarán la molestia de hacer una mínima pesquisa, dejaré aquí un extracto muy breve de lo que dijera Fidel Castro en aquella Mesa Redonda Informativa del 16 de noviembre de 2004, de acuerdo con la nota publicada al día siguiente, en la primera plana del diario Granma, bajo el título de “Una nueva victoria de la Revolución. Fortalece el país su moneda convertible”. Los invito a leer:

“Ni un solo centavo de los dólares recaudados por la aplicación de la Resolución 80 del Banco Central de Cuba (BCC), en respuesta a la agresión de los Estados Unidos, será gastado en nuestro país en sus transacciones comerciales; ese dinero, que constituye un monto importante, tiene el objetivo de garantizar el valor del peso cubano convertible (CUC), aseguró ayer el Comandante en Jefe Fidel Castro (…)”. 

“Y lo recaudado, según comentó el líder de la Revolución, es más que suficiente para asegurar nuestra moneda convertible, la cual empieza a ser aceptada por compañías internacionales y por los inversionistas con negocios en la Isla, quienes han solicitado pasar sus cuentas en los bancos nacionales de dólares a CUC”.

“Esta moneda cubana que se convierte en divisa convertible, sostuvo Fidel, va a ser crecientemente aceptada en el mercado internacional, y podrá serlo más en el futuro (…)”.

“Los hechos, aseveró, van demostrando que ahora tenemos una moneda convertible de verdad, y puedo asegurar que todos aquellos que depositaron en los bancos su dinero en dólares o compraron pesos convertibles, hicieron el mejor negocio que podían haber hecho”.

“(…) Todo el que confió y acudió a realizar transacciones tiene la garantía total y segura de que la Revolución cumplirá sus compromisos, indicó (Fidel Castro)”.

“Si el valor de una moneda es X, afirmó, el valor del peso convertible cubano lo vamos a garantizar por tres veces X; garantizaremos una divisa internacional aceptada y de valor permanente (…)”.

Pero el CUC hoy no se cambia en ningún banco cubano por “tres veces X” sino por 24 pesos (CUP) que ni siquiera hacen la tercera parte de lo que vale actualmente un dólar en el mercado negro. 

En fin, que de los millones de CUC emitidos por el Banco Central de Cuba desde 1994 hasta ahora que se decretó su muerte, de las más de 200 toneladas de billetes puestos en circulación tan solo en 2004 para inundar de súbito el mercado y hacer desaparecer el dólar de nuestros bolsillos de “gente de a pie”, hoy solo nos queda la maldita desmemoria.

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Empresas extranjeras en Cuba: ¿Seguirán pagando “por debajo de la mesa”?

¿Efectivo o tarjetas? (Foto: AmericaTeVé)

LA HABANA, Cuba. – ¿Qué pasará con la bonificación que reciben los trabajadores cubanos en las empresas extranjeras radicadas en Cuba? ¿Serán en dólares, en euros o en pesos cubanos cuando desaparezca el CUC? ¿Aumentará, disminuirá o desaparecerá con los nuevos salarios? ¿Será finalmente legalizada?

Son algunas de las preguntas que se hace la mayoría de los empleados que laboran en ese sector “privilegiado” donde los beneficios extra salariales han sido por mucho tiempo el principal incentivo para mantener la estabilidad de las plantillas. 

Un “extra” que, de acuerdo con lo expresado en los reglamentos de empleadoras como Acorex, se considera  “ilegal”, incluso “inmoral”, aun cuando estas propias entidades estatales son conscientes de que las bonificaciones han funcionado durante décadas como una forma regular de pago, además de un modo de “carta bajo la manga” que, en el momento preciso, pudiera ser usada por la propia empleadora en contra del trabajador ―y hasta del empresario extranjero― que se convierta en “problemático”.

Aun así no es para nada secreto que todas, absolutamente todas las empresas extranjeras en la Isla pagan bonificaciones no declaradas a sus trabajadores y que existe una escala interna, por categorías, propia de cada entidad. Una cuantía muchísimo mayor que el “salario base” (en CUP) y que la bonificación “legal” (en CUC). 

De tal “bonificación legal”, la empleadora deduce un por ciento a modo de pago por los servicios de intermediación, puesto que en Cuba a las empresas extranjeras no les está permitido contratar de manera directa a sus empleados sino solo, y obligatoriamente, por medio de las también llamadas “bolsas de empleo”, un mecanismo de contratación creado por el Gobierno al parecer con la finalidad, entre otras cosas, de acopiar toda la divisa destinada a los pagos de salarios.

Pero en los próximos días, cuando comience a ser retirado el CUC y sean reformados los salarios, ¿cómo los empresarios extranjeros realizarán estos pagos “por debajo de la mesa” y a cuánto ascenderán?  

Se sabe, por lo que ha sido divulgado en la prensa oficialista a partir de las intervenciones públicas de Alejandro Gil, ministro de Economía y Planificación, y de Marino Murillo, jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo de los Lineamientos del Partido Comunista, que los sueldos de los trabajadores estatales aumentarán 4,5 veces de acuerdo con las escalas salariales actuales, y que otros tipos de pagos accesorios por concepto de estimulación, alimentos y resultados productivos, que antes se realizaban en CUC, se anclarán al salario, aunque no en todos los casos, a razón de 24 CUP por 1 CUC. 

Pero nada se ha dicho de esas otras “estimulaciones ilegales” que son el principal atractivo en las empresas extranjeras, en especial en el turismo donde los salarios base son de los más bajos, a pesar de la estimulación legal de 20 CUC mensuales, aprobada apenas en 2019.

“Antes del 2019 había estimulación en divisas (en CUC) pero era según la empresa. Un trabajador de Islazul podía recibir 10, 12, 15 dólares (mensuales) pero uno de Gran Caribe podía ganar un poco más, quizás un poco menos, pero en realidad no existía una obligación”, asegura Enrique Lamas, exfuncionario del Ministerio de Turismo.

“En 2019 se aprueba una resolución que generaliza y obliga al pago de 20 CUC como estimulación en el turismo pero eso no significa mucho para un trabajador con un salario de 340 pesos (poco más de 13 dólares mensuales), incluso menos, y que por concepto de propina gana mucho más. Sin embargo, en el caso del personal administrativo y de otros trabajadores que no están directamente con los clientes, significa algo, mucho más que el salario. Particularmente en el caso de los trabajadores que son esenciales, las gerencias pueden aprobar un pago extra, no legal, que sí puede superar los 100 dólares mensuales y por tanto es el verdadero salario, aunque no declarado, entregado, literalmente, por debajo de la mesa”.

De acuerdo con información ofrecida a CubaNet por representantes y directivos de varias empresas extranjeras en Cuba, fundamentalmente vinculadas al turismo, las bonificaciones, a pesar de que han sido un “dolor de cabeza”, una “locura” para la contabilidad de los negocios en la Isla ―entre otras cosas, por ser una acción tolerada por el Gobierno pero ilegal y que, por tanto, implica gastos excesivos que regularmente deben ser “escondidos” en los reportes―, han servido para retener la fuerza laboral imprescindible.

“Los salarios se depositan en euros, porque Acorex (agencia empleadora estatal) lo pide así, además retienen sobre el 10 por ciento de las estimulaciones; el trabajador recibe eso mismo pero en pesos (CUP), ni siquiera al 1 por 1 sino mucho menos”, afirma bajo condición de anonimato un directivo extranjero de una importante empresa hotelera establecida en la Isla.   

“Te pongo el ejemplo de mi asistente, universitario, abogado. Acorex me obliga a depositar 870 euros mensuales por sus servicios pero de ellos solo recibe de salario menos de 20 euros, claro que en pesos (CUP), más otros 120 CUC que yo debo poner por encima y que se los doy directamente a él, sí, autorizados, que se les transfieren a su tarjeta, pero además yo personalmente le pago otros 400 más (CUC). Te pongo el ejemplo de este chico por decirte uno en concreto, pero eso, poco más poco menos, es con casi todos los trabajadores, mes tras mes. Tú no sabes el dolor de cabeza que da esconder todos los meses ese dinero, pones por aquí, pones por allá, una locura”, afirma el empresario, que lleva más de una década laborando en Cuba.

Pero hasta el momento, muy pocos están totalmente convencidos de lo que harán cuando sea declarado el fin del CUC y cómo realizarán las bonificaciones, que sin dudas deberán aumentar y que, en consecuencia, supondrían la extracción de grandes volúmenes de dinero si se decantaran por el pago en efectivo.

Un funcionario cubano, vinculado a una importante cadena española de hotelería, asegura que, al menos en los establecimientos de la empresa no se arriba a un consenso sobre cómo van a hacer llegado el momento, aunque se ha barajado de manera provisional, e imitando a otras corporaciones del ramo establecidas en la Isla, la posibilidad de pedir a los trabajadores que habiliten tarjetas en MLC para que reciban las bonificaciones por transferencia y no en efectivo como lo han estado haciendo hasta ahora.

“(Como consecuencia de la COVID-19) ha habido recorte de personal, significativo, y eso da la posibilidad de hacer ligeros aumentos en las bonificaciones, de todos modos hay que esperar a ver cómo quedan fijados los salarios y si habrá modificaciones en los contratos con Acorex, pero sin dudas habrá un incremento ligero porque tienen que seguir funcionando como un incentivo. De lo que sí estamos seguros es que no podrá hacerse en efectivo ni en pesos cubanos, lo primero no es tan imposible pero no es la mejor solución porque se hace difícil extraer todos los meses esa cantidad de euros y dólares en efectivo, el banco no lo va a permitir, y lo otro ya te imaginas, es un volumen considerable. Las transferencias. Lo más lógico son las transferencias”, afirma el funcionario.

Por su parte, otros representantes de empresas extranjeras, consultados al respecto mediante la garantía de reservar su identidad debido al carácter ilegal de las bonificaciones que realizan, ya han comenzado a probar con el mecanismo de las transacciones de divisas a una parte de sus empleados.

“Este mes hicimos el pago como siempre lo hemos hecho pero a algunos les hicimos transferencias, probamos con los que ya tienen las tarjetas, creo que en algunos casos lo haremos en efectivo, porque no sería mucho, pero en otros tendremos que continuar con las transferencias”, comenta uno de los entrevistados.

“Estamos esperando a ver qué sucede porque todavía la tasa de cambio es un misterio. Hay que ver qué es lo mejor, ahora sí, efectivo en euros y dólares no vamos a poder entregar a nadie. Los aumentos parecen  buenos pero también hay que ver cómo quedan los precios de las cosas, si se harán modificaciones en los contratos… No creo que las bonificaciones las legalicen, y lo mejor que puede pasar es que no lo hagan porque igual van a querer tomar una buena tajada y al final vamos a tener que seguir pagando por debajo de la mesa”, agrega otro funcionario.

Mientras tanto, entre las personas en la calle que no reciben ninguna “bonificación”, ni legal ni clandestina, las expectativas sobre los aumentos salariales crecen, sin dudas, pero no tanto como la incertidumbre, los desencantos y descontentos, acostumbradas a la idea de que ningún cambio en Cuba llega para mejorarles la vida. 

Sobre  lo que sucederá en breve cuando se tengan los bolsillos llenos pero los comercios desabastecidos, es decir, cuando en los próximos días el Gobierno comience a retirar el CUC y apenas quede un peso cubano con muy pocas funciones de dinero, ya sabremos. Pero todo parece indicar que, con bonificaciones en MLC o sin ellas, con dos monedas o con una, nada será muy diferente a lo que ha sucedido en los últimos 30 años de bandazos económicos.

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Los problemas con los precios no surgieron con la dualidad monetaria y cambiaria

precios dualidad monetaria Cuba
Foto archivo

LA HABANA, Cuba.- Uno de los asuntos que más destaca en lo concerniente al ordenamiento monetario que próximamente tendrá lugar en la economía cubana es la política de precios que aplican las autoridades. Sobre todo al considerar que la devaluación que experimentará el peso cubano en el sector empresarial traerá consigo un aumento en los precios mayoristas, que podría extenderse después al mercado minorista. También tomando en cuenta las distorsiones provocadas por la dualidad monetaria y cambiaria.

En ese contexto se enmarca un artículo aparecido en el periódico Granma, en su edición del 3 de noviembre. El trabajo periodístico señala la existencia de dos precios diferentes para un mismo producto, uno en moneda nacional (CUP) y otro en pesos convertibles (CUC). A renglón seguido se apunta que “Esas diferencias, generadoras sempiternas de malestar en la población, son el reflejo de las profundas distorsiones con las cuales ha operado la economía desde hace varios años, derivadas, en buena medida, de la dualidad monetaria y, sobre todo, cambiaria”.

Aunque coincidimos en parte con lo expresado en el artículo, en el sentido de las distorsiones ocasionadas por las referidas dualidades, no podemos pasar por alto que Granma omite el hecho de que los problemas con los precios en nuestra economía no surgieron con la implantación de las dualidades monetaria y cambiaria, sino que se remontan al inicio de la revolución fidelista, cuando en el marco de la centralización económica se estableció el método de costos en la formación del sistema de precios.

Ese método establecía que las entidades calcularan todos los gastos y costos en que incurrían en la fabricación de determinado producto, y después, por encima, se ubicaba un margen de rentabilidad o ganancia fijado por los niveles centrales de la economía. Así, el precio de empresa quedaba formado de la siguiente manera: precio= costo + ganancia.

Se trataba de un método ideado para hacer rentables a todas las empresas, con independencia de la eficiencia que mostraran en su desempeño. En la práctica, sin embargo, esa formación de precios encubría anomalías como el exceso de gastos, la no utilización racional de las normas de consumo material, así como el mantenimiento de plantillas infladas, muchas veces con demasiado personal no vinculado directamente con el proceso productivo.

El resultado de ese mecanismo, entre otros, eran los aumentos de precios, la fabricación de artículos de dudosa calidad y, por supuesto, el mantenimiento de un sistema empresarial no competitivo a nivel internacional.

Hace poco, como parte de las explicaciones brindadas a la opinión pública acerca de la realización del ordenamiento monetario, el zar de la actualización del modelo económico, Marino Murillo, declaró que “en relación con el sistema empresarial, vamos a cambiar el método que tienen para formar los precios, y así eliminar la ecuación de costos más un margen de utilidad, que en muchos casos nos ha llevado a financiar ineficiencias”.

Sin embargo, el señor Murillo no dio más detalles acerca del nuevo método que se empleará para la formación de los precios. Algunos especialistas estiman que se pudiera partir de precios similares a los existentes en el mercado internacional para cada producto, y de ahí en adelante exigir que la empresa reduzca sus costos para que pueda trabajar con un determinado margen de utilidades.

Se trata, sin dudas, de un método que, de poder cumplirse —algo contemplado con escepticismo por muchos—, revolucionaría el destartalado y anquilosado sistema empresarial de la isla.

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La dualidad no se elimina ni se destruye, solo se transforma

Un establecimiento estatal en La Habana (Foto del autor)

LA HABANA, Cuba. – Un CUC por 20 pesos, y un dólar por 1,60 CUC, y hasta por 1,80 en el interior del país, aunque cuando se trata específicamente del canje por moneda fuerte, el peso convertible, que estaría a punto de ser retirado de circulación, sí mantiene el valor del cambio oficial, es decir, 25 pesos (CUP). 

Solo 20 pesos vale el CUC cuando, por ejemplo, pagamos un taxi particular, compramos una pizza en la cafetería del barrio o cuando, después de mucho suplicar, nos aceptan pagar con “chavitos” en el agromercado o en la bodega, dos lugares donde es usual tropezarse con un cartel que advierte: “No se aceptan CUC” o “Solo en moneda nacional”, como si el “peso convertible”, que ahora resulta imposible “convertir” en divisas incluso en el mismo “banco nacional” que lo emitió, hubiese sido obra de extraterrestres.  

Pero se continúa valorando el CUC en 25 pesos cuando se trata de pagar el alquiler de una vivienda o una casa en la playa, la compra clandestina de una propiedad o un auto, incluso de un electrodoméstico de contrabando, pero ya van siendo muy pocos los que aceptan la moneda y te dicen de plano que solo quieren “moneda nacional” (CUP) o dólares, y entonces, en este último caso, el cambio se fija entre 1,40 y 1,50 CUC, no mucho más.

Y si se trata de transferir dólares “virtuales” de una tarjeta en MLC a otra, es posible que aún se logre comprar el “fantasma” de la moneda estadounidense por apenas 1,35 CUC, un valor que para los tiempos que corren ya va pareciendo “barato”, cuando apenas en febrero se lo encontraba, en físico, a 1,10 en cualquier esquina de la ciudad. Ahora esas tasas cambiarias e incluso el relativamente “fácil” acceso al “billete verde” son historia pasada. 

Así de enredadas y azarosas están las tasas de canje en el mercado informal cubano a pocos días de las “unificaciones monetaria y cambiaria”, y para quienes no estén acostumbrados a tales embrollos de nuestro peculiar contexto, las operaciones se tornan un sinsentido, una pesadilla, de hecho son una locura que responde a una economía sin pies ni cabeza.

Cuando líneas arriba denominé como “chavito” al CUC fue porque al nacer este último en los años 90, durante el llamado “Período Especial”, fue bautizado tal como hacía la gente con aquellos bonos especiales emitidos por el Banco Nacional de Cuba y que, durante las décadas de los años 70 y 80, como forma de pago salarial o “estímulo”, recibieron los marineros mercantes, deportistas, artistas, algunos diplomáticos y muy contadas “personas con privilegios”, sobre todo vinculadas al Ministerio del Interior, para comprar en las llamadas “diplotiendas” o “diplomercados”, en un contexto en que la posesión de dólares era ilegal y en donde a los ciudadanos “comunes” les estaba prohibido acercarse a esos comercios, que desempeñaron la misma función discriminante que hoy cumplen las “nuevas” tiendas en MLC.

El “chavito” fue el experimento previo al CUC y se emitía con respaldo en la divisa que ingresaban las navieras, los servicios consulares, las competiciones deportivas, la amplia red de empresas off-shore —creadas por el régimen alrededor del mundo para burlar tanto el embargo estadounidense como el obsesivo y posesivo control de los soviéticos—, y demás fuentes de ingresos no relacionadas con el intercambio comercial realizado en el marco del “campo socialista” y su Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), disuelto en 1991.

El CUC fue el capítulo siguiente, creado bajo un concepto similar de que por cada unidad emitida se debía ingresar un dólar o el equivalente en cualquier otra divisa extranjera pero, como suele suceder en una economía secuestrada por la ideología, se impusieron los empecinamientos, las improvisaciones, la mediocridad, los efectismos populistas y se mandaron a imprimir tantos “pesos convertibles” como marabú y verdolaga había en los campos.

En Cuba, en cuanto al poder adquisitivo real, es decir, teniendo en cuenta apenas el acceso a todas las modalidades del mercado interno minorista, siempre hubo más de una “moneda” en circulación. Siendo una de ellas, la más fuerte, la que realmente determina quién es quién dentro de un esquema social donde la igualdad del socialismo apenas es un cuento para dormir ingenuos, y donde el igualitarismo es un ardid macabro mediante el cual se justifica tanto la ausencia de democracia como los privilegios de una casta “superior”, tal como el Partido Comunista define a sus “cuadros”, con términos muy similares incluso introducidos en la mismísima Constitución.

Lo cierto es que, para sobrevivir en la Isla, en medio de tantas prohibiciones, segregaciones y extrema escasez, siempre ha sido necesario portar en nuestras carteras algo más que ese peso común y corriente, súper devaluado y que, por su limitada funcionalidad, se parece más a un bono. Aunque para ser justos, todas las monedas emitidas por la banca cubana en el último medio siglo no han sido otra cosa que un cupón.

El “chavito” lo fue. También el CUC. Como lo fueron la Carta de Liquidez en el sector empresarial, o los voucher y cheques emitidos ya por los bancos o por aquellas “Casas del Oro y la Plata” que se encargaron de saquear nuestros patrimonios familiares, apelando al hambre, que en este país se ha convertido en endémica, pero sobre todo a la vanidad, a la arrogancia de quienes llegan al tope de la realización personal con una tarjeta en MLC o al recibir con regularidad una remesa, más una recarga telefónica que, dicho sea de paso, algunos usan como moneda de cambio, en ocasiones con mayor valor que el peso. 

La gran noticia para quienes aún piensan que en breve todo se solucionará es que, en realidad, no tendremos unificación monetaria. Apenas un peso desplazará a otro, e incluso eso no detendrá su devaluación frente al dólar. Y para colmo de males continuará la dualidad por mucho tiempo en tanto el CUC, que ayer fuera “chavito”, sea redefinido tal como fue concebido en 1994, y transformado ahora en un trozo de plástico llamado “tarjeta en MLC”, mucho menos accesible y más discriminatoria que su antecesor.

No hay que ser adivinos, sino apenas tener en cuenta el carácter cíclico de tales trampas, perdón, quise decir “estrategias”, para vislumbrar que en breve otra crisis estallará. 

Será cuando a alguien del Comité Central del Partido Comunista, necesitado de un golpe de efectismo para frenar el descontento que ha producido la dolarización, se le ocurra expedir tarjetas en MLC a los cuadros y trabajadores más “leales” y “destacados”, y el respaldo de estas sea ficticio, tal como sucedió con el CUC al poco tiempo de creado. Entonces estaremos de regreso en el mismo punto de partida, y otro fracaso financiero en ciernes llegará a reemplazar el anterior.

Apenas el CUC sea sustituido totalmente por las “tarjetas en MLC” no pasará mucho tiempo para que estas corran la misma suerte de ese billete tóxico que, reveladas sus debilidades de fondo, ahora nadie quiere en el bolsillo. Por otra parte, las protestas por las nuevas tiendas en MLC han llegado ya a la prensa oficialista, sobre todo en los comentarios de los lectores a los reportajes y notas que abordan el tema, y en las redes sociales es verificable cuán generalizado es el descontento.

En una economía que ha sido diseñada por sus cuatro costados para que cada familia cubana, buscando sobrevivir, se vea obligada al menos a convertir a uno de sus miembros en un emisor de remesas, es casi imposible que las “dualidades” monetaria y cambiaria desaparezcan, así como todas las segregaciones y discriminaciones que estas traen asociadas, de las cuales las tiendas en MLC son una expresión mínima, aunque quizás la más visible, y por tanto, la que más molesta.

Pero tal “apartheid” financiero no es algo novedoso en nuestro contexto. Ha existido siempre, aunque sí es una especie de “fase superior” —no la más alta— donde se revela, otra vez, la monstruosidad del sistema bajo nuevas luces. Y si este experimento no funciona, ya probarán con algo peor.

Todo parece indicar que será este 1ro. de diciembre el momento en que anunciarán el fin del CUC. Los movimientos al interior de las empresas dan señales de que la reforma salarial será introducida en enero de 2021 y que el famoso cheque compensatorio de 1000 pesos, agregado como préstamo a los salarios estatales, será entregado a finales de noviembre como un modo, dicen, de hacer menos traumático el “sálvese el que pueda”. 

Pero, a pesar de que la historia se repite como prisionera en un bucle de tiempo, por ahí andan los ingenuos felices, persistentes en la desmemoria, soñando con todo cuánto harán sin el CUC y con tanto papel que aparenta ser “dinero”. Van pensando en cómo de lenta se hace realidad la promesa de un socialismo próspero. Ojalá y descubran a tiempo que así como el desabastecimiento, los altos precios y los bajos salarios “llegaron para quedarse” como métodos de control social favoritos del Partido Comunista, también la dualidad lo hizo desde hace tiempo, y esta no se elimina ni se destruye, solo se transforma.

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Unificación monetaria en Cuba: ¿A quién culpar por los falsos rumores?

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Economía, Cuba; Venezuela; Dólar; Díaz-Canel, Dólares, Dinero
Tres tipos de monedas y tres formas de cambios que caotizan la economía cubana (Foto de archivo)

LA HABANA, Cuba.- Claro que han sido las propias autoridades cubanas, con ese revuelo mediático a destiempo, las responsables de la incertidumbre ciudadana.

Una vez más el castrismo se lava las manos, a lo Poncio Pilatos. El Banco Central de Cuba ha desmentido los rumores que circulaban en las redes sociales, con respecto a que la unificación monetaria comenzaría el próximo 1ro de octubre. Nuevamente  la “cándida” revolución cubana tiene que salirle al paso a los que tratan de confundir al pueblo.

Pero hagamos un poco de historia reciente. Pues a partir de aquel artículo aparecido hace varias semanas en el periódico Granma, en el que tres expertos del Banco Central de Cuba explicaban las razones para acometer la unificación monetaria y cambiaria, se destaparon las alarmas en la población. Mas ahí no quedó todo. Porque a renglón seguido la televisión ofreció una serie de reportajes desde varios territorios del país, en los que funcionarios y simples ciudadanos se referían a la necesidad de eliminar de la circulación el peso convertible (CUC). Todo hacía indicar la presencia de un mensaje anunciando el inminente fin de la dualidad monetaria y cambiaria.

Aunque, en verdad, se trataba de la misma cantaleta que hemos venido escuchando desde el 2011, a raíz de celebrarse el VI Congreso del gobernante Partido Comunista de Cuba. La manoseada tesis acerca de la necesidad de introducir el CUC en la economía; o que si esa dualidad afecta las exportaciones del país; que si estimula las importaciones; que si pone en desventaja al sector estatal con respecto al emergente sector no estatal; que si impide la real medición de la actividad económica… Sin embargo, nada nuevo. Ni la fecha probable del inicio de la unificación monetaria, ni el motivo de la demora en acometer esa acción.

No obstante, y como era lógico suponer, la población reaccionó de inmediato. Se incrementaron las colas en los bancos de personas que deseaban deshacerse de los CUC. Por otra parte, en numerosos negocios privados se negaban a aceptar esa moneda como medio de pago. Evidentemente, más dificultades en la vida diaria para el cubano de a pie, que ya tenía bastante con las escaseces y las colas infernales para adquirir los artículos de primera necesidad.

Por supuesto que la economía necesita la unificación monetaria y cambiaria, y casi existe consenso en el sentido de que el suceso no debe demorar mucho, a lo sumo varios meses. Pero resulta inevitable la siguiente interrogante: ¿Por qué semejante revuelo de los medios oficialistas si la operación no era inminente?

En primer término hay que tener en cuenta que el castrismo necesita entretener a la población para que las personas olviden, aunque sea por un momento, el calvario que soportan en su vida cotidiana. Al propio tiempo, los gobernantes de la Isla se hallan a la caza de cualquier chivo expiatorio que les permita encubrir sus fracasos.

Al parecer, ya no les basta el “bloqueo” de Estados Unidos, ni los efectos de la pandemia del coronavirus, ni las acciones de los coleros y revendedores en las tiendas estatales. Ahora dejaban entrever que la doble circulación monetaria y cambiaria tiene su cuota de responsabilidad en las penurias que sufre el país. Y, sobre todo, que la situación mejorará cuando salga de la circulación el “malvado” CUC.

Es probable que la cúpula del poder, entre tanto se decidan a acometer por fin la tan cacareada unificación, les vayan encomendando a sus tanques pensantes la identificación de otro “enemigo interno” una vez desaparecida la dualidad monetaria y cambiaria.

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El fin del CUC y lo que se avecina para los cubanos

doble moneda CUC peso convertible dólar dólares unificación monetaria
(foto: AFP)

LA HABANA, Cuba. – Los rumores acerca de la pronta unificación monetaria ganan mayor veracidad en la medida que se amplía el comercio en divisas mediante las tiendas MLC, mientras en el mercado subterráneo la moneda estadounidense mantiene una tasa de 1.50 CUC por cada dólar. La medida, tan ansiada como temida por los nacionales, vendría acompañada de otras normativas diseñadas para contener, probablemente sin éxito, la inevitable inflación; además de quitarle más responsabilidades al Estado en lo concerniente al tema de los subsidios.

CubaNet tuvo acceso a información sobre la aplicación de algunas de esas medidas en el venidero trimestre. Aunque las autoridades mantienen en silencio y “en estudio” todo lo relacionado a este particular, los datos obtenidos se ajustan a lo publicado en esta página el pasado 25 de agosto, y también al actual contexto de emergencia para intentar paliar la crisis sanitaria y económica que mantiene al país en números rojos.

YSP · WhatsApp Audio 2020 – 09 – 04 At 3.38.03 PM (online – Audio – Converter.com)

Se espera que en los próximos seis meses los cubanos puedan cambiar en CADECAS y bancos todo el efectivo en moneda CUC, de acuerdo a la tasa vigente de 24×1. Pasado ese período, el chavito quedaría devaluado a razón de 20 pesos por CUC, y los vueltos en todas las tiendas recaudadoras de divisas (TRD) serían en moneda nacional, algo que desde hace un tiempo se aplica en algunos establecimientos comerciales de la capital.

Los salarios tendrían un nuevo aumento en proporción al incremento en el costo de los productos que se adquieren por la libreta de abastecimiento, debido a que los subsidios desaparecerán excepto en casos y bienes específicos. Con el nuevo reordenamiento de precios, salarios y tasas de cambio, se maneja que el monto total de la canasta básica sin subsidiar ascendería a poco más de 1500 pesos, aunque hasta el momento no se ha precisado qué otros productos serán incluidos en la cartilla para justificar el pago de una suma tan elevada.

El salario mínimo, por consiguiente, no podría ser inferior al costo de la canasta básica y no habría límites en cuanto a la cantidad de dinero a devengar por los trabajadores estatales que laboren en empresas eficientes. Como parte de la nueva política de incentivos para aumentar la productividad, las empresas tendrían la potestad de pagar el rendimiento de los empleados con sus propias utilidades y distribuirles en ciclos trimestrales el remanente de las mismas, una vez liquidadas las cuotas fiscales obligatorias.

Por tanto, quedaría eliminado el concepto de “estímulo” mensual, innecesario una vez que se modifique la escala salarial sin límite de ganancia; y se mantendría el impuesto sobre los ingresos personales para cualquier trabajador que reciba más de tres mil pesos al mes. El dinero descontado sería incluido en el presupuesto del Estado.

En el ámbito académico los aumentos se verificarían de conformidad con el grado científico. Se espera que un Licenciado cobre 400 pesos sobre su salario por concepto de categoría, y un Máster en Ciencias 800 pesos. A ello se añadirían ajustes relacionados con la categoría docente; pero no se precisa si otras cargas laborales (impartición de conferencias, participación en tribunales académicos, tutorías de tesis, revisión de exámenes de ingreso) también serían remuneradas o continuarían siendo gratuitas, para disgusto de los profesores.

La contraparte a esta alentadora relación esfuerzo-salario sería el alza brutal en los precios, que prácticamente mantendría incólume la actual desproporción entre el costo de la vida y el bajo poder adquisitivo de la moneda nacional, sobre todo si se toma en consideración que casi ninguna empresa estatal funciona de manera eficiente.

De ser finalmente aprobado, el paquete de medidas supondría enormes desafíos para el sector empresarial cubano siempre corto de recursos, personal idóneo y capacidad inversionista. Propiciaría otro nivel de desigualdad salarial entre quienes trabajen en entidades rentables y los que pertenezcan a instituciones subsidiadas, impedidas de autogestionarse fuera del férreo control estatal.

Con todo y lo funesto que ha sido el año 2020, lo que se avecina para 2021 no luce mucho mejor. La pandemia seguirá un tiempo más entre nosotros y lo que el castrismo tenía pensado hacer sin prisas pero sin pausas, ahora deberá ejecutarlo a grandes trancos en un escenario totalmente adverso. Para los cubanos sigue siendo necesidad primordial la unificación de la moneda, al menos para tener una visión coherente de la economía del país y ocuparse por entero de lo único que importa desde hace meses: conseguir dólares a como dé lugar.

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El vilipendiado peso cubano

Cuba, Dólares, CUC

Peso cubano, CUC y dólares estadounidenses (Foto: tomada de Periódico Cubano)

LA HABANA, Cuba. – Durante semanas, los medios oficiales se refirieron a la unificación monetaria con predicciones de su inminencia, criterios de expertos acerca de la imposibilidad de realizarla en la actualidad y opiniones favorables de la población, interesada en evitar los engorrosos cambios de moneda.

En Cuba nada ocurre ni se publica sin la anuencia del Partido Comunista,  y muy pocas personas osan opinar públicamente sin ella. El tema se convirtió en una escenificación sobre la disposición del Gobierno a escuchar a los especialistas y una preparación psicológica  para los cubanos. 

La unificación monetaria y de las tasas de cambio para las empresas sería la posible solución para incentivar el aumento de la producción y las exportaciones, y debería ser la primera etapa. Las empresas tienen varias tasas de cambio, desde 1 dólar = 1 CUC, lo cual desincentiva las exportaciones y otras actividades. La aplicación para la población podría ahondar la precariedad del poder adquisitivo, el incremento de los precios y la desafección política, debido a la creciente escasez de productos de primera necesidad, que el Gobierno asegura no poder solucionar por su falta de liquidez. 

En medio de la angustia y los seis meses de encierro más o menos estricto provocados por la pandemia de coronavirus, solo queda sumar que las grandes dificultades resultantes de la unificación echarían más leña al fuego. 

Las recomendaciones de expertos sobre la postergación servirían para justificar no cumplir las directivas sobre su implantación antes del Congreso del Partido en 2021, precisamente por la tensa situación económica y social existente. Los Lineamientos elaborados durante el ejercicio presidencial de Raúl Castro fijaron como prioridad concluir el proceso de unificación monetaria y cambiaria para esa fecha. Luego, Díaz-Canel aseguró que el ordenamiento monetario se encontraba en fase avanzada de estudio y aprobación, lo que incluía la elaboración de las normas jurídicas, la organización y ejecución de los procesos de capacitación, aseguramiento político y comunicación social, durante la sesión de la Asamblea Nacional de diciembre pasado. Asimismo, confirmó que el proceso abarca aspectos estrechamente interrelacionados que tendrían impacto en toda la sociedad, y serían aplicados con la secuencia prevista, minimizando los efectos en la población, al tiempo que reiteró las garantías a los depósitos bancarios en divisas extranjeras, pesos convertibles, pesos cubanos y el efectivo en manos de la población.

Durante las crisis cíclicas de la economía cubana, el Gobierno ha adoptado medidas coincidentes: al comienzo del Período Especial por la pérdida de las subvenciones de la Unión Soviética y sus aliados, y actualmente para colectar el dólar en poder de la población.

En 1993 se despenalizó el uso y tenencia del dólar para los cubanos, cuando muchos aún cumplían condenas de cárcel, y se abrieron las tiendas recaudadoras de divisas (TRD), donde se compraba directamente en dólares. En diciembre 1994 se introdujo el Peso Convertible (CUC) para las transacciones en las TRD, paralelamente con el dólar. En 2003 se retiró el dólar de la circulación en el sector empresarial y en 2004 para la población, como medio de pago. Desde entonces en la comercialización han coexistido el peso cubano (CUP) y el peso convertible CUC, o sea la dualidad monetaria.

La Resolución No.19/2014, emitida por el Ministerio de Finanzas y Precios, detalló las medidas financieras y contables que entrarían en vigor antes de la unificación monetaria, así como los procedimientos y normas a partir del denominado “día cero”. El general Raúl Castro dijo en 2017: “Debo reconocer que este asunto nos ha tomado demasiado tiempo y no puede dilatarse más su solución”.

Actualmente la doble moneda, CUC y CUP, se deprecia aceleradamente en el mercado informal, igual que en la década de 1990 cuando un dólar equivalía a 150 pesos (CUP). Ahora, con la apertura de las tiendas en  Moneda Libremente Convertible (MLC) el dólar resulta aún más apreciado por la población (que podría adquirir, si lo permiten sus remesas, los artículos altamente deficitarios) y por el Gobierno (que recolecta el billete verde llegado a través de remesas y otros medios).

La unificación monetaria y cambiaria es necesaria, pero tiene que ser precedida y acompañada de otros cambios en la conducción económica y productiva de la nación, algunos incluidos en la Constitución y los Lineamientos, pero han sido limitados, revertidos o postergados. Esos y otros más fueron expuestos constructivamente durante años por el economista Oscar Espinosa Chepe: por eso lo castigaron como “contrarrevolucionario” y finalmente lo condenaron a 20 años de cárcel. Yo fui expulsada de mi centro de trabajo por no reconocerlo como tal. Lamentablemente, algunos de los eminentes economistas que opinan hoy coincidían con muchos de sus análisis y recomendaciones, pero prefirieron callar y darle la espalda para no perder sus posiciones.  

Las modificaciones radicales en la agricultura, el libre ejercicio del trabajo privado y la legalización de micro, pequeñas y medianas empresas, deberían anteceder a la unificación monetaria para la población, a fin de propiciarle los medios para afrontar la devaluación de la moneda y adquirir los bienes y servicios para mejorar la calidad de vida.

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Cuba, la unificación monetaria y el “horizonte” como destino

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La economía cubana y la dualidad monetaria. (foto: AFP)

LA HABANA, Cuba. – Una nota recientemente publicada por la prensa oficial cubana, vuelve sobre el repetido y hasta ahora no resuelto tema de la unificación monetaria, a través de una entrevista realizada por su autora a varios especialistas del Banco Central de Cuba.

Dichos funcionarios coincidieron en la importancia de la unificación monetaria y cambiaria como una “condición necesaria, aunque no suficiente, para reordenar y actualizar la economía nacional” y ofrecieron su visión sobre los orígenes de la dualidad monetaria y sus antecedentes históricos, con una explicación acerca de cuál sería el entorno económico ideal del país para que (finalmente) el dinero cumpla sus funciones.

Sería ocioso repetir lo dicho por los expertos, funcionarios gubernamentales a fin de cuentas, cuyo discurso en nada difiere de las incontables explicaciones vertidas sobre este controversial asunto desde que, en 2011, el entonces General-Presidente tuvo una epifanía y declaró que era hora de unificar las dos monedas nacionales. Casi diez años después todavía no se ha consumado el milagro.

Cabría esperar que estos altos burócratas de las arcas nacionales, protagonistas de la nota de referencia, nos hubieran ofrecido algún avance sobre las estrategias de soluciones que —supuestamente— se están aplicando para cortar el nudo gordiano de la dualidad monetaria y cambiaria. O, como mínimo, debieron aclarar en qué punto estamos en los pasos y etapas que supuestamente se planearon en los “Lineamientos” se estarían dando para hacer posible (si es que lo fuera) la tan esperada unificación.

Se hubiera agradecido un poco de luz en medio de una realidad tan confusa y oscura que las monedas —lejos de unificarse— se siguen diversificando. La reciente irrupción de las divisas extranjeras en el sistema de comercio nacional multiplica las distorsiones, profundizando la devaluación de las monedas cubanas, robusteciendo el mercado negro cambiario y reforzando las ya grandes brechas sociales existentes entre los sectores más empobrecidos y sin acceso a las divisas, y los “privilegiados” que cuentan con alguna fuente de ingresos en moneda extranjera.

Es decir, que al día de hoy lo más lesivo a nivel social, más allá de la cosa financiera, no es ya el viejo problema de la existencia de dos monedas, sino la coexistencia de dos tipos de monedas: por un lado, las nativas (CUP y CUC), con presencia física en el deprimido comercio nacional, sin valor real y sin respaldo financiero, un triste remedo de las antiguas fichas de central azucarero de herencia colonial; y por otro, las divisas extranjeras, con valor real pero con presencia solo virtual (dolarización solapada), y privilegiadas dentro del propio sistema de comercio nacional (apartheid comercial) con la habilitación de mercados destinados exclusivamente a quienes tienen acceso a ellas a través de tarjetas magnéticas ancladas a cuentas bancarias en moneda libremente convertible.

Obviamente, aunque es inobjetable la urgencia de captar divisas, lo cual —según declaran los expertos vernáculos— teóricamente debería contribuir a acelerar la unificación monetaria, en la práctica éste sería un proceso extremadamente largo debido a la crisis económica interna agravada por la severa crisis económica global actual relacionada con la pandemia de la COVID-19) y a la vez con un costo social impredecible, teniendo en cuenta la crispación al interior de la Isla, el creciente descontento, el incremento de las medidas represivas y los controles policiales y parapoliciales, y el evidente distanciamiento entre “gobierno” y “gobernados”.

Resulta, entonces, bastante improbable —por decir un adjetivo amable— que en medio de semejante tormenta se puedan “sanear las finanzas internas” y “crear un entorno ideal para que el dinero cubano cumpla sus funciones”. Salvo que los jerarcas tengan algún as bajo la manga, lo cual jamás ha sido favorable para el común de los cubanos.

Pese a todo esto, y a propósito de la soñada unificación monetaria, Karina Cruz Simón, especialista de la Dirección de Estudios Económicos expuso premisas que a la luz de la situación actual constituyen puras quimeras. La “clave”, plantea la experta, es estabilizar la moneda nacional, lo cual se logra, entre otros factores, “garantizando que los procesos de emisión de dinero se correspondan con la evolución de la economía real o productiva”.

Lo que no menciona esta funcionaria es cómo cree que se pueda realizar semejante sortilegio. Como si no se hubiera comprobado suficientemente a lo largo de todo el experimento castrista que una economía “real o productiva” requiere de manera imperativa impulsar sin más demora una transformación profunda de las relaciones de propiedad en Cuba: otra distorsión igualmente compleja y de larga data que comenzó desde los albores mismos de la llamada revolución y ha sido la base del desastre económico nacional.

Lograr ese “escenario favorable para que el peso cubano pueda cumplir con sus funciones y se logren preservar los equilibrios macroeconómicos” no depende solo (ni mágicamente) de los factores que mencionó Cruz Simón y que también resultan inalcanzables si Cuba no se abre a la economía de mercado y si, simultáneamente, no se reconocen los derechos económicos, políticos y sociales de sus ciudadanos para que participen como protagonistas y no como rehenes en el nuevo escenario económico.

El obstáculo fundamental para avanzar en las dos caras de la necesaria unificación y revalorización de la moneda nacional —economía y finanzas— es el obsoleto y demostradamente fallido principio de “planificación general de la economía”, que es el nuevo eufemismo para referirse a una economía centralizada.

En realidad, todas las propuestas “renovadoras” lanzadas hasta el momento por el Poder político en aras de “echar a andar la economía” solo tienden a blindar ese centralismo estatal fracasado y a perpetuar al mismo poder en sus privilegios. Y es esa tozudez la que impide en primer término el avance de la economía y, en última instancia, hacer posible la unificación monetaria. Cuando se han vivido 60 años de totalitarismo y descalabros económicos ininterrumpidos no es preciso ser un especialista en la materia para entenderlo así.

Pero, para no pecar de injustos, habrá que reconocerles alguna coherencia. Ya el propio título de la nota de Granma lo anunciaba sin afeites: la unificación monetaria de Cuba está “en el horizonte” … Y es sabido que el horizonte es una línea imaginaria e inalcanzable. Es en esa línea donde siempre ha situado el Poder todas sus promesas de prosperidad, y allá siguen nuestros destinos. Al menos en eso nunca nos han mentido.

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Unificación monetaria: en sus marcas, listos…

Cuba; Dólar; Gravamen; Granma autos economía crisis

Cuba; Dólar; Gravamen; Granma autos economía crisis
(Foto: 14ymedio)

LA HABANA, Cuba. – Manolito es un pintor de autos que lleva algún tiempo guardando CUC para comprarse un carro (claro está, de los que llevan años rodando) y está preocupado porque leyó en la prensa que la unificación monetaria esta próxima a consolidarse. “Y es que aquí no se puede hacer planes, porque vivimos con mucha incertidumbre. Hoy es una cosa y mañana, otra”, se queja. Hubo un momento en que pensó cambiar los CUC por pesos (CUP), pero ahora opina que lo mejor es cambiarlos por dólares, “moneda dura”, pues, aunque tenga que perder algo en el cambio, su dinero estará seguro. Pero se le hace difícil conseguirlos, porque los que viajan están detrás de ellos.

A finales de 2019, sin previo aviso ni dar explicaciones a la población, cerraron las Casas de Cambio (CADECA) con lo cual afectaron a muchos jubilados que cobraban en ellas –uno de los servicios que prestaban estas a la población, que hoy tiene que hacer largas colas en los bancos–. Al mismo tiempo se inició el experimento de dar el vuelto en CUP en dos tiendas capitalinas. En el mismo periódico se informa: “En un comunicado reciente del Banco Central de Cuba (BCC) se afirma, como parte de las medidas de ordenamiento monetario, que lleva a cabo el país, se decidió iniciar el experimento de los cambios en pesos cubanos (CUP) en dos unidades de dicha red de comercio minorista”. Así comenzaron las especulaciones y la desconfianza se apoderó de la población. Los que compraban y cambiaban CUC “por fuera” dejaron de hacerlo. Al mismo tiempo, algunos particulares dejaron de aceptar pagos en CUC, otros trataban de cancelar o sacar los CUC de sus cuentas bancarias, y no han sido pocos los que han invertido sus ahorros ante el temor de perderlos en un cambio desfavorable. Me comentaba una empleada de la Western Union que la entrada de remesas por esta vía ha mermado, aun durante el fin de año. Y es que los cubanos del exilio, ante la inestabilidad de estos últimos meses, utilizan otras vías para enviar ayuda a su familia.

Cuando se acabaron los socios (países socialistas de Europa del Este) a Fidel Castro no le quedó más remedio que despenalizar el dólar –el dinero de sus enemigos–. Esa fue para él una gran derrota frente al imperialismo. Ahora necesitaba de los cubanos en el exilio para poder “insertarse en el nuevo contexto de la economía internacional”. Para ello, además, legalizaron el envío de remesas familiares y fueron creando toda una estructura para la dualidad monetaria, como las mencionadas casas de cambio de moneda extranjera, tiendas recaudadoras de divisas, cuentas de ahorro en divisas y estímulos en divisas en determinados centros de trabajo. A pesar de todo esto, el paso de los años demostró que el sistema socialista no funciona.

En los últimos años, Venezuela con su petróleo apuntaló en algo la endeble economía cubana. Pero cuando se acabó esa ayuda, quedó al descubierto la aguda crisis económica. Como en el período especial, los comunistas acuden a la comunidad cubana en el exterior, esta vez con una ingeniosa y cruel forma de aprovecharse de las necesidades de sus familiares en Cuba para sacarles los dólares –hablan de “captar divisas para la economía”–: la venta de artículos electrónicos, automotrices e informáticos –nunca alimentos–, exclusivamente a través de tarjetas internacionales VISA y Mastercard (siempre y cuando no sean emitidas por bancos estadounidenses). Sirven también las tarjetas emitidas por bancos comerciales cubanos y por FINCIMEX. Los depósitos sólo se admiten en moneda libremente convertible (MLC). Y si es en dólares americanos, se roban el 10 %.

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El régimen se alarma: teme el caos tras la desaparición del CUC

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(foto: DCubanos)

LA HABANA, Cuba. – Uno de los miedos que al parecer teme enfrentar el gobierno cubano si decretara de súbito la eliminación del peso cubano convertible (CUC) es el descontento popular debido al impacto psicológico que provocarían las cifras altísimas de los precios al ser traducidos a pesos cubanos no respaldados en divisas o CUP.

Hay demasiadas insatisfacciones acumuladas para sumar una más a la actual situación política que pudiera tornase peligrosa, de modo que el temor es más que una suposición.

La prueba es que ya ha ido ensayando con algunas variantes desde hace algún tiempo como esa de obligar a determinados establecimientos estatales a aceptar el CUP, incluso a homologar los precios de los productos en exhibición, o la más reciente de procurar, en un par de comercios de la capital, los vueltos de los pagos en CUC en “moneda nacional”, que es como llamamos al peso de toda la vida para diferenciarlo de esa otra moneda, también “nacional”, pero que ni siquiera los bancos consideran como tal. Tengamos en cuenta que hoy cualquier transacción en ventanilla con CUC debe hacerse en aquellas habilitadas para “monedas extranjeras”, una de las tantas “curiosidades” de la economía cubana.

Pero la presencia de ese CUC del que hoy todos nos deshacemos, al menos ha servido para disimular un tanto el desequilibrio más que dramático entre salarios estatales y precios de productos y servicios, aun cuando buena parte de Cuba no puede acceder a estos a no ser para adquirir cosas esenciales (ni siquiera básicas), aunque bajo enormes sacrificios en la economía personal.

Todavía con el CUC en circulación algunas personas pueden pensar “esto o aquello me costó un pesito”, cuando en realidad están hablando de 25 pesos cubanos, es decir, mucho más de lo que ganaría como salario en una jornada laboral de ocho horas, que a veces se extiende a dos o tres más por esas “dificultades” de la vida diaria en el socialismo que ya conocemos: transporte pésimo, cortes de electricidad, guardias obreras e incluso extremismos de los jefes que de vez en cuanto gustan de “medir” el “compromiso ideológico” de los trabajadores, pero eso es otro tema.

Lo cierto es que al desaparecer el CUC se van con él, al menos, las fantasías de, primero, creer que tenemos dinero en el bolsillo cuando jamás pasó de ser un bono y, segundo, el espejismo de que las cosas no están mucho más caras que “afuera” donde más o menos cuestan lo mismo.

Quizás por eso aún nadie se decide por declarar una fecha límite, pero ya es más evidente que tienen pensado hacerlo de un momento a otro, aunque evitando ser demasiado aguafiestas dejarán pasar las celebraciones de fin de año para, en las primeras semanas del 2020, anunciar el ultimátum al CUC que, sin dudas, tendrá que llegar acompañado de otras medidas relacionadas con los salarios al sector no presupuestado que ayuden a minimizar los efectos psicológicos del “día posterior”.

Algunas fuentes consultadas de manera anónima, relacionadas directamente con el proceso de implementación de los llamados “Lineamientos económicos”, confirman que ya se encuentra todo listo para la definitiva salida de circulación del CUC en el primer semestre del año venidero y que, acompañando este proceso, llegarán nuevas reformas salariales, como resultado de estudios que establecen la necesidad de fijar el salario mínimo mensual por encima de los mil 500 pesos cubanos (menos de 60 dólares estadounidenses de acuerdo con el cambio actual en la calle) así como un tope máximo de 10 mil (por debajo de los 400 USD) para las empresas estatales que han adoptado la forma de “pago por resultados”.

Tal medida, de acuerdo con las fuentes consultadas, probablemente repercuta además en la elevación de las pensiones en cerca del 50 por ciento o un poco más del valor actual, también incluiría la eliminación de otras formas de pago asociadas a los salarios estatales como esas que consideran las condiciones anormales en el desempeño de las labores o el pago extra de estipendios diarios ‒como los del almuerzo‒, o anuales ‒para la adquisición de vestuario, por ejemplo‒, cuestiones que estarían integradas en ese incremento salarial que, supuestamente, perseguiría elevar el poder adquisitivo de los trabajadores estatales del sector no presupuestado, quienes quedaron fuera de la reforma más reciente del 2019, a pesar de estar ligados directamente a la producción, la venta y exportación de bienes y servicios. Otra curiosidad más de la economía de Cuba.

Sin embargo, igual que ha sucedido con el CUC cuyo “deceso” se ha venido anunciando desde hace más de un quinquenio, no solo ha quedado toda esa información sobre los “cambios futuros” para conocimiento de unos pocos sino que ni siquiera se habla de fechas, sino de “intenciones para 2020” que, sin dudas, será uno de los años más difíciles para el régimen de La Habana con la lluvia de medidas en su contra por parte del gobierno de los Estados Unidos, así con el debilitamiento y desaparición de los principales aliados en la región, como son los casos de Venezuela, Bolivia, Brasil y Ecuador.

El trauma masivo que provocará la desaparición del CUC cuando las personas deban darse de frente con la cruda verdad de lo que en realidad reciben como salario (incluso como remesas en aquellos casos en que no son regulares ni estables en su valor), así como las empresas estatales descubran en números reales su indiscutible ineficiencia, es bien previsible y el gobierno cubano deberá resolver lo más pronto posible cómo habrá de controlar la situación ya no para evitar el caos sino para que no se acerque demasiado rápido a sus niveles críticos.

Algunos entre los pocos que han alcanzado a conocer los planes de reforma salarial y de pensiones para 2020 se muestran entusiasmados, igual que lo hicieron en su momento cuando por vez primera se habló oficialmente de eliminar la dualidad monetaria y cambiaria pero ahora la felicidad va mezclada con esa dosis de frustración que les ha impregnado una espera tan prolongada.

A otros, probablemente la mayoría, pienso en algunos economistas de prestigio dentro del ámbito académico cubano, les preocupa de dónde saldrá el dinero necesario para sostener tales reformas, más cuando las principales figuras del gobierno han reconocido públicamente que Cuba atraviesa por una crisis de liquidez, han disminuido los contratos para la exportación de servicios médicos, la temporada alta del turismo va camino al abismo y no se alcanzan los niveles de producción y exportación necesarios para que se eleve la curva de ingresos por sobre la de gastos.

Sin dudas, uno de los más complicados acertijos con los que habrá de comenzar el año nuevo si en verdad llegara a cumplirse lo que tanto se ha dicho al menos para ese exclusivo grupo de “informados” o “privilegiados de la información”.

Unos planes a futuro inmediato que serían magnífica noticia para quienes piensan que una subida de salario en una moneda sin respaldo real es la mejor solución para la vida de penurias que enfrenta cualquier cubano o cubana que vive exclusivamente de sus ingresos como trabajador estatal pero que en realidad pudiera ser el preámbulo de otra (u otras) crisis de la que ‒tal como sucede hoy con el CUC‒ habremos de lamentarnos dentro de cinco o diez años, si es que el régimen sobrevive a tal nivel de descontento popular.

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